Sean (Dublín 1) 14
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─¿Has recogido la cocina?

Isabelle salió a la terraza despeinada y somnolienta, envuelta con un edredón, y él la miró sonriendo.

─Me he levantado pronto, no quería despertarte y decidí hacer algo útil.

─Esto no hace más que mejorar ─Se sentó en la tumbona donde llevaba media hora esperando a que despertara, y se le abrazó al pecho─. Ahora ya sé que eres prácticamente perfecto, Sean Reilly.

─Solo un poco maniático de la limpieza y el orden.

─Lo dicho: prácticamente perfecto. ─Lo besó y lo cubrió con su edredón─. Ya hace frío a estas horas, parece que al fin ha llegado el otoño.

─Yo prefiero el verano.

─Como casi todos los que viven en Irlanda.

─Y también fuera de Irlanda.

─En eso tienes razón, conozco a muy poca gente a la que le guste el frío y la lluvia otoñal como a mí.

─Eso es porque has nacido en otoño.

─¿Sabes cuándo es mi cumpleaños? ─Se incorporó para mirarlo a los ojos y él se echó a reír.

─Por supuesto que sé cuándo es tu cumpleaños, el 30 de septiembre. Sé muchas cosas sobre ti, señorita Reagan, llevo tres años observándote.

─Vale, eso suena o muy bonito o muy inquietante ─frunció el ceño y él se echó a reír.

─Solo es romántico.

─Ok, mejor vamos a dejarlo. ¿Cuándo es tu cumpleaños?

─El 18 de abril.

─Primavera, qué bonito.

─No está mal.

─¿Y qué te gusta hacer para celebrar tu cumpleaños?

─Viajar. Antes, cuando tenía menos trabajo, solía ir al Algarve portugués. Buen vino, buena comida y buenas olas para hacer kitesurf.

─Qué buen plan, a mí también me encanta el kitesurf.

─Lo sé.

─Madre mía ─entornó los ojos─ ¿Qué te puedo contar de mí que ya no sepas?

─Muchas cosas, como por ejemplo, ¿qué te gusta hacer a ti por tu cumpleaños?

─También viajar, este año quería ir a Islandia o a Noruega a ver las auroras boreales, pero creo que ya se me ha echado el tiempo encima.

He tenido mucho trajín, no he podido mirar nada con tiempo y allí hay que reservar con tiempo porque Escandinavia es carísima, sobre todo Reikiavik.

Me temo que ya tendrá que ser para el año que viene.

─Entiendo, pero…

─¿Estás saliendo con alguien?, ¿tienes novia? ─Lo interrumpió y él la miró entornando los ojos─. Ya que ahora sé que sabes demasiadas cosas sobre mí, puedo preguntarte sobre esto, ¿no?

─Puedes y no, no tengo novia. Nunca he tenido una novia formal y hace meses que no salgo con nadie.

─Vale.

─Escucha…

Le acarició la mejilla y le sostuvo la mirada decidiendo que había llegado el momento de ser completamente sincero con ella, porque, después de treinta y seis horas encerrados en su piso, alejados del mundo real, haciendo el amor, comiendo en la cama y disfrutando muchísimo juntos,

era hora de poner las cartas sobre la mesa.

─Me gustaría ser muy honesto contigo, Isabelle.

─Claro, por supuesto, ¿qué pasa?

─No, no pasa nada, pero ─respiró hondo─, quiero que sepas… necesito que sepas que desde que nos conocimos en Glastonbury no he dejado de pensar en ti. El hecho de te convirtieras primero en la novia y después en la prometida de Pat no me ayudó a olvidarte, lo intenté, pero fue imposible.

─Sean, yo…

─Escúchame ─le acarició los labios con el pulgar─.

Los sentimientos no se programan, simplemente surgen, te parten en dos y uno no se puede resistir ni luchar contra ellos, créeme, lo he intentado con todas mis fuerzas hasta me tuve que rendir y aceptarlos.

La suerte es que ahora, al fin, puedo mirarte a los ojos y decirte que me enamoré de ti en cuanto te vi en el puñetero festival de Glastonbury.

Sonrió y ella se atusó el pelo y suspiró.

─¡Joder! Qué bien sienta decirlo en voz alta, debí haberlo hecho hace años ─estiró la mano, la abrazó y la estrechó contra su pecho─. Tampoco quiero que te agobies o te sientas presionada, esto solo es una conversación sincera entre amigos que…

─Qué diferente hubiese sido todo si esa noche yo hubiese hecho caso a las señales y seguido a mi corazón ─lo miró limpiándose las lágrimas con el edredón─, porque esa noche en Glastonbury yo también me enamoré de ti, aunque Pat me hizo creer que eras inalcanzable y yo le creí.

─Se comportó como un auténtico cabrón, pero la mala noticia es que el pasado ya no podemos cambiarlo, amor. La buena es que ahora tú y yo estamos aquí juntos, con una gran segunda oportunidad por delante.

─Sí, pero…

─Como dice mi madre, en la vida todo es un aprendizaje y solo hemos perdido tres años aprendiendo.

─Visto así es un gran consuelo, pero hubiese preferido no perder el tiempo y de paso haberme ahorrado un montón de disgustos, empezando por esa fría y distante manera que tenía usted de comportarse conmigo, señor Reilly.

Bromeó, se echó a reír y él se cruzó de brazos moviendo la cabeza.

─Mis más sinceras disculpas, pero era por supervivencia. Básicamente, no podía soportar verte con Pat.

─¿Y después de Pat?

─Después de Pat seguías siendo la ex de un amigo y eso se respeta.

─Un amigo de mierda, el más desleal de los mortales, uno capaz de dejarte en la estacada sin el más mínimo cargo de conciencia.

─Cosas de tíos.

─Menuda gilipolléz. Gracias a Dios ya no estamos en la Edad Media.

─Lo sé y lo siento, pero en el barrio, en Swords, hay unas normas y unos códigos que son sagrados entre los colegas, sobre todo si te conoces de toda la vida, y mi lealtad me empujaba a respetarlos ─se acercó a ella y la besó─. Lo siento mucho, pero te lo compensaré. Lo prometo.

─Más te vale.

─Ponme a prueba.

─Igual te condeno a trabajos forzados, Sean Really ─Se escabulló de sus brazos, se puso de pie y le ofreció la mano─. Vamos dentro, no quiero escandalizar a los vecinos.

─¿Por estar aquí fuera charlando a medio vestir?

─No, cariño, por lo que te pienso hacer ahora mismo.