12
─Qué vergüenza, me quiero morir.
Apoyó la frente en la barra de su cocina americana y dejó que el pelo ocultara su bochorno y su sensación de torpeza máxima, porque había sido muy torpe.
─No entiendo nada, amiga, ¿qué ha pasado?, ¿por qué hemos salido corriendo de Farmleigh House? ─Preguntó Annie por enésima vez, poniendo la tetera─. Isa, por favor.
─Madre mía, madre mía, madre mía.
─¡Isabelle!
─Es que me da mucha vergüenza.
─Vale, pero soy yo y estamos las dos solas.
─Sean Reilly me ha hecho una cobra. ─Contestó al fin sin mirarla a la cara.
─¿Intentaste besarlo?, ¿en serio?
─Sí.
─Ok, muy bien ─se le sentó al lado para acariciarle la espalda─ ¿Qué ha pasado exactamente?, a lo mejor no ha sido tan grave.
─Lo ha sido, Annie, he metido la pata hasta el fondo.
─Cuéntamelo y podré hacerme una idea.
─Me lo encontré en el jardín, solo, sentado en unas escaleras y nos pusimos charlar, fue súper amable y comprensivo conmigo y…
─resopló, se enderezó y la miró a la cara─.
Primero, no sé cómo ni por qué, pero le solté que no debería haberme rendido con él en Glastonbury, que debería haber insistido un poco más.
─Eso es verdad.
─¡Pero no tenía por qué decírselo!
─De acuerdo, no te enfades. ¿Qué más?
─Parece que no se dio por aludido, aunque sí se enfadó bastante cuando le conté lo que nos había dicho Pat sobre que a él no le gustaban las irlandesas.
Lo desmintió rotundamente, se sentó a mi lado, le acaricié el brazo para demostrarle que le creía y…
de repente me habrá poseído el ente de la estupidez mayúscula porque… ─se tapó la cara con las dos manos.
─¿Qué?
─Nos miramos a los ojos, yo le sostuve la mirada… me acerqué demasiado y… estuve a un tris de besarlo.
─Vale, ¿qué más?
─¿Qué más?, que me hizo una cobra, ¿te parece poco?
─Isa.
─Y en parte doy gracias a Dios, ¿sabes?, porque en ese mismo instante aparecieron su hermana y su novia en esa zona del jardín.
─¿Tiene novia?, ¿qué novia?
─Geraldine O’Sullivan. Nada menos que una puñetera súper modelo internacional. ¡Mierda!
Se puso de pie de un salto y caminó por el salón pensando en mil opciones de escape a una situación tan penosa como esa.
Opciones como mudarse a otro país o meterse a monja de clausura.
Cualquier cosa con tal de no volver a ver en su vida a Sean Really; ese tipo espectacularmente guapo, uno de los solteros de oro de Dublín, al que solo una vez, en el Festival de Glastonbury durante una hora, había creído alcanzar, aunque todo se había desvanecido delante de sus ojos.
─Estamos en el siglo XXI y nos hemos ganado el derecho de intentar besar a un hombre.
─Annie le habló desde la cocina─. La gente lo hace continuamente y estoy segura de que Sean Really, si damos por hecho que se dio cuenta de tus intenciones, no se ha escandalizado, ni le has provocado un trauma.
Es un tío adulto y con experiencia de sobra.
─Claro que se dio cuenta de mis intenciones, me hizo la cobra.
─Y dale con la cobra, tú habrás hecho docenas.
─Es la primera vez que me la hacen a mí y tenía que ser él, joder.
─respiró hondo─ ¿Sabes cuánto me ha costado que dejara de ignorarme y empezara a tratarme como a una persona normal, algo parecido a una amiga?
, yo te lo voy a decir: dos años. En realidad, más de dos años, porque muy pocas veces hemos podido hablar como esta noche.
Sin prisas, a solas, tranquilamente, y yo voy y lo hecho todo a perder en veinte segundos.
¡Veinte puñeteros segundos, Annie!, qué vergüenza.
─Oye, cualquier tío mataría porque tú intentaras besarlo.
─Pero él no, porque cómo tú misma me has dicho en alguna ocasión, juega en otra Liga. Está en otra galaxia y encima tiene novia. Sin contar con que es el mejor amigo de mi ex y eso los tíos no lo perdonan.
─Con lo otra Liga me refería a que no es de nuestra edad ni de nuestro rollo, ni de nuestro círculo habitual, no a que no pudieras ligártelo, aún recuerdo como en Glastonbury fue a saco a por ti. Si no llega a ser por el imbécil de Pat Byrne, que se cruzó en tu camino, hoy en día estaríais juntos.
─No fue así.
─Fue exactamente así, yo estaba presente. Y sobre eso de que los tíos no van a por la ex de un amigo es relativo y muy antiguo, guapa, los tiempos han cambiado, gracias a Dios.
─Bueno, pero…
─De todas maneras, ¿quién va a tener en cuenta a un amigo como Patrick Byrne?
, ¿eh?, nadie en su sano juicio, menos aún Sean Reilly.
Te recuerdo que a ti te dejó de la noche a la mañana para escaparse con tu prima, pero a él lo abandonó y lo dejó colgado con una empresa en pleno crecimiento, un montón de empleados y muchas deudas.
Esto último lo sé de buena tinta, porque Hugh está gestionando sus créditos en el AIB[12] y me ha dicho que la situación que tiene es muy complicada.
Nadie entiende como no ha demandado ya al sinvergüenza ese que, para más Inri, le ha cobrado un pastón por su parte de la empresa.
─¿Le ha tenido que pagar su parte?
─Sí, pero yo no te he dicho nada, porque esto es información confidencial.
─Madre mía, Pat es de lo peor.
─Volviendo al tema de esta noche… ─Le clavó los ojos marrones─. Cobra o no cobra, ¿cómo es que te has lanzado a besar a Sean Really?
─No lo sé, fue un impulso.
─¿Un impulso?
─O el estrés, yo qué sé.
─El estrés no ha sido, Isabelle. Lo que a ti te pasa es que estás pilladísima por él desde se te acercó en Glastonbury. Sería más sencillo empezar a reconocerlo.
─No tengo nada que reconocer, primero necesito aclararme un poco y luego ya veremos.
─Está bien, pero mientras tanto créeme: cualquier tío mataría porque un pibonazo como tú intentara besarlo, así que menos dramas y vamos a cenar algo. ¿te parece? Voy a preparar unas tostadas y a mirar si tienes algo de fiambre o de queso. Me muero de hambre.
Asintió y la invitó a hacer lo que quisiera. Caminó hacia el ventanal que daba a su enorme terraza y lo abrió para salir a sentarse bajo las estrellas.
Se desplomó en una tumbona, cerró los ojos y repasó, otra vez, lo que había hecho esa noche: básicamente incomodar a un amigo y poner en riesgo una amistad que le hacía especial ilusión. Una salida del tiesto en toda regla y que en su sano juicio jamás se hubiese permitido.
La pregunta que le tamborileaba la cabera era: ¿por qué esa noche y en ese momento?
Patrick Byrne se había pasado toda su relación bromeando y pinchándola con Sean Really, recordando una y otra vez ─incluso en público─ que ella se había fijado en su amigo antes que en él.
Preguntándole continuamente si le parecía guapo, inteligente, un “buen partido”; alguien que seguramente él percibiría como una amenaza, sin embargo, ella nunca había entrado en la provocación y había dado por hecho que estaba bromeando.
Ahora, ahí sentada al aire libre, en plena noche de agosto y en completo silencio, se preguntaba hasta qué punto Pat había estado bromeando o si siempre había percibido, como acababa de decirle su mejor amiga, que a ella le gustaba Sean Really desde el principio, desde Glastonbury,
y que nunca había conseguido superarlo.
¿Sería eso y había llegado el momento de aceptarlo? o ¿Annie y Pat estaban equivocados y lo de esa noche solo había sido fruto del instante de intimidad y confidencias, de confianza, del marco incomparable donde se encontraban o del aroma de las flores?
─¿Te sientes mejor? ─su amiga apareció con una bandeja en la terraza y ella se encogió de hombros─. ¿Te quieres medir el azúcar?
─No hace falta, estoy bien, gracias.
─Poco a poco. ─le sonrió─. Oye, ¿dónde está el gato?
─Se lo ha llevado mi madre, le da pena que pase todo el día solo.
─Y tiene razón. Mira, he abierto la tabla de quesos que tenías en la nevera, parece estupenda aunque no traiga Roquefort. ¿Dónde la has comprado?
─Me la trajo Liam el otro día, creo que la compró en Sheridans Cheesemongers y como a él no le gusta el Roquefort, pues, ya sabes.
─¿Qué tal con Liam?, ¿vino solo?
Puso la bandeja en una mesita auxiliar y se sentó en la otra tumbona.
─Sí, vino solo y todo bien. Es imposible que dejemos de hablarnos, aunque su marido intente borrarme del mapa.
─Está chalado si cree que va a conseguir separaros o alejar a Liam de su familia. Yo que él pararía el carro o saldrá escaldado, alguien debería decírselo.
─No seré yo.
─Ni yo tampoco.
─Si en el fondo es muy buen chico ─suspiró─, y entiendo que está pasando por un momento horrible con el tema del bebé y todo lo demás, pero… hasta que no reflexione y se calme un poco, las cosas conmigo no van a mejorar.
─La verdad es que es un pelín intenso.
─Somos una familia de intensos ─Le guiñó un ojo.
─Todos menos Dallas ─la miró de reojo riéndose e Isabelle movió la cabeza─ ¿Nunca te has parado a pensar cómo se llevará con Pat cuando se les pase la pasión y el desenfreno?
─No.
─Porque él tendrá muchos defectos, pero es un tío abierto, muy divertido y…
De repente se quedó muda y se acercó a la barandilla de la terraza para mirar disimuladamente hacia la calle.
─¿Pasa algo?
─¿Sean Reilly no tiene un Stelvio?
─¿Qué?
─Sí, tiene un Stelvio y acaba de aparcarlo aquí abajo.
─No puede ser.
─Te lo juro. Se está bajando y viene para acá. Corre a lavarte la cara y a peinarte un poco.
─No puede ser ─Repitió y se puso de pie con el corazón saltándole en el pecho─ ¿Viene solo?
El timbre del telefonillo sonó alto y claro y las dos se miraron con los ojos abiertos como platos.
─¡Venga, muévete, Isa!, yo le abro.
─Pero…
Como no le respondió, se asomó ella misma a la calle y en seguida pudo ver a Geraldine O’Sullivan, maravillosa siempre, apoyándose en el capó del coche para encender un cigarrillo.
─¡Annie!
─¡¿Qué?! ─Se detuvo a un palmo de la puerta principal.
─No viene solo y lo siento, pero no me apetece verlo.
─¿Por qué?
─Porque no, no sé, igual quiere aclarar lo que pasó esta noche. Se lo habrá pedido su novia y yo no… dile que me he ido a la cama.
─¿Esa es la conclusión que has sacado en dos minutos?
La observó con los ojos entornados, sonó un segundo timbrazo y sin dejar de mirarla, estiró la mano y pulsó la pantalla del telefonillo.
─Hola, Sean.
─Hola, Annie, siento molestar a estas horas.
─No pasa nada, estábamos cenando, ¿en qué te puedo ayudar?, ¿va todo bien?
─Al parecer, Isabelle se dejó el teléfono móvil en Farmleigh House, alguien lo ha encontrado en la terraza, en el jardín donde habíamos estado charlando, y di por hecho que sería el suyo ─lo puso delante de la cámara de seguridad─. ¿Lo reconoces?
─Espera un segundo.
Le hizo un gesto y ella se acercó a su bolso, lo volcó sobre el sofá y se dio cuenta de que, efectivamente, no tenía el teléfono móvil.
─Es el suyo, Sean, mil gracias por traerlo. Qué detallazo.
─No pasa nada, me pillaba de camino. ¿Os lo subo? ─Isabelle negó con la cabeza y Annie frunció el ceño durante un segundo eterno─. Sí, sí, claro, muchas gracias. Ahora te abro.
Pulsó la llavecita que abría el portal y ella la miró con la boca abierta.
─¡Anne!
─Pero… ¿a ti qué te pasa?, que no tenemos catorce años y esto no es una novela de Jane Austen, jolines. Compórtate y atiende al pobre chaval ha venido hasta aquí para no dejarte sin teléfono.
─Me cachis en la mar.
Se miró en el espejo del pasillo y antes de darse cuenta, Sean Really en persona estaba entrando en su casa en mangas de camisa y sin corbata.
─Buenas noches, espero no haberos sacado de la cama.
─Claro que no ─respondió Annie─. Estábamos cenando tan tranquilas en la terraza. ¿Te apetece tomar algo?
─No, gracias, mi hermana y Geraldine me están esperando en el coche para que las lleve a Malahide.
─¿Te están esperando las dos abajo? ─Preguntó Annie con cara de inocente e Isabelle decidió intervenir y acercarse a saludarlo.
─Hola, Sean, muchas gracias por venir hasta aquí.
Se le acercó y sin venir a cuento le tocó el brazo como si fueran dos colegas del rugby. Él le sonrió y ella se dio cuenta de que no le podía quedar mejor esa camisa de sarga celeste hecha a medida.
─Sin problema, me imaginé que querrías recuperarlo en seguida.
─No lo había notado aún, pero si mañana me despierto sin él me hubiese dado un ataque ─Lo cogió y dio un paso atrás─. Muchísimas gracias, te debo una.
─Ya me la cobraré ─le guiñó un ojo─. En fin, no os molesto más. Buenas noches.
─Hasta luego y gracias otra vez.
Observó cómo le daba la espalda y salía hacia el rellano, y, aunque una parte de su cabeza estaba deseando que desapareciera, otra más fuerte no pudo soportarlo y decidió, en el último momento, detenerlo antes de que se subiera al ascensor.
─Sean.
─No me des más las gracias, que no ha sido para tanto.
─No es eso ─apretujó el teléfono, respiró hondo y aceptando que en efecto no tenía catorce años, lo miró a los ojos y le sonrió─. Ya que has venido, te quería pedir disculpas si esta noche te he hecho sentir incómodo.
─¿A qué te refieres?
─Bueno, si no lo sabes, entonces es que no tiene importancia. Olvídalo. ─Se despidió con la mano, se dio la vuelta y él la llamó.
─Espera, ¿te refieres a que casi nos besamos?
─Bueno… en realidad, casi te beso yo y no sé por qué lo hice. A mí me importa mucho tu amistad, me importas mucho tú y no me gustaría que este gesto impulsivo estropeara…
Guardó silencio al ver que se le acercaba de dos zancadas y, antes de darse cuenta y poder reaccionar, sintió cómo la sujetaba por el cuello.
Levantó los ojos, miró los suyos por primera vez a esa distancia tan corta y lo siguiente que sintió fue su boca pegada a la suya; su aliento caliente estremeciéndola de arriba abajo.
Separó los labios, él se los acarició con la lengua y simplemente la besó.
─Nunca te disculpes conmigo por un beso, Isabelle ─le susurró sobre la boca antes de separarse de ella y entrar en el ascensor─. Yo siempre he querido besarte, lo único que lamento es no haberlo hecho antes.