Sean (Dublín 1) 17 #3
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Tomó un sorbo y decidió animarse, porque por mucho que le diera vueltas a lo que pasara o dejara de pasar con Isabelle, no estaba en su mano cambiarlo y más le valía empezar a aceptarlo.

Total, seis semanas de relación no era para echar las campanas al vuelo y si, cómo le acababa de asegurar Caitlin, las relaciones siempre provocaban tensiones y frustración, a lo mejor se había equivocado intentando mantener una, porque él no estaba hecho para eso.

Él, lo más seguro, es que había nacido para estar solo.

─Jefe.

Jeremy llamó su atención, lo miró y lo vio hacer un gesto con la cabeza. No entendió nada y no se movió hasta que lo repitió y no le quedó más remedio que girarse, fijar la vista y encontrarse con Isabelle entrando por la puerta principal.

Literalmente, saltó de la silla. De dos zancadas la alcanzó y sin mediar palabra la estrechó contra su pecho. La abrazó muy fuerte, con los ojos cerrados, aprisionándola como si se le fuera a escapar, hasta que ella se apartó para acariciarle la cara y mirarlo a los ojos sonriendo.

─Yo también te echaba de menos, señor Reilly.

─No más que yo, señorita Reagan. Gracias por venir.

─Éire me llamó para hablarme de la fiesta y no podía perdérmela. ¿Cómo estás?

─Ahora mucho mejor.

Volvió a abrazarla y se quedaron así mucho rato, él aspirando su perfume y sintiendo como su corazón latía pegado al suyo.

─Sean.

─¿Qué?

─Mírame.

─Te quiero ─Clavó los ojos en los suyos tan oscuros y profundos, y la besó sin dejar de mirarla.

─Yo también te quiero.

─Hoy he descubierto que eres la única persona a la que realmente me apetece ver, ¿sabes?

─No digas eso, hombre, que suena fatal ─se echó a reír.

─Pero es la verdad.

─Vale, yo también quiero verte a todas horas, pero también quiero charlar contigo. Necesitamos hablar, Sean.

─Estoy de acuerdo, cuando acabe esto…

─No, hablemos ahora, por favor, necesito zanjar lo que tenemos pendiente ya o no voy a estar tranquila. Solo serán unos minutos, te lo prometo.

─Está bien. ─resopló─ ¿Vamos al despacho?

─No hace falta ─Lo cogió de la mano y se lo llevó de vuelta a la barra─. Siéntate.

─Venga, dispara.

─Vale. Primero te quería pedir disculpas, sé que exageré enfadándome tanto el sábado en casa de tus padres, aunque también me alegro de haber dejado clara mi postura con respecto a una situación tan tensa como la que provocó la madre de Patrick.

─De acuerdo, yo también lo siento.

─Tengo clarísimo que lo que pasó no fue culpa tuya, que te sacaron de quicio y que debería haber sido más compresiva y apoyarte, pero es que mi situación personal no es como la de todo el mundo y suelo reaccionar fatal cuando la gente, no solo tú, intenta protegerme.

─¿A qué te refieres?

─A que soy la hija pequeña de una familia muy protectora, a la que a los doce años le diagnosticaron una diabetes.

¿Te imaginas cómo me han tratado toda la vida mis padres, mis hermanos, mis familiares, mis amigos o mis profesores?

Me ha costado mucho demostrar que puedo hacer una vida normal y autosuficiente, y me saltan las alarmas cuando alguien habla de protegerme o defenderme.

─No te estaba defendiendo porque te vea frágil, porque no lo eres, intentaba protegerte porque te amo y no voy a tolerar jamás que alguien te falte al respeto. Me da igual que esto te suene machista o anacrónico, es así como lo siento y sé que tú harías lo mismo por mí.

─Por supuesto ─Le sonrió y le acarició la mejilla─. A lo mejor es que los dos somos demasiado intensos y lo que deberíamos hacer, es aprender a bajar las revoluciones…

─¿Por qué?

─¿Cómo que por qué?, para no volver a hacernos daño.

─No tenemos por qué hacernos daño. No pienso volver a pasarme de frenada, por supuesto, pero tampoco quiero poner puertas al campo. Esta es la primera vez en mi vida que me enamoro y quiero vivirlo tal como lo siento, aunque a veces podamos equivocarnos. Ya iremos aprendiendo.

─Sí, pero, si nos lo tomáramos con más calma y paciencia…

─Yo creo que deberíamos fortalecernos ─la interrumpió─, crear un frente común con el que encarar juntos lo que nos depare la vida y tirar para adelante, no “bajar las revoluciones” Nos ha costado un mundo llegar hasta aquí, amor, y si somos más vehementes que la media: aleluya.

Deberíamos vivirlo a tope, eso sí, como un equipo sin fisuras, como en el fútbol gaélico.

─Todos a una.

─Los dos a una, procurando que nadie pueda romper nuestra línea defensiva. Si logramos mantener eso contra cualquier interferencia ajena, ganaremos el partido.

Le sostuvo la mirada, pensativa, y luego asintió y le sonrió iluminando todo el local.

─Eres increíble, Sean Really, creo que nunca te he querido más que en este momento.

─Genial ¿Cuándo te vienes a vivir conmigo?

─¡Sean!

─Estoy bromeando ─Se le acercó acariciándole los muslos, pegó la boca a la suya y en ese preciso instante, Edward lo llamó desde el otro lado del salón.

─¡¿Sean O’Reilly!?, ¿dónde está el mandamás de todo esto? ¡Ven aquí, compañero!

─Ve, yo no me moveré del bar ─Le dijo ella, pero él la agarró de la mano

─No, no, señorita Reagan, desde hoy, usted no vuelve a separarse de mí.

Cruzaron todo el salón juntos, se acercaron al pequeño escenario que había preparado Pam, le dio un beso en la boca y la dejó junto a sus padres, para subir a dar un pequeño discurso de agradecimiento.

─Lo primero, gracias a todos por venir hoy aquí ─aplausos─.

Lo segundo y no menos importante, dar gracias a mi equipo, que ha capeado conmigo una gran tormenta que empezó el pasado mes de febrero y que solo amainó hace un par de semanas, cuando Edward O’Donnell Guinness y su gente,

nos ofrecieron un apoyo económico y empresarial que nos permitirá seguir vivos y muy presentes en Dublín, con nuestro locales, durante muchos años.

─Somos familia, no podía negarme. ─Bromeó Edward quitándole el micro y otra vez estallaron los aplausos.

─Eso es cierto, somos familia, pero ahora además seremos socios y no te defraudaremos. Muchas gracias, Eddie, por confiar en nosotros. ─Pidió una jarra de cerveza y la levantó─. Por Reilly S.L. y por todas las personas que la formamos. Sláinte!

─Slàinte! ─Gritó todo el mundo.

─Un momento. ─los hizo callar─. Antes de seguir la fiesta, también quiero aprovechar y dar gracias al universo por algo más personal. La mayoría aún no lo sabéis, pero quiero hacerlo oficial: estoy enamorado, me he comprometido y soy un hombre nuevo.

─¡Bravo!

─Slàinte!

─Slàinte!

Gritó todo el mundo y él saltó a la pista para abrazar a Isabelle y darle un beso de película.

Se lo merecían y no pensaba contenerse.