Sebastian: Celos (Sebastian 2) Capítulo 17 #2
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Capítulo 17 #2

—Christine, necesitas que te dé el aire, quedarte aquí encerrada no va a solucionar nada, a lo sumo, va a empeorar tu estado de ánimo; vamos, lo he hecho por ti, para que te olvides al menos un ratito del imbécil de Sebastian, estoy seguro de que te alegrarás de ver a…

—No insistas —lo corto, fulminándolo con la mirada—, no me apetece.

—Pues yo creo que es una magnífica idea… —La voz de Meredith irrumpe en la habitación. No puedo verla porque Nathan y mi madre tapan la puerta, pero ella se abre paso entre ambos y me mira sonriente—. Si Joanne acepta quedarse con Bianca unas horas, yo te acompaño.

—Meredith, yo no…

—Hazlo por tu amiga, que lleva sin salir de marcha tanto tiempo que ya ni se acuerda del nombre de los combinados. —Sus sonrisa se amplía y me guiña un ojo—. ¿Cuándo voy a tener yo una oportunidad semejante de codearme con gente importante?

—Pues a mí también me parece una idea fantástica —interviene mi madre—, y por supuesto que Geoffrey y yo nos quedaremos con Bianca. No sabes cuánta ilusión me hace tener la oportunidad de contarle los cuentos que te contaba a ti antes de irte a dormir.

Todos me miran ansiosos, esperando a que yo acepte, forzándome a que lo haga. Sé que lo hacen por mi bien, porque no quieren que esté aquí sola, dándole vueltas a lo que ha pasado; pero no entienden que no tengo ánimo para alternar con personas, ni para fingir que me interesa escucharlas hablar.

—De verdad, no insistáis, no me apetece —digo en un murmullo.

—Nathan —Meredith se gira hacia él y le sonríe—, gracias por la invitación. Dime a qué hora tendríamos que estar allí.

—Esta noche, a partir de las nueve —dice Nathan, confundido—, pero Christine…

—Allí estaremos.

Meredith no le deja espacio para objetar nada más con su sonrisa enorme y su alegre mirada clavada en sus ojos. Quiere que se marche, así que permanece en silencio, mirándolo fijamente, y como ninguna de las tres añadimos nada más, acaba dándose por vencido.

—Eeeeh…, está bien. Entonces, me marcho. Nos vemos esta noche.

—Gracias —añade Meredith, contemplando cómo Nathan abandona la habitación. Mi madre nos mira a las dos sin saber muy bien qué ha sido todo eso, pero como se ve obligada a acompañar a Nathan a la salida, se queda con las ganas de enterarse.

—A ver, bonita —Meredith se acerca a la cama donde me he dejado caer de nuevo en cuanto mi madre ha cerrado la puerta tras de sí—, estoy convencida de que debe haber una explicación para todo esto, y aún más convencida de que, en cuanto hables con Sebastian, se arreglará todo.

—No quiero hablar con él —refunfuño.

—Lo sé; por eso precisamente nos vamos a la fiesta.

Tú te vas a olvidar un ratito de lo que ha pasado, nos vamos a tomar un par de copas y a bailar un par de canciones y estoy segura de que relacionarte con otras personas logrará dar perspectiva a eso que ahora mismo es como una montaña de mierda de la que no sabes cómo alejarte.

—Pero…

—Hazme caso, te vas a alegrar, y además vas a hacer una buena obra con tu amiga —termina, aleteando las pestañas para arrancarme una sonrisa, cosa que termina consiguiendo—.

¡Sí! Eso es lo que quería ver, esa sonrisa preciosa que te ha quitado de la cara el tonto de Nathan. ¡Qué mal me cae, por Diossss!

—Él no tiene la culpa de lo que Sebastian ha hecho.

La expresión de mi amiga cambia de forma radical, su sonrisa desaparece por completo y me lanza una mirada asesina que no creí jamás que fuese capaz de aparecer en una mujer tan afable.

—No te equivoques, tiene toda la culpa —susurra amenazadora—.

Él ha elegido crearte esa incertidumbre casi sin conocer a Sebastian y después de estar años sin verte.

Podría haber optado por callarse, o por esperar a ver qué ocurría, pero ha venido corriendo a contarte el cotilleo porque pretende lo que pretende.

—Si no me lo hubiese contado Nathan, no me habría enterado, y Sebastian tendría vía libre para…

—Si no te lo hubiese contado Nathan, te habrías enterado por la persona que debe contártelo, que no es otra que tu pareja —murmura, muy seria.

—Eso no lo sabes.

—No, no lo sé; pero conozco a Sebastian, y tú también.

—Sus palabras quedan flotando en el aire, se van asentando en mi cabeza y sé que tiene razón—.

Prefiero darle el beneficio de la duda a Sebastian que un solo voto de confianza a este tío, que está dispuesto a romper tu relación.

Así que, ya que se ha empeñado en que vayas a su casa, vamos a darle el gusto…

, pero no como él espera. Vas a divertirte, vas a volver a ver a tus amigos y vas a utilizar su fiesta para olvidarte durante un ratito de que Sebastian es tonto.

—Es que es tonto —apunto, ya sin ceño alguno.

—Eso por supuesto, pero es un tonto que te quiere mucho, y estoy segura de que no me va a defraudar, de que solo necesita que le des una oportunidad de explicarse; pero como no tienes teléfono móvil porque eres una descerebrada, tendrás que esperar a volver a verlo para tranquilizarte —apunta con una sonrisita.

—Pues no sé cómo —murmuro, intentando tener la última palabra, aunque sé que ella tiene razón.

—Démosle una oportunidad al destino —responde, misteriosa—. Y ahora abre ese armario y busca algún trapito de esos de marca en el que yo pueda caber, porque no sabía que tendríamos que acudir a una fiesta de postín y no me he traído mi Versace, querida.

Ambas nos echamos a reír ante el ocurrente comentario.

Me levanto de la cama y abro mi armario de los vestidos de fiesta, de repente muy entusiasmada por poder prestarle algún modelito a Meredith para que se sienta preciosa.

No ha conseguido que me olvide de Sebastian, pero al menos me ha sacado de la profunda tristeza que he dejado que me invada.

Sí, tiene razón, debe haber una explicación para todo esto, solo tengo que esperar a volver a verlo para aclarar las cosas.

Pienso ser inflexible, quiero que sepa que no toleraré más mentiras, que se ha portado fatal conmigo y…

Estoy viendo a Meredith probándose conjuntos y vestidos de noche, feliz como una colegiala, y termino por contagiarme de sus ganas de fiesta.

¡Qué diablos! ¡Vamos a pasarlo bien!