Capítulo 1 #2
—Yo no lo recuerdo de esa manera —respondió Sebastian, muy serio—. Más bien tengo la extraña sensación de que lo pasé muy mal a tu lado, en general. Sobre todo cuando estuvieron a punto de expulsarme porque decidiste señalarme como culpable del robo de aquel cuerpo de la morgue.
—Awww… ¡Qué mono eres! —exclamó Ava, sonriendo—. Como comprenderás, no iba a contar que había sido yo quien lo había robado, ¡qué habrían dicho sobre mi familia en el comité de admisión!
Sebastian respiró hondo, alzó las cejas exasperado y empezó a dirigirse de vuelta hacia la puerta.
—Creo que hemos terminado, Ava. Como te he dicho, no puedo ayudarte.
—Bien. Entonces, tendré que utilizar mis propios recursos —respondió, contoneándose hacia Sebastian—, pero luego no te quejes de que no te lo advertí.
Al llegar a su lado, Ava no pudo evitar la tentación de acariciar la mandíbula de Sebastian con delicadeza, mientras lo miraba con una amenaza en sus ojos.
—No me toques —gruñó Sebastian en voz baja, al tiempo que agarraba su mano con rapidez y la retiraba bruscamente de su rostro.
Sin embargo, Ava no se movió, continuó con su mirada clavada en los profundos ojos verdes del hombre que intentaba deshacerse de ella, encantada con el roce de sus dedos sobre el dorso de su mano.
—Ummm…, se ve que esa gatita de ondas doradas tiene las uñas afiladas, ¿eh? —se mofó—. Antes no eras tan remilgado conmigo, Bash.
Sebastian, profundamente impresionado aún por lo que estaba ocurriendo, se limitó a mirarla fijamente, sin mostrar ninguna expresión concreta en su rostro.
—No sé a qué ha venido esto, Ava. Sabes que no quiero tener nada que ver contigo.
—Sabes perfectamente por qué estoy aquí —respondió con un toque agresivo en su tono de voz—.
Puedes hacerte el inocente delante de tu novia, pero a mí no me engañas.
Si quieres que tu tío Richard no se vea envuelto en un escándalo que quizá termine con su carrera y con su reputación, hablarás con él.
Y cuando hayas llegado a un acuerdo, te pondrás en contacto conmigo, ¿entendido?
Sebastian apretó los labios, pero no respondió.
Volvió a mirar a Christine, quien no era capaz de levantar sus ojos de aquella criatura malévola y retorcida, y notó la aprensión en la tensión de su cuerpo.
Lo último que deseaba es que ella se sintiese así, después de todo lo que había ocurrido con Charles, y se odió por ser el origen de su preocupación.
Entonces, volvió a mirar a Ava, y supo que ella no se detendría, ni por él, ni por Christine, y mucho menos por Richard. Así que, a su pesar, asintió.
—Hablaré con Richard —prometió en un murmullo—, pero eso será lo único que haré por ti.
—Eso ya lo veremos —respondió Ava con voz melosa—.
Buenas noches, señoritas, imagino que nos veremos pronto de nuevo.
—Ava se dirigió hacia la puerta del salón y, cuando casi llegó junto a ella, se volvió de nuevo para mirar a Sebastian—.
No intentes localizarme, me pondré en contacto contigo dentro de un par de días, a lo sumo.
—No quiero que vuelvas a aparecer por aquí —la amenazó Sebastian, fundiéndola con su mirada.
—Tranquilo, no pienso hacerlo. Aunque no lo creas, sé perfectamente cuando no soy bienvenida. Tengo otras formas de localizarte. Te llamaré, estate atento al teléfono.
Y sin esperar a que nadie la acompañase hasta el recibidor y le abriese la puerta, Ava desapareció en un abrir y cerrar de ojos.
Sebastian intentó recuperar su respiración normal, agitada por haber tenido que contener su ira contra ella, y se giró hacia las chicas que, en completo mutismo, lo taladraban con su mirada.
Pero, antes de dejar espacio para las preguntas que seguro lloverían sobre él, se acercó a Christine y la miró a los ojos.
—No te he mentido, así que no pienses lo que estás pensando.
—No pienso nada —respondió Christine, mostrando su indignación.
—Será mejor que os dejemos a solas.
Meredith hizo el ademán de levantarse del sofá, pero la mano de Olivia la detuvo.
—No. No pienso irme sin saber quién es esa mujer, Sebastian, y mucho menos sin comprender por qué la has dejado pasar, si tanto te incomodaba.
—Te hablé de ella no hace mucho, creía que me escuchabas —respondió Sebastian insolente. Al ver la confusión en el rostro de su amiga, continuó—. En cualquier caso, no es momento para hablar de ello. Creo que le debo una explicación a Christine y tiene que ser en privado.
Ofuscada, Olivia se levantó del sofá de un salto, aceptando que no iba a conseguir nada más de su amigo aquella noche. Miró a Christine y le dedicó una sonrisa llena de comprensión.
—Por si sirve de algo, Sebastian no es un mentiroso. Entiendo que estés molesta, todos lo estamos, pero escúchalo antes de tomar una decisión sobre tu postura al respecto.
Christine respiró hondo, pero asintió con determinación.
—Mañana me pasaré por la comisaría a primera hora —prometió Sebastian.
—Más te vale.
Cuando ambas mujeres se hubieron marchado, Sebastian cerró con llave la puerta de su apartamento y, reuniendo todos los arrestos que tenía, se giró para enfrentar a Christine.
—No es una ex, ni nada parecido. Cuando te dije que eras mi primera vez, decía la verdad.
—Lo sé —respondió Christine, sorprendiéndolo—. No dudo de tus palabras, pero no entiendo lo que ha pasado esta noche, por qué, como ha dicho Olivia muy acertadamente, has permitido que alguien así entrase a esta casa.
—Es una larga historia. Ven conmigo, voy a servirte una copa.