Secreta Obsesión (Sangre bajo el hielo 2) CAPITULO 10
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CAPITULO 10

Aprendí a perder mientras te miraba a los ojos.

Toronto, marzo.

La cena de convivencia del equipo es una vez cada tres meses, suele ser algo divertido e informal que hacemos en una casa diferente en cada ocasión, para confraternizar como familia más que como solo compañeros.

Me encantan estas cenas, conocer las casas de los demás, su intimidad, sus familias, y probar su comida, esa que han comido mientras crecían y de la que se sienten más orgullosos.

Convivir con ese tipo de familia tradicional que yo nunca tuve.

También disfruto de jugar con sus hijos y me torturo a mí mismo al ver reflejado en ellos aquello que yo anhelaba y que nunca tendré.

He renunciado a esa posibilidad porque solo había una mujer en el mundo con la cual lo quería.

Cuando Maddox murió, también lo hicieron todos mis planes de futuro.

Para mi desgracia, la cena de hoy es algo que no me hará sentir mejor en absoluto.

Han cedido el honor trimestral al nuevo titular, y el muy hijo de la grandísima…

es decir, mi estupendo compañero, Logan Reese, no ha parado de provocarme, insinuar y restregarme gilipolleces por la cara como que él sí tiene una esposa que presentar a los demás.

De verdad que no entiendo cuál es su obsesión conmigo, ni el propósito oculto detrás de sus absurdeces, pero nuestra relación, o más bien la falta de ella, sigue en las mismas circunstancias y no parece haber esperanzas de que eso vaya a cambiar.

Lo he intentado, Dios, alá, Buda, o cualquier deidad en la que creas, lo sabe, incluso le hablé a Joseph sobre él y le pedí su consejo.

Todo el que conoce a Joseph sabe que su sabiduría es una puñetera eminencia, y de verdad que no quiero que la forma en la que ese cabrón me pica de resultado y termine por sacar lo peor de mí delante de mis compañeros, delante de mis fans.

Ya no soy esa persona, ser esa persona me trajo las peores consecuencias, la utilicé para deshacerme de los problemas por ella y por los chicos y, aún así, empeoré las cosas y la perdí.

—Debería irme.

La botella de vino cara que tengo en las manos de repente pesa una tonelada.

Estamos delante de una bonita casa en un barrio discreto y acogedor, y las palabras de Reese me arden en el pecho.

Sé que va a importarme una mierda con quien esté casado, aunque una parte de mí quiere descubrirlo, saber por qué le habló de mí, y pedirle que lo tranquilice para que pueda volver a centrarme en mi juego en lugar de en cuidarme las espaldas del hijo de puta acosador.

Pero otra tiene miedo de que, en efecto, me duela ver lo que él tiene, y no por la persona que lo acompañe, sino porque es algo que nunca podré tener.

—Tarde —farfulla Declan y me hace de barrera mientras presiona más cerca de sí a Martina y la aleja de la mirada inquisitiva de Lucien. Sé de inmediato que este último busca algún rastro de esa amiga rubia de Martina en ella.

—Estamos aquí contigo, Sterling —me asegura Martina y me da un par de palmadas en el hombro.

La miro con el ceño fruncido, porque ella mejor que nadie conoce mi verdad.

Es la psicóloga del equipo, unos servicios que jamás me planteé utilizar hasta que Declan se obsesionó con ella y la convirtió en una más de nosotros.

Es mi amiga, conoce lo que hicimos y, aún así, nos ayuda y nos acepta tal y como somos.

—Vamos a descubrir juntos con quién se ha casado este imbécil y por qué se siente amenazado por ti.

Suspiro despacio mientras veo como se abre la puerta.

El pecho se me oprime con una sensación pesada, como si se abrieran las puertas del infierno en lugar de las de un hogar, como si todo lo que se encuentra detrás de la madera estuviera a punto de quemarme vivo.

Vuelvo a sentir la imperiosa necesidad de marcharme y, entonces, la escucho.

Esa voz. Una voz muy reconocible, muy familiar que da la bienvenida a mis compañeros mientras pasan.

Se me acelera el pulso, se me agranda la mirada, pero pierdo cualquier tipo de visión y siento que me anclo en el suelo mientras todos y todo se mueve a mi alrededor.

Se convierte en una vorágine de imágenes y palabras de ella, como si me teletransportara al pasado.

«Te quiero, Star ».

Es la misma voz.

Nunca podría olvidarla.

—¿Te gusta mi entrada, estrellado?

No puedo girarme. Me duele el pecho. Odio a este jodido imbécil y odio la sola idea de parecer débil ante él, pero odio mucho más el hecho de que, sea quien sea la mujer con la que se haya casado, tenga una voz tan exacta a la de mi novia muerta.

No sé por qué mi cabeza me ha jugado esta mala pasada y ahora no puedo respirar debido al dolor que me produce la ausencia de Maddox.

—¿O es que no puedes sobreponerte a la voz de mi esposa?

Se me frunce el ceño por sí solo y me obligo a espabilar. Sacudo la cabeza con la esperanza de que eso ahuyente la neblina mental en la que me encuentro, y funciona de forma parcial. Miro a mi alrededor y me doy cuenta de que todos han entrado, todos, y que me he quedado a solas con la pareja.

Con Logan y su esposa a la que no me atrevo a mirar.

—Te lo dije, cariño. —Logan suelta una risa seca—. Te dije que lo matarías como él lo hizo contigo hace siete años.

Mi cuerpo se mueve antes de que pueda dar la orden.

Elevo la mirada por unas piernas pálidas, kilométricas y cubiertas de algunas pecas rojizas que recuerdo a la perfección.

Descubro un vestido corto de color verde oliva que se ajusta sobre unas delgadas y definidas curvas; se encoge en su cintura y se abulta alrededor de sus pechos.

Me deleito al ver un cabello anaranjado, que ahora luce largo y perfectamente liso, con el flequillo peinado hacia un lado en lugar del recto al que estaba acostumbrado y, aunque apenas respirar, me obligo a hacerlo, busco sus ojos azules y los encuentro, descubro unos agujeros negros que me tragan vivo mientras me absorben el alma y la botella de vino se me resbala de las manos, escucho el impacto y el sonido de los cristales, pero eso no me hace apartar la mirada.

Recuerdo cuando esos ojos me sonreían, cuando brillaban al verme, cuando lloraban porque nos teníamos que alejar. Ahora están entrecerrados y solo transmiten odio.

—Estás viva —musito por lo bajo.

Maddox está viva.

Mi Maddox.

Mierda. Creo que me voy a desmayar.

Es lo último que pienso antes de perder del todo las fuerzas y que todo se vuelva oscuridad.