10
─Debo caerle fatal, siempre lo he sospechado, pero, no sé…me cuesta aceptarlo. Creo que es la primera vez en mi vida que no consigo acercarme a alguien.
Comentó a Annie, mientras desayunaban después de su glamuroso fin de semana en Londres, y ella guardó silencio tomando un sorbo largo de Cappuccino.
─Por otra parte ─continuó─, no encaja para nada con su comportamiento conmigo cuando pasó lo de Patrick.
Si no llega a ser por él, hubiese sido incluso peor y más humillante para mí, quiero decir, se portó como un amigo de verdad contándome lo que estaba pasado y durante semanas estuvo muy pendiente de todo.
Llegué a creer que al fin podríamos mantener una relación cordial y cercana, sin embargo, ya ves… No entiendo nada, la verdad.
─Sean Reilly juega en otra Liga, Isa, no le des más vueltas.
─¿Cómo que en otra Liga?
─Está en la élite de los tíos buenos y exitosos de Dublín, tiene fama de rompecorazones y de ser un trozo de hielo. Pat era igual, ¿para qué quieres tener un amigo así?
─Pat y Sean no se parecen en nada, gracias a Dios.
─¿Y tú qué vas a saber?, si apenas lo conoces.
─A lo mejor lo conozco poco, pero me consta que es empático, amable, leal y responsable. Es muy trabajador y familiar, no tiene nada que ver con Patrick Byrne. Además ─La miró frunciendo el ceño─, no es que quiera ligar con él, me da igual su fama de rompecorazones, solo quiero ser su amiga.
─¿Por qué?
─Por lo que te acabo de decir: me parece un buen tío y se portó de maravilla conmigo en el momento más complicado de mi vida.
─Vale, pero él tiene derecho a elegir a sus amistades, ¿no? No se puede obligar a nadie, por muy encantadora que seas, a que quiera ser tu amigo.
─Tienes razón.
─Siempre la tengo.
Le tiró una servilleta a la cara para hacerla reír y ella sonrió aceptando que no podía seguir dándole vueltas a un tema tan lejano a su control como era Sean Reilly. Un tipo adulto, independiente y que tendría sus motivos para mantenerla siempre en cuarentena.
─Lo que te tendría que preocupar, Isa querida, es haber invitado a Viv a esa escapada a Londres en lugar de llevarme a mí, que te conozco de toda la vida.
─Tú no eres tan fan de Connor Reilly y encima tenías el cumpleaños de Hugh. No te quejes.
─Hugh lo hubiese comprendido ─Le guiñó un ojo antes de mirar la hora─. Ya me vengaré, pero de momento me voy a Pilates.
─Qué suerte.
─Ninguna suerte, hoy trabajo hasta las ocho. Venga, guapa, que se me hace tarde.
Salieron juntas de Connolly Station, donde estaba esa cafetería diminuta en la que solían quedar para desayunar; Annie procedente de Dún Laoghaire y ella de Smithfield; se despidieron con un abrazo y luego cruzó la calle camino de su trabajo,
donde ese día la esperaba una intensa y agitada jornada laboral.
Dio un par de pasos por la acera y se dio cuenta de que el teléfono móvil le estaba vibrando insistentemente dentro del bolso, lo recuperó y al ver que se trataba de su madre, le respondió de inmediato.
─Hola, mamá.
─Hola, tesoro, ¿has podido descansar?
─Sí, me fui a la cama después de hablar con vosotros y he dormido como nueve horas. Estaba agotada. ¿Qué tal tú?
─Bien, ahora voy a trabajar un rato en el jardín hasta que tu padre vuelva de su paseo en bici, pero antes de meterme en faena, quería hablar contigo. ¿Tienes un minuto o ya estás en la oficina?
─Estoy en la calle. ─se quedó quieta─ ¿Va todo bien?
─El sábado por la noche me llamó June.
─Ok. ─Suspiró al oír el nombre de la madre de Dallas y se cruzó de brazos.
─Tu padre no quería que te lo contara, pero no veo cual es el problema.
─tosió─. El tema es que June y Phil querían disculparse por enésima vez con nosotros.
Dicen que siguen desolados por el comportamiento de su hija y me ha preguntado si podían venir a Dublín para hablar contigo y disculparse personalmente con toda la familia.
─¿Le habrás dicho que no es necesario?, lo último que me apetece es remover toda esa mierda.
─Se lo ha explicado tu padre con esas mismas palabras y al parecer lo han entendido, pero, bueno… si te llama, que sepas para lo que es.
─Lamentándolo mucho, no le pienso coger el teléfono.
─Y haces bien.
─¿Solo era eso?, porque tengo que subir a la oficina.
─También me ha contado que no va a ser abuela, que su hija jamás ha estado embarazada y que la evidencia le ha costado una crisis muy seria con el “innombrable”, al punto de que él se ha largado a Nueva York.
Esto te lo digo para que estés prevenida, ese tipejo es capaz de volver arrastrándose a Dublín para pedirte una segunda oportunidad.
─¿Tú crees, mamá, que yo sería capaz de dársela?
─Por supuesto que no.
─Entonces no hay de qué preocuparse. Tengo que dejarte, guapa, es lunes y ya sabes que tenemos reunión de equipo a primera hora.
─Claro, mi vida, ¿estás bien?
─Fenomenal. Luego te llamo. Te quiero.
Le colgó un poco contrariada, pero no por lo que le pasara o le dejara de pasar a ese par de impresentables, sino por enterarse de que la familia seguía girando, más de tres meses después, en círculos alrededor de lo que le había hecho Patrick Byrne y sobre todo,
de lo que se había atrevido a provocar Dallas, porque había pedido expresamente a los Williams de Atlanta y a los O'Loughlin de Dublín, que enterraran el tema de una vez por todas y no volvieran a mencionarlo.
Ya bastante humillante había sido tener que explicar al mundo que su prometido había huido del país con su prima americana, como para encima tener que seguir y seguir templando ánimos y aliviando conciencias.
Y lo sentía por June y su marido, que no tenían culpa de lo que había hecho su hija, pero no tenía el más mínimo interés de verlos, ni de escuchar más justificaciones vacías.
Solo esperaba que se olvidaran del tema para siempre y la dejaran en paz.
Empezando por no incordiar más a sus padres.
Cerró los ojos, dando gracias a Dios de que al menos, su abuela Deidre no estaba presente para ver el primer cisma importante entre su familia estadounidense y su familia irlandesa, por culpa de algo tan novelero como un romance, con embarazo incluido,
entre la nieta de su hermana favorita y el prometido embustero de su nieta más pequeña.
Miró hacia el edificio de la sede central del Departamento de Protección Social de Irlanda, respiró hondo y caminó hacia allí a toda prisa.
Llegó a su planta saludando a sus compañeros, dejó sus trastos sobre el escritorio y se fue al cuarto de baño para lavarse la cara y tratar de superar el mal rollo pensando en algo bonito; algo como el increíble fin de semana que habían disfrutado en Londres gracias a Caitlin Fitzgerald,
que no solo le había regalado un par de entradas para el esperado concierto de Connor Reilly en el Royal Albert Hall, sino que, además, le había cedido un pase VIP para el coctel posterior a la gala.
Una celebración muy chic que había continuado en el XOYO, uno de los clubs nocturnos más exclusivos de Londres, donde habían estado bailando hasta altas horas de la madrugada.
Una pasada de fin de semana, a pesar de la ausencia inexplicable de Sean Reilly.
Según le había comentado la propia Caitlin, Sean se había preocupado personalmente de alquilar un reservado en el famoso XOYO para celebrar la fiesta post concierto de su hermano.
Un local inaccesible para el común de los mortales, que él había conseguido gracias a sus contactos en el mundo de la noche; por esa razón, le había extrañado tanto verlo marcharse con su madre del coctel, sin cruzar ni una sola palabra con ella,
y no volver a aparecer ni en el Royal Albert Hall ni en la discoteca.
Había sido muy raro, pero sobre todo decepcionante, porque se había pasado media noche esperándolo para poder disfrutar con él de un rato festivo y relajado, lejos de Dublín y de todos los problemas que les había tocado compartir últimamente.
─Isabelle, te debo una cena.
Viv se le sentó al lado en la sala de reuniones y ella saltó y la miró a los ojos volviendo al presente.
─¿Cómo dices?
─Que te debo una cena. ─se le acercó para hablarle en el oído─. Melissa viene a Dublín el próximo fin de semana y se va a quedar unos días conmigo. Creo que al fin las estrellas se han alineado y he conocido al amor de mi vida gracias a ti.
─Bueno, gracias a Caitlin.
─Si no me llegas a invitar tú al concierto y luego a la fiesta del XOYO, jamás hubiese coincidido con una súper modelo a la que le chiflan las irlandesas.
─Me alegro mucho por ti ─Le acarició el brazo.
─¡Bueno, chicas y chicos, vamos a empezar!
La directora entró dando palmas y todo el grupo se acomodó mejor en las sillas y abrió los ordenadores.
Dos horas más tarde, cuando acabó la reunión y salió de la sala mucho más tranquila y concentrada en el trabajo por encima de otras chorradas, su jefa la detuvo para comentarle un tema de logística que estaba pendiente de aprobar desde el viernes, así que se sentó nuevamente a la mesa,
abrió el ordenador, buscó la solicitud, la leyó, la firmó digitalmente y se la mandó a todos los implicados con una nota de disculpa por el pequeño retraso.
Aprovechó para revisar los correos electrónicos y los informes internos que no paraban de llegar, hasta que Viv apareció en la sala bastante nerviosa.
─Isa.
─¿Qué? ─La miró de reojo y luego volvió a prestar atención a la pantalla─. Ahora voy, me he entretenido un poco, pero ya he acabado. ¿Está Billy libre para llevarnos a las vistas o tendremos que ir en mi coche?
─No te imaginas quién está esperando en tu despacho.
─¿Quién? ─Se puso de pie para mirar hacia allí y no vio a nadie.
─No la vas a ver desde aquí, porque ha tomado asiento como si estuviera en su casa ─resopló─. Es Tricia Byrne, la madre de Pat. Dice que necesita hablar urgentemente contigo.
─¿En serio?
─Lo que oyes. ¿Quieres hablar con ella o llamo a seguridad?
─No, no, no llames a seguridad ─cogió sus cosas y salió al pasillo un poco cabreada, pero no lo suficiente como para sacarla del edificio a la fuerza─. Es increíble que aparezca ahora aquí, después de tres meses sin dar señales de vida.
─Me quedaré cerca.
─Gracias, Viv, no tardaré nada.