Sebastian: Celos (Sebastian 2) Capítulo 25
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Capítulo 25

Scotland Yard

—Por favor, dile a tu jefe que es un necio, a mí no va a creerme —gruñó Sebastian dirigiéndose a Olivia.

No había perdido la compostura en ningún momento. Al escuchar la acusación de Logan, Sebastian se limitó a mirarlo como si fuera idiota, puso una mueca de desaprobación en sus labios y pestañeó repetidamente, burlándose de él.

—Logan, estás cometiendo un grave error… —empezó Olivia.

—Tu amiguito se ha llevado a Ava Lutman, interrumpiendo la labor policial, por no hablar de que ha dejado a dos hombres atados en un estado físico lamentable y de que es sospechoso de asesinar a un tercero —enumeró Logan, mirando a Sebastian con repugnancia.

—Yo no he matado a nadie, inspector; de hecho, fue uno de los prisioneros quien lo hizo. Y no me pregunte cuál de ellos fue, estaba demasiado ocupado intentando no morir para darme cuenta —escupió Sebastian con prepotencia.

—La señorita Lutman está aquí, arriba —Olivia señaló las escaleras que ascendían hacia el ático/laboratorio—.

No tenemos ningún inconveniente en que la interroguéis o incluso en que os la llevéis, si es necesario; pero a la luz de los últimos descubrimientos, me parece que eso no sería lo más oportuno.

—¿Y eso por qué? —la increpó Logan.

—Porque Ava Lutman se ha erigido en principal informante en el caso de los terroristas detenidos, Logan.

El inspector jefe la miraba ofuscado, incapaz de comprender qué era lo que estaba diciendo Olivia. Harto de esperar, Sebastian señaló hacia las escaleras también.

—Si es tan amable de seguirme, se lo explicaremos todo.

Logan y los dos hombres que lo acompañaban siguieron a ambos detectives escaleras arriba, totalmente confundidos.

Estuvieron a punto de lanzarse sobre Ava, quien los esperaba sentada tranquilamente en su silla, pero al ver a Christine junto a ella, fueron conscientes de que la situación, al menos de momento, estaba bajo control.

—Tenemos firmes sospechas de que este fin de semana va a haber un atentado durante la cumbre europea de medio ambiente —continuó Sebastian, mirando a Logan muy serio—.

La investigación que Scotland Yard está llevando a cabo está bastante desencaminada, al parecer.

La célula terrorista, cuya desarticulación desencadenó la detención de Richard Fortress, era solo una tapadera de lo que realmente se estaba cociendo en los pasadizos que hay bajo la Torre de Londres, pero claro, para averiguarlo habría que haber… profundizado un poco más.

—Pero…, pero… —balbuceó Logan, abrumado.

Sebastian se armó de paciencia y dedicó unos minutos a poner al corriente al inspector jefe de lo que sabían. Logan lo escuchaba con creciente interés y, para cuando Sebastian hubo terminado, el inspector jefe ya había olvidado el verdadero motivo que lo había llevado hasta su casa.

—¡Pero es demasiado tarde! No tenemos tiempo de descubrir a los culpables, ni tampoco tenemos ninguna pista clara para empezar a buscar…

—Yo no diría tanto —intervino Olivia—. Necesitamos que vuelvas a interrogar a los cabecillas encarcelados y que intentes averiguar todo lo que sea posible, ahora que sabemos que están implicados en algo más gordo.

Moviliza a un equipo de artificieros para ver si hay alguna forma de deshacer las modificaciones que se hayan realizado en la instalación eléctrica que hay en las cámaras más accesibles, cuando Sebastian y yo estuvimos allí, vimos un cuadro de luces que había sido claramente manipulado —apuntó de forma brillante, sorprendiendo gratamente a Sebastian—.

Es posible que dicha instalación se pueda utilizar como detonador, o como propagador de una onda expansiva o…

—Olivia, ¡me has dejado de piedra! ¿Cómo has llegado a esa conclusión? —apuntó Sebastian, mirándola con una sonrisa inmensa.

—Algo se me ha debido pegar del mejor —sonrió Olivia, volviendo a mirar a Logan con rapidez, quien aún estaba intentando hacerse una idea concreta de lo que acababa de escuchar.

—¿Cómo que tú y Sebastian habéis estado en…?

—Eso no viene ahora al caso, Logan. En cuanto sepáis algo, poneos en contacto conmigo.

Sebastian y yo tenemos trabajo pendiente y no descansaremos hasta llegar al fondo de este asunto.

Y por cierto, ahora que sabemos con seguridad que Richard Fortress no estaba implicado en el caso, no estaría de más que moviésemos el culo para sacarlo de la cárcel.

Nos será mucho más útil de vuelta en su puesto de trabajo que encerrado en una mazmorra.

Todos la miraban boquiabiertos, incluso Ava fue incapaz de objetar nada ante la brillante sucesión de órdenes y deducciones realizadas al vuelo. Logan, apabullado como nunca, no había cesado de asentir en ningún momento, y cuando Olivia terminó con sus requerimientos, se dirigió a sus subordinados.

—Ya habéis oído, pongámonos en marcha inmediatamente.

Tenemos una bomba que desactivar. —Los dos agentes bajaron las escaleras a toda prisa y salieron del apartamento de Sebastian en tropel, con sus móviles echando humo para iniciar los trámites solicitados.

Logan los siguió pero, justo antes de alcanzar el umbral de la puerta, se volvió para mirar a ambos detectives—.

En cuanto a la señorita Lutman, confío en que nos la entregaréis una vez que haya finalizado con su colaboración.

No es solo por este caso por el que la buscábamos, la doctora tiene un montón de preguntas que responder.

—Tranquilo, nosotros nos ocuparemos —afirmó Sebastian con firmeza—. En cuanto sepamos de dónde procede la amenaza y hayamos localizado al encargado de desencadenar el desastre, nosotros mismos la llevaremos a comisaría.

Olivia lo miró extrañada mientras Sebastian cerraba la puerta detrás de Logan, pero fue Ava la que verbalizó sus temores en primer lugar, mientras bajaba las escaleras a toda velocidad.

—¿Vas a venderme? —lo increpó.

—Todo dependerá de lo útil que nos resultes, Ava.

Por ahora, lo único que has hecho es complicar las cosas, en lugar de ayudar a enderezarlas —respondió Sebastian—.

Y ahora, si no es molestia, quiero escuchar cuáles son los hallazgos que ha realizado Christine en su investigación, esa información es crucial para lo que nos atañe ahora mismo, que es descubrir quién es la cabeza pensante de todo este embrollo.

Volvieron a subir al laboratorio. Sebastian se extrañó de que Christine no hubiese bajado para acompañar a Logan a la puerta, no era propio de ella desinteresarse ni un segundo por un caso.

Inquieto de repente, entró en el laboratorio como una exhalación, y sus sospechas quedaron confirmadas al apreciar la tristeza reflejada en el rostro de su pareja, quien seguía consultando internet, ajena a todo lo demás.

Sebastian se acercó a ella, acarició su melena y, tomándola por el mentón, hizo que lo mirase a los ojos.

Los vio apagados, sin vida, y aquello no le gustó nada.

—¿Estás bien?

—Sí, no te preocupes —respondió Christine, volviendo a mirar a la pantalla del ordenador—. Ahora, cuando estemos todos, os explico.

Sebastian se puso en cuclillas a su lado, buscando sus ojos de nuevo, pero Christine no hizo siquiera el amago de mirarlo.

—Christine, por favor, no pienses más en…

—¡Aaawww! ¡Qué momento tan romántico acabamos de interrumpir! —exclamó Ava con una falsa sonrisa en sus labios al entrar de nuevo al laboratorio.

Christine desvió la mirada momentáneamente sobre la mujer, pero no le dio el gusto de mostrar ni un solo sentimiento; en su lugar, se giró hacia su audiencia e, ignorando el estúpido comentario, empezó a hablar.

—He estado comprobando los pedidos de fertilizante que se han hecho durante los últimos cuatro años por parte del gobierno británico —empezó Christine—, y hay tres empresas que me han llamado la atención por el volumen de mercancía solicitada.

—Tres son demasiadas —masculló Olivia.

—Es lo mismo que pensé yo —continuó Christine—; fue entonces cuando empecé a indagar, solo una de ellas me sonaba porque mi empresa ha trabajado con ellos en alguna ocasión, pero las otras dos me eran desconocidas; pues bien, resulta que todas son filiales de un conglomerado bioquímico con sede en Croacia.

—Como tus atacantes —apuntó Sebastian, mirando a Ava.

—Exacto —afirmó Christine—. La empresa que conozco es la más visible del conglomerado, he tenido que meterme en la dark web para encontrar una vinculación entre las tres, pero he averiguado el nombre y la ubicación de la corporación: se llama Ustach, y tiene su sede social en los Balcanes.

—Christine se detuvo un instante para comprobar si a alguien le sonaba aquel nombre, pero al ver que todos la miraban en silencio, continuó—.

En tu lista de “intervenidos”, ¿hay muchos procedentes de Europa del Este, Ava?

—Tendría que revisar, pero solo se me ocurren un par de nombres —contestó Ava, pensativa—, y solo uno vive en Londres actualmente.

—No tiene por qué ser nuestro hombre, pero sí que puede que tenga alguna información, o que esté relacionado con él —apuntó Olivia.

—Créeme, todos están relacionados entre sí —afirmó Ava—. Los brazos de la inteligencia croata pueden ser numerosos, pero los líderes son escasos, y todos se conocen.

Sebastian estaba abstraído, se había quedado mirando a Christine, profundamente impresionado por los hallazgos que había logrado en menos de dos horas.

—¿En serio has accedido a la dark web ? —preguntó, alzando una ceja.

—Tengo mis recursos.

—Eres una caja de sorpresas, cariño.

Ambos se miraron a los ojos con complicidad, compartiendo esa química que reinaba en su relación desde el principio; sin embargo, pasados unos segundos, Christine retiró su mirada de los ojos de Sebastian y, sin saber a qué achacarlo, él se sintió vacío de repente.