Secreta Obsesión (Sangre bajo el hielo 2) CAPITULO 8
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CAPITULO 8

Y, de pronto, llegará alguien que baile contigo, aunque no le guste bailar.

Camino de un lado a otro, nerviosa, mientras me muerdo las uñas e intento reprimir la sonrisa que se me escapa por sí sola.

Siempre me pasa lo mismo cuando estoy a punto de ver a Sterling, no puedo reprimir mis emociones, no logro contener mi felicidad.

Dejo escapar el aire que contenía, inhalo con mayor fuerza y me toco el vientre en un intento absurdo de calmar las mariposas que revolotean sin parar y como unas jodidas desquiciadas.

Me besó.

No uno de esos picos largos y juguetones a los que me tiene acostumbrada, sino un beso de verdad, largo, profundo y con los labios abiertos.

Las sensaciones son tan fuertes que apenas puedo soportarlas.

Se me escapa un grito cuando alguien me abraza por la espalda, me acomoda sobre su pecho y me da un sonoro beso en el cabello. No hace falta que me gire para saber qué se trata de él, mi Star, mi chico, mi estrella.

—Estoy aquí, florecilla.

Intento girarme para darle la bienvenida, pero no me lo permite. El claro está iluminado por la luz de la luna llena y el brillo de algunas luces auxiliares del recinto que apenas llegan hasta aquí, pero es suficiente como para distinguir un poco del camino.

—Querías enseñarme un nuevo lugar, ¿no es así?

—Sí, pero también quiero ver tu máscara.

Una luz verde neón se enciende de repente e ilumina a nuestro alrededor. Sin que pueda evitarlo, el corazón me da un vuelco y me emociono.

—¿Qué te parece si corres hacia ese lugar mientras yo te persigo?

No puedo respirar.

No entiendo lo que siento, o porque me emociona tanto la posibilidad de jugar a un juego como ese, pero un estremecimiento abrasador me recorre todo el cuerpo, la adrenalina se apodera de mis entrañas y ya me veo corriendo a las catacumbas mientras Sterling me persigue.

—Si no me atrapas, volverás a besarme —negocio atrevida y a él se le escapa una risa seca.

—Pero, si te atrapo, haré mucho más que eso y no podrás decirme que no.

Me encojo sobre mí misma y es una sensación confusa, si viniera de cualquier otra persona sería una frase amenazante, pero viene de él, de mi estrella, y confío tantísimo en que sus intenciones jamás serían hacerme daño, que no me produce miedo nada de lo que pueda llegar a pasar.

—Confío en ti —musito por lo bajo y noto que me tiemblan las piernas con anticipación.

—Entonces corre, florecilla. Mientras antes lo hagas, antes podré atraparte.

Sus brazos me dan la salida al desenroscarse de mi cintura y corro en línea recta en dirección a las catacumbas.

Me adentro en la maleza, sorteo las ramas a toda velocidad y, en cuanto siento cerca sus pasos y la luz verde me ilumina de nuevo, comienzo a hacer zigzag entre las plantas con el corazón cada vez más acelerado.

No tengo miedo, o sí, no lo sé, pero me siento tan viva ahora mismo que ni siquiera lo puedo procesar, muchísimo menos podría explicarlo con palabras.

—Estás preciosa mientras corres para mí, florecilla.

Mis pechos se vuelven sensibles y pesados. De repente, los noto demasiado a través de la camiseta. Se me seca la garganta y, entre mis piernas, noto un cosquilleo que no había sentido nunca antes.

Estoy cerca de las catacumbas. Veo la rejilla, pero también estoy cansada y noto como los pulmones arden.

Por ese lado, él me lleva ventaja, está acostumbrado al entrenamiento físico, mientras que yo me paso media vida dormida y, si aún no me ha alcanzado, sé que es porque me ha dado ventaja al principio y porque me estoy esforzando.

Palpo el metal de las rejas entre los dedos, la abro, pero antes de que pueda entrar, un cuerpo grande me embiste, eleva mis pies del suelo y me empuja al pasillo interior de la cueva.

Jadeo cuando me da la vuelta y me permite ver de lleno la máscara. Es preciosa, y algo intimidante, pero esa sensación pasa a un segundo plano cuando veo su precioso cabello rizado expuesto en la parte de arriba.

—Me has atrapado —jadeo mientras recupero el aliento. Él ladea la cara y me mira con sus ojos preciosos iluminados por el verde neón a través de las rendijas.

—Verde, di verde si quieres que me detenga.

Es lo único que dice antes de elevar la mano por mi muslo, levantarme el vestido e introducir una mano grande en el interior de mi braga. Jadeo y me estremezco sin poderlo evitar, pero él se eleva la máscara a la cabeza y une sus labios con los míos de una forma arrolladora.

Apenas puedo respirar mientras lucho por seguirle el ritmo, sigo el vaivén de su cabeza y disfruto de la extraña, pero agradable sensación cálida y acuosa que se acumula en medio de mis piernas.

No entiendo lo que pasa, pero me dejo ir y se siente genial.

Me hundo en medio de un mar de sensaciones que jamás creí poder experimentar. Me sumerjo, contengo la respiración, cato el sabor del agua y… lo surfeo.

—Star —gimo y sus dedos se vuelven más veloces mientras resbalan por mi humedad y hacen círculos en el centro—. Star, ¿está bien lo que hacemos? Es correcto que me toques ahí, que yo esté tan… ¿húmeda?

Siento vergüenza porque no estoy segura de si he hecho algo mal, ¿he tenido un accidente y no me he dado cuenta debido a lo increíble que se sienten las cosas que Sterling me hace?

Casi no puedo sostenerme, convulsiono y siento que mi cuerpo es víctima de una descarga eléctrica maravillosa.

No sé si hago lo correcto al permitir que Sterling me toque en los lugares que mi madre dijo que no debía permitir que me tocasen jamás, pero lo que me hace sentir es tan abrumador que, si no fuera porque él me sujeta, estaría con el culo en el suelo.

—¿Te gusta lo que hago, florecilla? —Asiento, incapaz de lo contrario—.

Entonces eso es lo único que importa para decidir si está bien.

Quiero hacerlo bien para ti, conocer los puntos que hacen que te abras, quiero que lo disfrutes y que siempre que me veas, tengas un accidente en tus bragas sin que puedas controlarlo.

—Oh. Entonces, justo ahí —gimo y siento algo de vergüenza, pero es que la sensación crece cuando toca ese punto, y es increíble—. Oh, Sterling, madre mía.

—Otra vez.

—¿Qué? —gimoteo algo ida.

—Di mi nombre de nuevo, florecilla.

—Sterling. —Me agarro a su cuello y bajo la mirada. Me pierdo en el movimiento mordaz de su mano en el interior de mis bragas.

—Joder estás empapada para mí, Madds.

—Star, es demasiado. No se si podré soportarlo—gimoteo, y tengo miedo de romperme, pero estoy en medio de una caída libre hasta el fondo del acantilado y sé que ya es imposible frenarla.

Le hundo las uñas en la piel, grito sin poder evitarlo, aprieto los labios y cierro los ojos con fuerza mientras todo mi cuerpo convulsiona al compás de sus movimientos y la sensación dentro de mí se infla, explota y se expande.

—Star, oh, Dios. Oh, joder, Sterling.

Es la cosa más alucinante que he sentido en la vida.

Y me lo ha hecho sentir él.

O puede que no lo sea, porque cuando abro los ojos y lo descubro mirándome con esa intensidad mientras recupero el aliento con grandes bocanadas, es mi corazón lo que se llena de una emoción diferente.

—Me acabo de hacer adicto a ver como te corres para mí, florecilla. Ahora necesito que esto vuelva a pasar y escuchar como gritas mi nombre cada vez que nos veamos.

Me brillan los ojos con incredulidad. ¿Podemos hacer esto cada vez que nos veamos? ¿Es bueno para mi salud? ¿Puedo morir mientras me pasa? No lo sé, y tengo claro que se lo preguntaré más tarde, pero ahora mismo, al ver la determinación en su rostro, solo asiento.

—Confío en ti —le aseguro, y entonces es a él a quien le brillan antes de que me vuelva a besar con pasión y todo se reinicie.