Sebastian: Celos (Sebastian 2) Capítulo 12 #3
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Capítulo 12 #3

Sebastian se detuvo instantáneamente y la miró a los ojos, buscando ese brillo maléfico que la caracterizaba; pero solo encontró preocupación en ellos, y eso le hizo recalibrar la situación. Era la primera vez que le veía una expresión así.

—Richard… Que salga de la cárcel solo es cuestión de días, Ava, y lo sabes tan bien como yo. Su equipo aclarará este embrollo más pronto que tarde y, una vez que esté fuera, no querrá ni oír mencionar tu nombre —la presionó, solo para observar su reacción.

Entonces, Ava lo agarró de la mano, obligándolo a acercarse a ella, con una lágrima titilando en sus ojos.

—Me matarán, Bash. Y yo no quiero morir —murmuró, asustada.

—Ni yo que mueras, pero tampoco quiero verme involucrado en algo que no me concierne.

—¡Me lo debes! —exclamó Ava, nerviosa—. Y lo sabes.

—No esperaba oírte jamás rogándome que hiciese algo por ti —murmuró Sebastian, impresionado.

—Si quieres tomarlo como un ruego, allá tú, pero te recuerdo que aún puedo hacer de tu vida un infierno.

Empezando por descubrir ciertas facetas de tu tío Richard públicamente, con lo que perdería toda su credibilidad y, consecuentemente, su puesto de trabajo, ese del que tan orgulloso os sentís toda la familia… —lo amenazó.

—Richard es mayorcito, sabrá arreglárselas —la interrumpió Sebastian. Quería que ella diese su brazo a torcer por una vez; pero ella no había terminado con su exposición.

—…y terminando por tu adorada Christine, que jamás volverá a ejercer como química, y que, probablemente, se arruine por completo cuando Boosting Chemistry sea señalada como la fuente de los efectos secundarios que muchos pacientes, aquejados de dolencias relacionadas con tratamientos médicos, han sufrido en los últimos años.

La marca de tu novia llega a muchas partes, Sebastian.

Su expresión había ido haciéndose más hosca a medida que ella explicaba su amenaza. Al terminar, Sebastian se acercó a ella bruscamente, sus ojos ardían de rabia y, aunque lo único que le apetecía en aquel momento era estrangularla con sus propias manos, se limitó a gruñir en voz baja.

—¡Eso es mentira! Boosting Chemistry jamás ha participado en…

—Eso no importa, Bash. Lo único que importa es la información que se divulgue, y que hoy en día, por desgracia, nadie contrastará. Si la empresa de los Pearl pierde su credibilidad, no podrá reponerse, no después de lo que ocurrió con la BPCP. Y será solo culpa tuya.

Sebastian enmudeció, impresionado por la maldad de su antigua amiga, y negó con la cabeza, asqueado.

—Eres un veneno, Ava —consiguió articular.

—Imagina esa mansión de Camden, o la deliciosa villa en la que pasa ahora mismo sus vacaciones Christine, esa que adora tanto como a sus padres. Imagina ahora cuán disgustada estaría al enterarse de que tú pudiste evitar que su familia cayese en desgracia y…

—No puedo creer que alguna vez pensases en tenerme, siendo tan retorcida —escupió airado.

—¡Oh, cariño! ¡Eso sería lo más sencillo de todo! Lo que ocurre es que no me gustan los retos fáciles, pero ten por seguro que, si yo lo deseara, caerías rendido a mis pies.

—Eso ni lo sueñes.

Ava se sentó de nuevo muy derecha en la silla, miró a Sebastian a los ojos con una frialdad criminal y cambió drásticamente de estrategia.

—Necesito tu ayuda, necesito a alguien inteligente y capaz que me ayude a descifrar qué está ocurriendo, por qué me quieren a mí y quién está tan empeñado en ocultar mi trabajo, aun sabiendo que yo jamás desvelaría información confidencial.

Y estoy totalmente segura de que el punto de partida es ese mismo lugar donde la policía encontró a los terroristas.

Debe haber algo allí, algo grande, pero no puedo ir allí sola. No… quiero ir allí sola.

Sebastian la miró a los ojos durante unos segundos.

Sabía que ella cumpliría con sus amenazas si no accedía, y no quería que ninguna de ellas llegase a buen puerto; pero además, sentía una tremenda curiosidad por averiguar todo lo que ella había puesto sobre la mesa: quién estaba detrás de aquellas amenazas, por qué era ella el objetivo, qué buscaba conseguir esa persona…

y también qué información conocía Ava sobre su tío.

De hecho, aquello le intrigaba profundamente, ya que supuso que la relación que se inició entre ambos cuando él y Ava se conocieron, se había mantenido a lo largo de sus años de ausencia, y deseaba con todas sus fuerzas tener algo de poder sobre él.

Quizá, de esa manera, podría obtener toda esa información que Richard llevaba años negándole insistentemente.

Así que, finalmente, asintió.

—Si vamos a colaborar, tengo que poder fiarme de ti. Voy a involucrar a Olivia en todo esto y no pienso permitir que afecte a su carrera.

—No tienes por qué involucrar a Olivia, sabes perfectamente cómo conseguir información. Aprendiste de la mejor —se jactó.

—Mis métodos, Ava, o no hay trato. Yo tengo mucho que perder si decides hacer de mi vida un infierno, como has dicho, pero creo que tampoco tienes otra opción mejor que yo, ¿me equivoco?

—No, no te equivocas —respondió Ava, bajando la cabeza.

—Entonces, ¿hay trato?

—Siempre y cuando me dejes libertad para actuar cuando lo crea conveniente y sin darte explicaciones —se apresuró a aclarar.

—Si lo que tengas pensado hacer no me afecta ni a mí, ni a mi familia o a mis amigos, tienes vía libre. Y espero que no estés oxidada, tendrás que utilizar todos esos recursos de los que tanto alardeas para poder llegar al fondo de este asunto.

—Tranquilo, tengo muchos hilos de los que tirar, sobre todo cuando es mi cuello el que está en juego.