Sebastian: Celos (Sebastian 2) Capítulo 29 #2
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Capítulo 29 #2

Sebastian la miró a los ojos un instante y volvió a su móvil. Hizo una búsqueda rápida en Google y encontró el perfil de instagram de la chica casi de manera instantánea.

—Carla Schoenherr… Su perfil de instagram lleva tres meses sin actualizarse.

—¡Dios mío! ¡El mismo tiempo que lleva Maggie desparecida! —añadió Sean, boquiabierto.

—¡Por Dios bendito! ¿Ella también ha sido secuestrada? —exclamó Richard, abrumado.

—¿Con qué ONG colaboraba Maggie, señor Gambler? —lo instó Sebastian, que seguía tecleando incansablemente en su teléfono móvil.

—Eran muchas, no sé cómo… —balbuceó, aturdido.

—¡Por favor, concéntrese! —lo urgió Sebastian, mirándolo fijamente.

—Pues…, con CFA, con diversas asociaciones contra el cáncer infantil, también con organizaciones feministas de países subdesarrollados…

—¡No! ¡No! —gritó Sebastian—. ¡Tienen que estar relacionadas con el medioambiente!

Ava y Richard se miraron a los ojos, totalmente deslumbrados por la velocidad a la que Sebastian hilaba datos para encontrar el origen de toda aquella urdimbre criminal.

Sean respiró hondo, fijó su mirada en el suelo y empezó a enumerar una lista de organizaciones.

Al mismo tiempo, Sebastian iba comparando los nombres que él le decía con la información que obtenía sobre Carla a través de noticias, artículos en blogs y comentarios en redes sociales.

Finalmente, levantó la cabeza y mostró el móvil a los demás.

—Hay tres coincidencias entre los nombres que me ha dado y las ONG con las que Carla también colaboraba, pero solo una que tenga vinculaciones con Europa del Este e intereses en los temas que se van a tratar en la cumbre este fin de semana: Forest for All .

—¿ Forest For All ? No me suena de nada —dijo Richard, ceñudo.

—Tenía razón —expuso Sebastian, orgulloso—. No es ninguna organización de poca monta: Forest For All es el brazo armado de… Life for the planet .

En tropel, todas las manifestaciones, recaudaciones a nivel mundial para salvar el planeta y anuncios en todos los medios, realizados por la organización a favor del medioambiente más importante del mundo, pasaron por la mente de todos los presentes.

Life for the planet se había ganado el respeto y el cariño de millones de personas a lo largo de los últimos cincuenta años, contaban con subvenciones de todos los gobiernos, con suscripciones particulares y con enormes sumas de dinero cedidas por personalidades de todo tipo con las que sufragar su más que relevante actividad anti contaminación.

—No me puedo creer que una organización tan altruista esté detrás de todo esto —confesó Sean, boquiabierto.

—Nunca es oro todo lo que reluce —apuntó Ava, quien también estaba en shock .

—Así que te amenazaron con hacer explotar el centro de Londres si no convencías a los intervinientes de la cumbre de reducir la fecha tope de implantación de la batería de leyes… —enunció Richard parsimoniosamente.

— ...a antes de final de año —confirmó Sean—. Al igual que tú y que yo, ellos saben que no se está haciendo ni de lejos todo lo necesario para que los plazos se cumplan —murmuró Sean.

—E imagino que habrán hecho lo mismo no solo con Carla, sino con los familiares de otros miembros importantes de la política europea —dedujo Richard.

—En los países más extremos ha habido desapariciones sin… esperanza de resolución, por decirlo de forma suave —afirmó Sean en voz baja—. ¡Tienes que entenderme! ¡No podía arriesgarme a que Maggie…!

Sean enterró su rostro entre sus manos y dio rienda suelta a su dolor.

—Pero, ¿cómo es posible? No ha salido nada en las noticias… —argumentó Ava.

—Sí que ha habido noticias sobre ello, pero tendemos a obviar las desgracias que no nos atañen directamente —murmuró Sebastian—.

Los medios en esos países están comprados, las desapariciones se achacaron a otros motivos, pero fueron esas noticias las que los terroristas esgrimieron para amenazar al señor Gambler, mostrándole hasta dónde eran capaces de llegar.

—¡Tendrías que haberme puesto al corriente, maldita sea, Sean!

—exclamó Richard—. ¡Se podrían haber evitado muchas muertes!

¡Además, ya no hay tiempo para detener esta debacle!

¡Incluso aunque consiguiésemos arruinar sus planes aquí en Reino Unido, pueden hacer lo mismo en cualquier otro punto de Europa y… !

—No, si detenemos a tiempo a todos los nombres que aparecen en la lista de Ava —sentenció Sebastian.

El silencio se hizo unánime en el salón. Todos miraban a Sebastian boquiabiertos, intentando comprender qué es lo que quería decir.

—¿Y qué ganamos deteniendo a un montón de políticos dispersos por todos los puntos relevantes de Europa? —Richard rompió el silencio, demasiado centrado en el peligro inminente como para ver más allá.

Sebastian alzó la comisura de sus labios brevemente, dispuesto a terminar su explicación, pero encantado al comprobar que ni siquiera su tío había sido capaz de dar con una solución.

—Si retiramos del tablero de juego a los portadores de los chips, dificultaremos muchísimo su operación, y eso nos dará el tiempo suficiente para actuar.

—No comprendo —murmuró Ava, absorta en un punto del suelo.

Sebastian se giró para mirarla con desdén, asegurándose de que tenía toda su atención.

—La amenaza real que esgrimirá Life for the Planet para lograr sus objetivos proviene de utilizar a los portadores de los chips como “detonadores humanos”, Ava. Tú mejor que nadie deberías saberlo.

La expresión de Ava cambió radicalmente. Miró a Sebastian horrorizada y, por primera vez en años, sintió el peso de la responsabilidad sobre sus hombros.

—Dios mío, ¡son bombas humanas que yo misma he…!

Quedó en silencio, completamente abrumada por el alcance de sus operaciones.

—El cómo piensan provocar esa detonación inicial lo desconozco —continuó Sebastian—, imagino que los terroristas poseerán dispositivos muy avanzados y muy bien protegidos de manos poco hábiles que lancen algún tipo de señal, probablemente de baja frecuencia o electromagnética, que active los chips; pero aunque consiguieran lanzar esa señal, nada explotaría, ya que los detonadores se encontrarán fuera del alcance de dichos dispositivos —concluyó.

—Brillante —murmuró Ava.

—Gracias —respondió Sebastian, altivo.

—Tendremos que averiguar cuáles son las zonas cero de cada capital europea lo antes posible —arguyó Richard.

—Así es, pero no debemos subestimar la decisión y el arrojo de estos grupos radicales, mucho más si llevan tanto tiempo organizando este plan.

Habrá que moverse en la sombra para averiguar quiénes son los líderes políticos implicados en cada uno de los países, localizar los almacenes de fertilizante, desalojarlos y ventilar las zonas lo suficiente para que no puedan hacerlos estallar de alguna otra manera.

Es una labor titánica que requiere de una coordinación exquisita, coordinación que solo puede llevar a cabo un alto Comisionado de Scotland Yard…

después de someterse a la intervención correspondiente —sentenció Sebastian, lanzándole una mirada reprobatoria a su tío.

Richard se mostró momentáneamente sorprendido al descubrir que Sebastian sabía que su nombre se encontraba en la lista de Ava, pero rápidamente recuperó su expresión de autocontrol.

—Imagino que la señorita Lutman ha hablado de más —susurró contrariado.

—Yo no he dicho nada —apuntó Ava, mirando a Richard angustiada.

—Solo lo de Las Bahamas —murmuró Sebastian, alzando una ceja conmiserativa.

Richard abrió la boca y miró a Ava, asombrado.

—¡Por Dios bendito! ¿Tanto te afecta Sebastian que le has revelado tu ubicación protegida? —la reprendió enérgicamente.

—Yo… Ni siquiera recuerdo haberlo mencionado —respondió Ava, bajando la cabeza avergonzada.

—Me decepcionas —sentenció Richard, retirando su mirada de la atribulada doctora.

—Como siempre, subestimas mis capacidades, querido tío —soltó Sebastian, arrogante—. No voy a entrar en detalles, no es momento para rencillas personales, tenemos un problema aún mayor con el que lidiar: conseguir liberar a todos los rehenes que estén en poder de dicha organización.

—No tenemos tiempo para…

—Aunque el tiempo corre en nuestra contra —lo interrumpió Sebastian—, imagino que al detener el intento que va a tener lugar este fin de semana, retrasaremos que el resto de acciones se desencadenen, lo que nos otorgará un intervalo suficiente para llevar a cabo todos esos pasos que he enumerado, indispensables para que no haya más muertes y para que nada vuele por los aires —terminó de forma magistral.