Secreta Obsesión (Sangre bajo el hielo 2) CAPITULO 11
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CAPITULO 11

Si todo fuese fácil, nunca serías mejor.

Toronto, marzo.

—¡Se desmayó! —susurro por lo bajo en dirección a Logan, con los ojos agrandados y el corazón acelerado.

Apenas puedo soportar esta angustia. Y sí, sé que me preparé mentalmente durante años para un momento como este, porque sabía que podría ocurrir tarde o temprano.

Lo ensayé junto a Logan durante muchos días, lo hice partícipe de mi rabia, de mi tristeza, del rencor que me consumía, pero jamás hubiera podido pronosticar la reacción de mi corazón al ver a Sterling desvanecerse de la impresión justo delante de mí.

¡¿Creía que estaba muerta?! Menudo mentiroso, menudo nivel de desvergüenza y menuda desfachatez, aunque supongo que tiene sentido cuando matarme fue precisamente lo que hizo hace siete años. Me destrozó, lo jodió todo, él fue mi único asesino.

—Se recuperará. Es un puto blandengue dramático. No puedo creer que hayas estado enamorada de eso.

Eso. Sé que a Logan no le agrada Sterling, y sé que gran parte de eso es por lo que me hizo, pero algo dentro de mí duele cuando se refiere a él de forma despectiva.

—Sterling. —Martina, la chica de cabello rizado y color miel, pasa delante de su nariz un algodón empapado en alcohol mientras un montón de jugadores de hockey profesionales se aglomeran en nuestra habitación de invitados.

Tengo todo el cuerpo entumecido por los nervios, me muerdo las uñas y, tal nivel de ansiedad se transforma en una sensación física, en un dolor imposible de disipar.

—¿Por qué no se despierta? ¿Quizá he ido demasiado lejos? ¿Quizá lo ha matado la impresión? —pregunto a Logan por lo bajo y este esboza una sonrisa lobuna.

—Te dije que lo matarías, pero era lo que querías, ¿no?

¿No?

¡No!

En todo caso era lo que Logan quería y he sido lo suficientemente estúpida como para salir de mi escondite seguro y dejarme llevar por sus intrigas.

—Está viva. —Sterling mueve la cabeza de un lado a otro y farfulla esa y otras palabras apenas inentendibles en medio de una confusión febril mientras se despierta y abandona, poco a poco, el trance en el que se encuentra—. Ella, mi florecilla, ¡está viva!

Se sienta de golpe en la cama y descubre que todos lo miran. Sus ojos recorren la estancia hasta que me encuentran y se centran del todo en mí. Me desarma y lo odio. Odio el poder que, aún después de todo, tiene sobre mí.

La oscuridad se adueña de sus pupilas dilatadas, sus labios se entreabren y mi corazón, débil ante su presencia, late aún más deprisa.

¡¿De verdad creía que estaba muerta?! No, él mejor que nadie sabe lo que hizo, sabe que escogió el camino fácil, el que todos los que me rodeaban escogían para conmigo: convertirme en un fantasma, en alguien roto, invisible e inexistente.

Me tiembla la garganta y mis ojos amenazan con llenarse de lágrimas, pero las parpadeo y lucho para recomponerme a tiempo.

Ya no soy la Maddox a la que él pudo tratar así, me reconstruí, soy visible y estoy aquí esta noche siguiendo el plan descabellado del pirado de Logan porque quiero que él se de cuenta.

Me armo de un valor que no siento y adopto una mueca de suficiencia. Entonces noto como la mano de Logan rodea la mía y los ojos de Sterling no dejan escapar ese detalle.

El chico al que amaba, el que llevo cuatro años observando desde lejos hacer su vida, ser feliz, sonreír a todo el mundo y follar como si yo no hubiera existido, se pone de pie de un salto y corre en mi dirección.

Se escucha un jadeo de preocupación colectivo cuando se tambalea, pero Declan se coloca a su flanco y lo ayuda a estabilizarse.

Entonces, llega hasta mí y empuña la mano que tengo libre, la eleva, la analiza con atención y parece igual de sorprendido mientras se le escapan las lágrimas.

—No toques a mi esposa —ruge Logan y levanta nuestras manos entrelazadas para mostrárselas a Sterling. Este las analiza y parece derretir con los ojos nuestras alianzas.

Logan intenta dar un paso adelante al ver la forma en la que a Sterling le afecta, pero su paso se queda en la nada cuando Sterling se gira y lo tumba de un solo puñetazo.

Chillo por la sorpresa, pero soy incapaz de reaccionar a tiempo o de resistir su fuerza porque me agarra por la cintura, me eleva del suelo y carga conmigo en dirección al baño.

Nadie nos sigue ni le impide el paso y me parece raro, hasta que descubro la intervención de sus cuatro amigos mientras le hacen de barrera.

Él está entre ellos, su sicario, el que envió a dispararme una bala directa al corazón aquella noche mientras yo lo esperaba.

Todavía son amigos inseparables después de tanto tiempo, son un equipo, uno tan fuerte que logra paralizar a todos los demás como me paralizaron a mí hace siete años.

El baño de la habitación de invitados es su lugar elegido para secuestrarme. Me lanza dentro y, apenas aterrizo de pie, pone el pestillo a la puerta y se posa delante de ella mientras me disecciona con la mirada.

—¿Por qué? ¿Cómo, Maddox? ¿Cómo es que estás viva?

Quiero golpearlo.

El nivel de rabia, mezclada con impotencia, amenaza con desbordarse y apenas puedo respirar, pero tengo que ser fuerte, tengo que demostrarle que, a pesar de que matarme era lo que pretendía, sigo vivita y coleando.

Mi primera opción era no enfrentarlo cuando estoy en evidente desventaja, pero la rabia bulle por mi cuerpo al escuchar esa pregunta y… ¡qué le den!

—¿Por qué iba a estar muerta?

—Maddox. —Su voz es un suspiro de alivio que se corta en cada sílaba. Una descarga de emociones, como si le importara poder escuchar una respuesta, poder decir mi nombre en alto, y no lo entiendo.

Si él fuera el hombre que fingía ser, podría creer que, en realidad, sí que acaba de darse cuenta de que soy yo, que estoy viva, que soy de carne y hueso y no un cadáver o un truco de su imaginación, o incluso de Logan. Creería que eso lo hace feliz. Pero sé que no es el caso.

El hombre hecho y derecho delante de mí da dos pasos adelante y sus manos me rodean la cintura y me elevan en el aire, como solía hacer siempre que nos veíamos e interpretaba su papel para mí.

No me resisto porque ya estoy preparada para ese tipo de falsedad.

Mi cuerpo reconoce su composición, aunque ahora parece más alto y con músculos mucho más desarrollados y definidos, pero no permito que se amolde al suyo, me quedo rígida ante él y entrecierro la mirada.

—No me toques, no tienes permitido tocarme.

—¿No tengo permitido tocarte? —bisbisea y noto un atisbo de rabia e indignación debajo de esa pregunta—. ¿Qué cojones pasa? ¿Por qué tienes esa actitud después de haber desaparecido durante siete años? ¿Por qué lo hiciste, Maddox? ¿Te escondías de mí?

Su retahíla de preguntas me apabulla los sentidos, pero me indigna mucho más. Es increíble la forma en la que finge, le sale natural, como si de verdad le importara cual ha sido mi paradero mientras que él no ha parado de divertirse.

—Deja de fingir, pedazo de mierda.

—¿Fin…? ¿Cómo me has llamado?

Se le escapa el color y la fuerza del cuerpo, su agarre flaquea y logro liberarme. Doy un par de pasos atrás y me choco con la mampara de la ducha, solo para alejarme un poco de él, de sus ojos preciosos, de su bonito cabello, de su piel y de lo mucho que todavía me afecta.

—Hice lo que querías que hiciera, Sterling, cumplí con mi parte y desaparecí, pero ya no soy aquella chica a la que quisiste ver muerta...

—Espera, ¿qué? —me interrumpe y, si no tuviera tan claro que miente, todo mi coraje se iría a la basura—. ¿De qué hablas?

—No voy a esconderme más.

—¡¿Por qué te escondías?!

—Sabes lo que hiciste. —Pongo los ojos en blanco sin poder evitarlo y él da un paso atrás con el rostro desencajado.

—¡¿Qué coño se supone que sé, Maddox?! Yo…

sé que te dejé allí, hice mal, lo entiendo, pero…

—se sujeta la cabeza con ambas manos, tiembla y gesticula, perdido en sus propios pensamientos, confuso y dolido—.

¡¿Sabes lo mal que lo he pasado todo este tiempo a costa de esa decisión y de lo a lo que creía que te había empujado?

! —Se señala a sí mismo con un gesto de dolor que me desgarra—. ¡Creía que estabas muerta, Madds!

Mi fachada decae un poco, sin que pueda evitarlo, al ver la pena y la desesperación en su rostro tribulado. Decae solo el par de segundos que tardo en recordarme a mí misma que eso es lo que mejor se le da, fingir, en ello es incluso mejor que en el hockey.

—¿Cómo has podido hacerme esto durante siete años? —solloza y me muerdo el labio superior para reprimir las lágrimas.

No.

No puedes caer en su trampa, Maddox, en sus mentiras. Antes de conocerlo habías dominado esa debilidad y después de lo que hizo volviste a lograrlo, así que no es momento de ser una imbécil, caer de nuevo en sus redes y perder todo aquello en lo que tanto te ha costado convertirte.

—Entiendo que creyeras que estaba muerta ya que fuiste tú quien me mató. —Se le expande la mirada y le resbalan las lágrimas por las mejillas.

Claro que me mató, joder, aunque envió a otra persona para que apretara el gatillo.

—Madds, lo siento mucho. No me di cuenta, no pensé en la repercusión del daño que te hacía hasta que volví a por ti y vi que no estabas…

—Apártate y déjame salir —le ordeno e intento embestirlo con todas mis fuerzas.

He entrenado los últimos tres años, sé que le hago daño con la forma en que lo empujo, pero no quiero escuchar sus estúpidas excusas.

—Florecilla, por favor…

—¡No me llames así! Me importan una mierda tus excusas, Sterling.

—Lo sujeto por la camisa y su expresión se ensombrece—.

No estoy aquí para escucharte, estoy aquí para demostrarte que no tengo miedo, que soy visible y que yo también rompí nuestra promesa: me casé con otro, Sterling, me entregué a otro.

Sé mentir tan bien como tú lo hiciste… y ya no te pertenezco.