Capítulo 25 #2
—Hay algo más… —Christine los miró a todos con preocupación—.
He estado dándole vueltas a lo que hablamos sobre canalizar ese gas volatilizado.
Me parecía un tanto difícil mover de forma eficiente todos esos elementos, así que me he centrado en la zona del Támesis.
Según he ido analizando las posibles reacciones al compuesto, me he dado cuenta de que sembrar el terror resultaría mucho más sencillo de lo que creíamos.
—Explícate.
—Supongamos que los gases son liberados de forma que lleguen a un gran pulmón de la ciudad, a un parque cercano al río, por ejemplo.
En las zonas verdes se acumula el dióxido de carbono que expulsan las plantas durante la noche y, al encontrarse ambas sustancias, se crearía una reacción de aumento de temperatura mayor de lo habitual.
—Sobre todo, ahora que es verano —apuntó Sebastian.
—Exacto. Y si añadimos que las cantidades de dióxido de carbono de esa zona serán más elevadas aún, debido a la mayor afluencia de personas y vehículos en el centro de Londres con motivo de la cumbre, las moléculas de oxígeno se irían…
“contagiando” con facilidad de ese aumento de temperatura, por lo que…
—La explosión se iría encadenando de una zona a la siguiente con una facilidad extraordinaria —concluyó Sebastian, horrorizado.
—Hyde Park… —murmuró Olivia, provocando el asentimiento general.
—Exacto. Hyde Park es el pulmón principal del centro de Londres, y está muy cerca de Lancaster House. Las dimensiones del desastre serían colosales, especialmente este fin de semana. Por eso todo se ha precipitado, y también por eso Richard está aún en la cárcel —terminó Christine.
—¡Tenemos que actuar enseguida! —exclamó Olivia, perdiendo los nervios por primera vez—. ¡Sebastian! ¡Tenemos que encontrar a esa persona inmediatamente!
Sebastian asintió, pero no abandonó su expresión cavilosa.
—Pero entonces, no comprendo por qué empezaron a amenazar a Ava hace unos meses —murmuró—.
Ella no se puso en contacto conmigo hasta hace…
A no ser que… —Se giró hacia Ava y clavó su mirada en ella.
Ava alzó el mentón, desafiante, y Sebastian se acercó despacio a ella, entrecerrando los ojos—.
Ya habías hablado con Richard, ¿no es cierto?
¡Te pusiste en contacto con él en el momento en que recibiste la primera amenaza!
—Él fue quien me sugirió que me marchase —murmuró Ava—, y creo que os puso a todos en peligro al ocultaros que seguíamos en contacto.
—¡Pero, ¿por qué tanto secretismo?! —preguntó Sebastian, muy alterado—. ¿Qué es tan grave para que ni tú ni él hayáis confiado en mí por completo? ¿No os dais cuenta de que lo único que habéis conseguido es entorpecer mi investigación?
Ava fijó su mirada en la de Sebastian y la mantuvo durante unos segundos para intentar que él comprendiese que había mucho más de lo que él estaba dispuesto a aceptar.
—Eso tendrás que aclararlo con él, Bash.
En lo que a mí respecta, solo he intentado sacar tajada de mi situación, acercarme a ti de nuevo para ver cómo estabas, para conocer al hombre que dejé atrás hace años —confesó abiertamente—.
Te he echado mucho de menos, no te puedes hacer una idea de cuánto.
Sus palabras se clavaron en el pecho de Christine, quien buscó inmediatamente la mirada de Sebastian con sus ojos; pero una vez más, él no la miraba a ella, estaba completamente absorto en Ava, y su expresión era de profundo desconcierto.
Entonces, Ava se giró hacia Christine para terminar de clavarle la daga envenenada de los celos.
—No sabes la suerte que tienes, Christine, no te haces una idea del hombre que tienes rendido a tus encantos, de sus capacidades o de su valía.
—En eso te equivocas, querida —respondió Christine—. Soy perfectamente consciente de ello.
—Eso es lo que tú crees. Lo conoces hace muy poco, prácticamente no sabes nada de su vida, ni de la forma en que trabaja su mente.
No conoces a su familia, no sabes quiénes son sus amigos ni hasta dónde es capaz de llegar cuando la ocasión lo requiere.
Así que te aconsejo que hagas todo lo que esté en tu mano para mantenerlo a tu lado.
La fidelidad de Sebastian es incondicional cuando elige un compañero, y ha elegido muy pocas veces a lo largo de su vida.
—Siento haber sido tu reemplazo —escupió Christine.
—¡Oh! No, no te preocupes. Tú no me has reemplazado. Yo fui quien eligió desaparecer, me vi obligada a dejar mi puesto vacante debido a… razones muy poderosas que no vienen al caso. Pero te aseguro que puedo volver a recuperarlo cuando me plazca. Es más, creo que es evidente que ya lo he hecho…
—¡Ya está bien! —exclamó Sebastian, indignado—.
¡Deja de hablar de mí como si no estuviera, Ava, deja de poner palabras en mi boca y pensamientos en mi mente de los que tú no sabes absolutamente nada!
¡Y sobre todo, deja de malmeter entre Christine y yo!
Tú no me conoces, no llegaste a arañar la superficie siquiera, y por supuesto no tienes ni idea de cómo funciona mi corazón.
Voy a trabajar contigo porque hay demasiado en juego, pero no te equivoques, no existe un tú y yo, nunca existió, y después de comprobar lo mezquina que eres, puedo asegurarte que jamás existirá.
Ava lo escuchó con una sonrisa ladina en sus labios, segura de que, aunque se había marcado un farol, Christine lo había escuchado todo, empapándose de odio hasta el tuétano.
Y que las verdades a medias que acababa de exponer serían alimento suficiente para terminar de una vez por todas con el frágil vínculo que aquella preciosa mujer tenía con Sebastian.
—Eso, cariño, solo lo sabremos con el tiempo —zanjó Ava—. Disculpadme, voy a hacer un par de llamadas.
Ava se levantó de la silla y desapareció escaleras abajo, dejando a todos cariacontecidos. Sebastian se volvió hacia Christine para valorar cuánto le había afectado la burda escena, pero su expresión no le permitió hacerse una idea de lo que pasaba por su cabeza.
—No la escuches, por favor…
—Está bien, Sebastian, no te preocupes —lo cortó Christine—. Centrémonos en lo que importa y, tal y como dijiste, no le demos el gusto a esa mujer de salirse con la suya.
“Me temo que ya lo ha logrado”, pensó Olivia, mirándolos a ambos. Sintió frío, una sensación extraña y descorazonadora que se había apoderado de la atmósfera que existía entre ellos.
Y supo entonces que Ava no había llegado para quedarse, sino para destruir el corazón de su amigo.