Sebastian: Celos (Sebastian 2) Capítulo 10
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Capítulo 10

El inicio del juego

—¡Sebastian! ¡Despierta, Sebastian!

Alguien estaba golpeando la puerta del dormitorio insistentemente. Sebastian abrió los ojos sobresaltado y miró su reloj: las cinco de la mañana.

—¿Quién es? —susurró.

—¿Quieres abrir la puerta o vas a esperar a que despierte a toda la casa?

Sebastian se deshizo del sueño con rapidez al darse cuenta de que era la voz de Olivia la que lo llamaba.

Se puso en pie de un salto, ese cosquilleo inconfundible de que algo malo había ocurrido recorrió su espina dorsal, y antes de abrir la puerta, supo que Ava había dado el pistoletazo de salida a su retorcido plan, cualquiera que este fuese.

—¡Deja de gritar! —susurró, saliendo al pasillo—. No soy sordo.

—¡Es culpa tuya por tener siempre el móvil en silencio! —lo increpó Olivia, vestida aún con el camisón de dormir y totalmente despeinada—. Es Richard. Está detenido, y de momento no ha sido puesto a disposición judicial.

—Sabía que empezaría por ahí —murmuró Sebastian, contrariado—. ¿De qué se le acusa?

—De alta traición.

—¡Eso es absurdo! —bramó Sebastian, indignado. Olivia le instó a bajar la voz, preocupada por despertar a Christine—. Tenemos que volver a Londres inmediatamente, necesito saber qué piezas ha movido ella antes de que sea demasiado tarde para intervenir.

—¿Ella es… Ava? —preguntó Olivia, incrédula—. ¿Piensas que está detrás de todo esto?

Sebastian le relató brevemente a Olivia el contenido del mensaje que había recibido la noche anterior; entonces, comprendió.

—El próximo vuelo sale dentro de tres horas. Si nos damos prisa, llegaremos al aeropuerto a tiempo —expuso Olivia.

—Entonces, será mejor que nos adelantemos nosotros. Me parece absurdo alertar a las chicas, quizá no sea nada importante y podamos estar de vuelta a última hora del día, o mañana a más tardar.

—Sí, es lo mejor. No quiero trastocar el sueño de Bianca. Si las chicas se quedan aquí, podrán disfrutar de las vacaciones que tanto se merecen, y si Christine viniese con nosotros, Meredith no querría quedarse aquí sola.

—Coge solo lo imprescindible y vayámonos. Le dejaré una nota a Christine para que se quede tranquila.

—Nos vemos en la puerta en quince minutos.

—Tardaré diez, a lo sumo —dijo Sebastian, volviendo al interior de su dormitorio.

***

Christine se despertó cuando el sol rozó sus mejillas por la mañana. Se desperezó voluptuosa, recordando el momento tan excitante que había vivido junto a Sebastian la noche anterior y, sin abrir los ojos, buscó el cuerpo de su amante con sus dedos; pero no lo encontró a su lado en la cama.

Sorprendida, Christine abrió los ojos y, en el lugar donde había pasado la noche Sebastian, encontró una nota dirigida a ella, escrita con la inconfundible caligrafía de su amante:

“Han arrestado a Richard. Olivia y yo hemos cogido el primer avión a Londres para intentar averiguar qué está ocurriendo.

No hemos querido despertaros, espero poder resolverlo todo hoy mismo e intentaré estar de vuelta antes de que me eches de menos.

Discúlpanos a Olivia y a mí con tus padres, explícales que no hemos tenido otra opción.

Te quiero, y siento haber tenido que marcharme así.

Ash.”

Christine palideció. Apenas había podido disfrutar de un solo día de vacaciones junto a él, pero se trataba de Richard, y comprendió que era imperativo que Sebastian viajase con premura a Londres.

Sin embargo, aquella sensación que sintió desde que llegaron a Italia volvió a invadirla, llenándola de desazón.

¿Qué podía haber pasado para que el intocable Richard Fortress estuviese entre rejas?

La respuesta no se hizo de rogar: el rostro de la misteriosa Ava apareció con claridad en su mente.

Sebastian tenía razón, el juego había empezado.

Apesadumbrada, se puso su bata de seda y bajó a desayunar a la cocina, donde se encontró con Meredith y Bianca, que llevaban ya despiertas un buen rato. Joanne y Meredith charlaban animadamente, y cuando Christine hizo acto de presencia, ambas se giraron para darle la bienvenida.

—Olivia se ha marchado con él, no te preocupes —intentó tranquilizarla Meredith al ver su semblante alicaído.

—Ya, Sebastian me ha dejado una nota —respondió Christine en voz baja.

—Hija, esto es normal en la vida de un policía, no te apures tanto —intervino Joanne.

—No, mamá, hay algo oscuro detrás de todo esto —respondió Christine—. Esperemos que todo sea una confusión y que regresen lo antes posible, pero algo me dice que eso no va a ocurrir. Tengo un presentimiento desde anoche, y no me dice nada bueno.

—¿Quieres que volvamos a Londres también? —preguntó Meredith.

Christine se quedó en silencio unos instantes, valorando aquella opción, pero negó con la cabeza.

—Acabo de llegar, quería pasar unos días con mis padres y no voy a hacerles el feo de marcharme veinticuatro horas después de llegar. Además, quiero que Bianca y tú lo paséis bien aquí, al menos así el viaje no habrá sido en balde. Nos quedamos —sentenció, esbozando una breve sonrisa.

—Míralo por el lado bueno —dijo Meredith—. Ellos estarán encantados de pasar unos días a solas haciendo lo que más les gusta, que es meterse en líos. Así, cuando vuelvan, los cogeremos con más ganas —terminó, con una sonrisita cómplice.

—Espero que solo sea eso.

***

Cuando Sebastian y Olivia llegaron a la comisaría de Holborn, nerviosos por conocer los detalles de la detención, el inspector Callum, compañero y responsable directo de Olivia, estaba esperándolos con cara de circunstancias.

—¡Vaya! ¡Habéis sido más rápidos de lo que esperaba! Pensaba que al menos tardaríais un día en…

—¿Qué ha pasado, Logan? —lo interrumpió Olivia, ansiosa por acabar con todo aquello lo antes posible para volver a Italia junto a Meredith.

—Siento haber interrumpido tus vacaciones, pero sabiendo que Sebastian es el sobrino de Richard, pensé que…

—Logan, por favor, dinos cuáles son los cargos que se han interpuesto contra mi tío —lo interrumpió esta vez Sebastian. Logan cerró la boca de golpe y asintió.

—Se le acusa de haber filtrado información confidencial referente a la Casa Real, una información a la que muy pocas personas tenían acceso.

—¿Y se puede saber de dónde ha venido esa acusación? —insistió Sebastian, barruntándose cuál era la fuente de la misma.

—No se ha revelado la identidad del denunciante, pero al parecer ha adjuntado fotografías que no dejan lugar a dudas de la confidencialidad de los documentos a los que ha tenido acceso, y ha alegado que ha sido tu tío quien se los ha facilitado.

—Estoy seguro de que ha sido ella, igual que sé con seguridad que tiene acceso a cierta información top secret a la que ni siquiera mi tío puede aspirar —murmuró Sebastian, contrariado.

—¿Quién es ella? —preguntó Logan, muy interesado.

—Eso ahora no importa. Lo único que necesito saber es dónde está retenido Richard. Necesito hablar con él cuanto antes. Imagino que lo habrán llevado a…

—Está aquí, en el calabozo —lo interrumpió esta vez Logan, sonriendo al sorprender al pedante detective.

—¿Aquí? ¿Pero por qué? Debido a su cargo diplomático, debería…

—Lo traje yo para que pudieseis tenerlo a mano, imaginé que eso sería lo mejor para todos —añadió Logan, triunfante—. ¿Queréis bajar a verlo?

Olivia y Sebastian no salían de su asombro.

Logan Callum podría ser su superior, pero hasta entonces no había hecho más que tímidos intentos por destacar en el cuerpo; sin embargo, esta vez se había lucido, aunque Olivia estaba segura de que solo intentaba deslumbrar a Sebastian, quien se había erigido rápidamente en el consultor oficial de la comisaría, dejando a la altura del betún al resto de compañeros.

—Llévanos con él. No hay tiempo que perder —dijo Sebastian.

***

Al bajar al calabozo, Sebastian se encontró con el rostro impertérrito de su tío Richard, que los miraba calmado.

Vestía un traje azul de raya diplomática impecablemente planchado y sus zapatos parecían acabados de salir del limpiabotas más esmerado.

Olivia pensó que era imponente, incluso encontrándose en la difícil situación en la que se encontraba.

—Nunca pensé que mis ojos contemplarían esta imagen —se jactó Sebastian, con una sonrisa pretenciosa—. Mi tío, el estandarte de Gran Bretaña, ¡entre rejas!

—¿Has venido a ayudar o a burlarte? —preguntó Richard, alzando una ceja.

—Tenéis diez minutos —intervino Logan—. Mientras tanto, haré unas cuantas llamadas que tengo pendientes y así podréis hablar tranquilos.

—Ya has oído al inspector Callum, tío, vayamos al grano. Dime qué es lo que ha ocurrido —dijo Sebastian, dejando a un lado la broma y centrándose en lo importante.

—Nada que no esperásemos —empezó Richard—.

Es simplemente una estratagema para quitarme de en medio, Bastian.

Mañana, mi nombre estará en todos los titulares de las grandes publicaciones y se me acusará públicamente de filtrar información confidencial relativa a la Casa Real que, por supuesto, yo no he filtrado.

De hecho, ni siquiera tenía acceso a esos archivos.

—Sebastian miró a Olivia y ella asintió.

—Me temo que Ava está detrás de todo esto —confirmó Sebastian, mostrándole a Richard el mensaje de texto que había recibido la noche anterior—, imagino que será un “castigo” por no haber tenido en cuenta su petición. Ya sabes que ella es muy dada a este tipo de represalias.

—Estoy seguro de que ella está implicada, y no solo por eso. ¿Recuerdas el comando terrorista que fue desarticulado hace unos días?

—El que estaba asentado bajo la Torre de Londres… —comentó Olivia.

—Exacto. Pues, “sorprendentemente”, todos los detenidos me han apuntado directamente a mí como la mano en la sombra.

Sus declaraciones, y una transferencia millonaria a una supuesta cuenta a mi nombre en Suiza, me incriminan directamente.

Y sabemos de sobra que el dinero no es ningún problema para la señorita Lutman, así que no tengo dudas sobre quién es la responsable de que yo me encuentre aquí.

—La cuestión entonces es qué podemos hacer nosotros para ayudarte —dijo Sebastian, coincidiendo plenamente con la exposición de su tío.

—Nada en absoluto. Todo esto es ridículo y solo es cuestión de tiempo que se demuestre mi inocencia; lo importante es que, conmigo fuera de juego, ella tiene más posibilidades de conseguir lo que sea que esté buscando.

—¿Alguna pista de qué es lo que puede ser? —inquirió Olivia.

—Aún no. Revisé todos los informes, archivos y declaraciones que posee Scotland Yard con referencia a la señorita Lutman, pero todo quedó cerrado y aclarado en su momento.

—Te refieres a lo que ocurrió en la facultad de Medicina —apuntó Sebastian.

—Entre otras cosas. Ya sabes que a Ava le gusta meterse en líos, en eso os parecéis demasiado, así que puedes hacerte una idea de en cuántos casos ha aparecido su nombre a lo largo de todos estos años en los que no has tenido noticias de ella.

—No, no puedo hacerme a la idea. Ilústrame —indicó Sebastian, mirando a Richard muy serio.

—Bastian, esa mujer es muy peligrosa y ha elegido una rama de la medicina que también lo es. Ha realizado muchas operaciones no autorizadas a petición de personas muy importantes, pero también otras que han servido para enturbiar una investigación judicial o un proceso penal.

—Cirugía estética facial… —murmuró Olivia, asombrada.

—Y alargamiento de miembros, cambios de sexo, sustitución de córneas… La lista es interminable, querida.

—De todas formas, no comprendo el empeño en involucrarte, ni tampoco el por qué de su amenaza contra ti, sobre todo porque contaba contigo para que la protegieras.

Si no fueses mi tío, pensaría que tienes algo que ocultar.

—Sebastian miró a su tío a los ojos, convencido de que, si había algo, él lo detectaría en aquel instante; pero la mirada de Richard era limpia, y rápidamente, descartó la idea.

—Pues puede que esa sea la razón, lograr que tú dudes de mí, aunque no sé con qué fin. Lamento no poder ser de más ayuda en este caso, sobre todo porque me da la impresión de que voy a pasar más días de los que imagino aquí encerrado —zanjó Richard, visiblemente contrariado.

—Tiene que haber algo más, algo que se le haya pasado al servicio de inteligencia británico —añadió Sebastian.

—Habla con ella, tú la conoces mejor. Quizá contigo sea más sincera que con el resto del mundo, dado el pasado que os une.

—Creo que eso es precisamente lo que ella desea —gruñó Sebastian, malhumorado de repente.

—¿Qué te ocurre? —preguntó Richard, extrañado—. Creí que te resultaría atractivo investigar a esa mujer. Es un caso hecho a medida para ti, un reto personal, como tanto te gusta.

—No me resulta atractivo, que esa mujer está loca ya me quedó claro en su momento. Además, esto va a afectarle mucho a Christine, y no quiero que ella se preocupe por algo que no existe ni nunca existió.

—¿Celos? ¿Christine está celosa de Ava? —preguntó Richard, sorprendido—. Aunque, bien mirado, lo veo totalmente lógico. Esa mujer es una bomba sexual y resulta que se ha antojado de ti.

—Ella no tiene nada que hacer conmigo —aclaró Sebastian—; el problema es que Christine duda de eso.

—Bien, entonces céntrate en averiguar lo que sea que esté tramando lo antes posible, así Christine no tendrá razones para preocuparse.

—Tenemos trabajo, Olivia —masculló Sebastian—. Vámonos ya.

Sebastian giró sobre sus talones con una expresión lívida en su rostro; pero cuando no hubo dado más que tres pasos, Richard volvió a dirigirse a él.

—¡Ah! Y Bastian…

—Dime —respondió, girándose para mirarlo.

—No la subestimes. Ya te ocurrió una vez, no vuelvas a caer en el mismo error de nuevo. Ava siempre va un paso por delante, no lo olvides.

Sebastian asintió y se lanzo escaleras arriba, loco por empezar a trabajar. Olivia, sin embargo, se acercó a Richard antes de marcharse y lo miró con compasión.

—Te prometo que haremos todo lo que podamos para sacarte de aquí lo antes posible y limpiar tu nombre frente a toda la nación.

—Intenta que se centre —respondió Richard, mirando hacia las escaleras por las que Sebastian había desaparecido—, no sabemos a qué nos enfrentamos.

—Descuida, lo haré.

—Y métele prisa. Creo que sería capaz de dejarme aquí una semana con tal de fastidiarme por todas las veces que le he puesto vigilancia no deseada.

Olivia soltó una risotada y negó con la cabeza ante la ocurrencia.

—Eso ni lo dudes.