Secreta Obsesión (Sangre bajo el hielo 2) CAPITULO 5 #2
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CAPITULO 5 #2

Mis labios se mueven por sí solos y localizan los suyos, le sujeto la barbilla con la palma abierta, como una caricia, y tiento en su boca esperando el rechazo, pero lo único que recibo es la alucinante sensación de notar cómo su cuerpo se tensa, como sus labios se entreabren con sorpresa y sus ojos brillan en la oscuridad.

—Te he echado muchísimo de menos, florecilla.

—¿Lo dices enserio? —gimotea sobre mi boca con incredulidad y la sostengo más fuerte al notar que tiembla.

Claro que la he echado de menos, joder, ¿como es posible que pueda dudarlo?

—Cada segundo de cada día.

Su cuerpo se destensa bajo mi sujeción y noto como esboza una sonrisa.

—Yo también a ti. —Asiente y me acerco un poco más a su boca—. ¿Vas a besarme? —jadea y noto como el corazón me da un vuelco.

Me muero de ganas de hacerlo, pero hacerlo de verdad, no solo los picos rápidos que le robé sin previo aviso el año pasado.

Nunca me dijo que no le gustara, nunca me detuvo, así que no dejé de hacerlo, pero no quiero asustarla y perderla.

No quiero que deje de ser mi amiga bajo ninguna circunstancia.

—Por favor, dime que puedo… y que seguirás siendo mi amiga.

—Yo no… nunca he…

—Yo tampoco —farfullo y uno mis labios a los suyo—, pero a ti quiero besarte desde que te caíste sobre mí en el acantilado. No puedo evitarlo, florecilla, mis labios solo quieren estar sobre los tuyos todo el tiempo —susurro mientras vuelvo a unir nuestros labios.

—¿De verdad? —pregunta en un suspiro a la vez que cierra los ojos y busca mi boca.

—Te lo juro. Besarte es en lo único en lo que puedo pensar.

Maddox asiente y no le doy más vueltas, ataco su boca con la mía, la devoro como me lo pide el cuerpo y creo que es justo como los chicos enamorados besan a sus chicas en las películas después de haber estado a punto de perderlas, o después de haber creído que ellas nunca les corresponderían.

Noto como el frenesí se apodera del todo de mi sistema circulatorio, la sangre me hace cosquillas en las venas mientras viaja por mi cuerpo a toda velocidad y se concentra en un punto específico.

Joder.

Noto calor en todo el cuerpo, pero no puedo parar de besarla y ella me lo permite, parece disfrutar de la sensación tanto como yo y jadea, borracha de deseo.

Hundo una mano en su cabello un poco más largo este año, y la otra la poso en su muslo.

Acaricio hasta donde llega la abertura de su vestido y siento como se estremece.

—Me gusta como se siente cuando me besas, Sterling, es agradable y dulce, y cálido. Tus labios parecen almohadas abullonadas y húmedas.

—¿Almohadas abullonadas y húmedas? —Elevo una ceja con incredulidad y a ambos se nos escapa una carcajada. Ella hunde el rostro en su lugar favorito de mi pecho.

—¿Lo siento? —farfulla en medio de las risas. Localizo su barbilla con la mano, se la elevo y le beso los labios sin cortar el contacto visual.

—No tienes nada que sentir. —Meto la mano en mi bolsillo y saco el aparato de color verde pistacho—. Te he traído esto.

—¿Qué es? —Maddox enciende su linterna y me alumbra las manos—. ¿Es un móvil? —la linterna me da de lleno en el rostro y frunzo el ceño mientras asiento—. ¿Por qué me das esto? Sabes que no puedo aceptarlo.

—Puedes y lo harás. Solo tienes que guardarlo con cuidado y tú eres la más cuidadosa.

—Sterling…

—No puedo pasar otros nueve meses sin saber nada de ti, Maddox, o recibiendo cartas que no puedo contestar.

—Puedes enviármelas a mi tutora privada...

—¿Y arriesgarnos a que tus padres se enteren y tampoco te dejen verla después de haber luchado tanto para conseguir un poco de contacto con la realidad?

Ella se encoge sobre sí misma, pero por la tristeza que desprende su mirada sé que está de acuerdo conmigo.

—¿Y si me quedó dormida y mi madre lo descubre?

—No lo hará. Lo esconderás bien, donde ella no pueda encontrarlo.

—Se le desencaja la cara en una expresión de angustia que me destroza.

No quiero ser el causante de sus problemas, ni de su desasosiego, pero necesito poder hablar con ella o me voy a volver loco—.

Por favor, florecilla, arriésgate por nosotros, y si sale mal solo tienes que llamarme o enviarme tu ubicación.

Te iré a buscar, lo prometo, florecilla, no te dejaré sola con ellos.

—Tiendo el móvil en su dirección y ella duda unos segundos mientras me mira a los ojos con admiración, pero, al final, lo acepta y sonrío—.

Me he guardado a mí mismo como Sterling el guapo.

—No sé por qué no me extraña, pero creo que te pondré un nombre de chica, digo, por si nos descubren o algo de eso —dice con una carcajada y le beso la sonrisa.

Le envuelvo el rostro con ambas manos y ella se vuelve lánguida y maleable para mí, me acerco y me pego contra ella mientras la devoro.

No hay mucha diferencia de altura y su cuerpo curvilíneo se acomoda a la perfección al mío.

Ha cogido un poco de peso este último año y me alegro mucho por ello, porque normalmente duerme demasiado como para comer con normalidad.

Profundizo el beso y le meto la lengua en la boca de forma torpe, mientras ella la recibe de la misma manera y gime.

—Eres mía, florecilla —musito sobre su boca y noto como asiente.

—Me parece bien —gimotea y sonríe—, pero tienes que irte ya o vendrán a buscarte. Hoy tendréis un taller muy chulo —asegura—. Fue idea mía, vais a pintar unas máscaras que se encienden con luces de neón.

—Entonces pintaré la mía en honor a ti.

—¿Vas a escoger la verde?

—Siempre.

Me estremezco de felicidad cuando el beso me lo da ella. Me acuna el rostro entre las manos y me mira con tanto amor que no quiero alejarme nunca.

—Estoy deseando ver lo que pintas en ella.

—Y yo estoy deseando ver tu cara cuando veas esto.

Le coloco la figura de la payasita en la palma y ella la observa, boquiabierta y con los ojos brillantes.

—¡Me encanta, Star!

—¿Star?

—Se me ha ocurrido mientras soñaba despierta contigo, Sterling es muy largo. —Se sonroja—. Además, sé que serás una estrella.

—Así que sueñas despierta conmigo, florecilla. —Envuelvo los brazos alrededor de sus caderas y tiro de ella hasta pegarla del todo a mí.

Sé que nota mi erección y, aunque no quiero asustarla ni presionarla de ninguna manera, me hace sentir bien que ella conozca la forma en la que me provoca.

—¿Me porto bien contigo en esos sueños? —Ella asiente y se muerde el labio inferior, avergonzada—.

¿Me contarás qué pasa en ellos este verano?

—Niega con la cabeza y se le escapa una sonrisa imprudente mientras se encoge sobre sí misma—.

Sabes que puedo hacerlo realidad, ¿verdad, florecilla?

Puedo hacer que vivas todo aquello que deseas.

Mi maldito pecho se hincha de tal forma que no puedo respirar.

Vuelvo a atacar sus labios, esta vez con más frenesí, y sus jadeos se multiplican en mi boca.

No puedo soltarla. Ella cree en mí, en mi sueño, y eso es más de lo que nadie ha hecho nunca.

Además, sueña conmigo, sin darse cuenta de que, para mí, ella es el verdadero sueño.

No quiero alejarme nunca de ella, joder, si es que podría devorarla aquí y ahora.

Mis manos se mueven por sí solas y acarician sus pechos.

La noto temblar y presiono mi polla dura sobre su abdomen para que note mejor lo que me hace.

Abre los ojos de golpe y se le agranda la mirada.

Una sonrisa de comprensión se abre en mis labios y tenemos una conversación sin necesidad de palabras.

Sé que debemos esperar para que pueda mostrarle todo lo que le haría con esto, pero me encanta saber que ella también lo desea.

—Me encanta Star —le confieso con orgullo—. Nunca me habían puesto un apodo, pero ojalá pudiera escucharte todo el día mientras me llamas de esa manera.

—Star, Star, Star… Tienes que irte al comedor o subirán a buscarte.

—Envíamelo en un audio, a poder ser ahora y… ¿te veo esta noche en el acantilado?

—Siempre. Trae la máscara contigo, me muero por verla y por mostrarle un lugar que descubrí hace dos veranos.

—Allí estaré —le aseguro mientras salgo, pero vuelvo a entrar para robarle un último beso—. Te he echado mucho de menos, florecilla.

—Yo también.