7 #2
─Sí que es una coincidencia, parece que hoy no paro de encontrarme con gente conocida.
─¿Ah sí?, ¿y eso?
─Nada, es que hace un rato me he encontrado con una compañera de la Uni en el colegio de mis sobrinas y… ─carraspeó─ ¿Qué haces tú aquí?, ¿va todo bien?
─Sí, gracias, solo he venido a ver a mi hermano Liam. Trabaja en Radiología.
Se abrieron las puertas, salieron juntos al vestíbulo de ese sitio tan elegante y caminaron en silencio hasta que él se detuvo y la miró a los ojos.
─¿Liam Reagan es tu hermano?
─¡Sí!, ¿no lo sabías?
─No, no tenía ni idea. Iba un curso por delante de mí en los Christian Brothers, de hecho, era compañero de Pat.
─Ya lo sé, me extraña que Pat no te lo haya comentado.
─Bueno, él no suele comentar estas cosas.
─¿Y tú qué haces aquí, Sean?
─¿Yo?, pues, he venido a traer a mis sobrinas y a conocer a mi nuevo sobrino. Lara, la mujer de mi hermano Connor, ha dado a luz esta mañana.
─¡¿En serio?!, qué alegría, enhorabuena. ¿Cómo se encuentran?
─Los dos están perfectamente, muchísimas gracias.
─Mándales un beso de mi parte.
─Lo haré… en fin…─Le señaló la calle─. Tengo que…
─¿Y te ha tocado hacerte cargo de tus sobrinas?
─Solo recogerlas del cole y traerlas aquí. ¿Necesitas que te acerque a algún sitio?
─No, no, gracias, no hace falta, voy a esperar a Liam.
─Estupendo, hasta luego.
─Sean… ─Lo llamó y él se volvió hacia ella observando su imagen perfecta, sus enormes y preciosos ojos oscuros─ ¿Sabes algo de Pat?, otra vez está sin teléfono y como esta mañana me dijo que tenía que ir a Wicklow, pues, empiezo a preocuparme.
─A Wicklow. ─afirmó, empezando a enfadarse, pero a ella le sonrió─. Con algo de suerte lo veré dentro de un rato. Le pediré que te llame.
─Muchas gracias. Hasta luego y enhorabuena de nuevo por tu sobrino.
─Mil gracias, Isabelle.
Salió de la clínica maldiciendo en arameo, porque estaba claro que Pat sí sabía que tenía que ir a Wicklow y no se le había olvidado, como le había afirmado tan seguro hacía tres horas,
y se montó en el coche jurando que si no aparecía en la reunión no le iba a quedar más remedio que romper cualquier relación profesional con él.
Enfiló hacia su casa, que le quedaba a solo diez minutos, y, en cuanto se fue acercando a su edificio localizó el Porche Cayenne de Pat aparcado en una esquina.
Al menos había tenido la deferencia de aparecer e incluso de llegar puntual.
Entró en su garaje un poco más aliviado, dando por hecho que Patrick ya estaría arriba porque tenía llaves; dejó el coche en su plaza, subió corriendo las escaleras y cuando llegó al rellano y abrió su puerta, su amigo lo saludó muy serio, o eso le pareció, desde el otro lado del salón.
─Hola, tío, he decidido entrar, espero que no te importe.
─No, para nada, me alegro de que ya estés aquí, tenemos mucho de qué hablar. ¿Qué te parece si pido comida…?
─Ya te digo que tenemos mucho de qué hablar, hermano. ─Lo interrumpió y él entornó los ojos─. Tengo un problema serio y necesito ayuda urgente.
─¿Qué clase de problema?
Preguntó poniéndose las manos en las caderas, imaginándose lo peor, y en ese momento Patrick Mungo Byrne, que era incluso más alto que él y gozaba de una gran envergadura física, se movió hacia su izquierda desvelando que a su espalda había otra persona.
Una persona que él no reconoció a la primera, porque estaba a contraluz, pero que en cuanto avanzó para dejarse ver le cortó literalmente la respiración.
─Hola, Sean.
─¿Dallas?, ¿qué haces tú aquí?
Preguntó por preguntar, porque ya se imaginó la respuesta, y esa chica estadounidense, que era prima de Isabelle Reagan, no le respondió, pero sí se agarró con propiedad y la barbilla bien alta a la mano de Pat.
─Ya lo ves, Sean, Dallas y yo estamos juntos y me marcho con ella. Solo he venido a despedirme porque eres mi hermano y mi socio. No estoy aquí para recibir reproches y mucho menos opiniones.
─¿Marcharte?, ¿adónde? ─Apoyó una mano en la pared y él se le acercó.
─Nos vamos a los Estados Unidos y necesito pasta, toda la que me puedas dar.
─¿Isabelle lo sabe?
─No he venido para hablar de Isabelle. ─resopló─. Escúchame: necesito dinero. Te vendo mi parte de la empresa y me la puedes pagar cómo quieras o cuándo puedas, pero ahora necesito un adelanto.
─¿Qué?
─He llamado a Robbie y el muy cabrón no me ha querido aprobar una transferencia. Habla con él y explícale que es urgente y que también yo tengo derecho a disponer del dinero de mi negocio.
─Necesita la firma de los dos para aprobar una transferencia personal superior a los seis mil euros.
─se atusó el pelo intentando mantener la calma─.
Tampoco puedes venir aquí y pedirme que compre tu parte de la empresa porque ahora necesites pasta, los negocios no funcionan así.
Hay que discutirlo con calma, hablar con los abogados y…
─Cogemos un vuelo dentro de tres horas ─Lo interrumpió, caminando con su nueva novia hacia la puerta─.
Tú sabrás lo que haces, Sean, yo necesito liquidez y la encontraré dónde sea.
Te doy la oportunidad de ser el primero en hacerme una oferta, si no te interesa, le vendo mi parte a otra persona y todos tan contentos.
─No me puedes hacer eso.
─Entonces, paga. ─se detuvo y resopló─. No quiero ser injusto contigo, colega, ni pretendo perjudicarte, pero, como te acabo de decir, tenemos un problema serio y necesitamos una solución rápida. Necesito dinero y lo necesito ya.
─Estoy embarazada ─soltó esa chica que parecía estar siempre en otro planeta y Sean parpadeó─, ahora Pat tiene otras prioridades y ambos queremos criar a nuestro hijo en Atlanta, lejos de este clima y de esta ciudad donde se conoce todo el mundo.
Para eso, para empezar de cero, necesitamos SU dinero y tú, que eres su mejor amigo, deberías dárselo y no ponerle más problemas.
─¿Cuándo piensas contarle a tu prima Isabelle que te largas de Dublín con su prometido?
─Vámonos, Patrick.
Fue su respuesta, arrastrando a Pat hacia el rellano y por las escaleras. Él los siguió por impulso, porque no era de los que se rendía tan fácilmente, y cuando salieron del edificio y llegaron a la calle, detuvo a su amigo por la chaqueta y lo miró a los ojos.
─Dime, por favor, que vas a hablar con Isabelle.
─La llamaré por teléfono desde el aeropuerto.
─¿Llamarla?, ¿en serio? ¿Qué edad tienes?, ¿catorce años?
─No serás tú el que me dé lecciones a mí sobre este tema, hermano.
─Yo jamás he mentido, ni engañado, ni confundido a nadie, Pat. Nunca en mi vida he hecho perder el tiempo a una chica y tú pensabas casarte con ella… joder.
─El vuelo dura nueve horas. ─ignoró el comentario, se montó en el coche y lo miró de reojo─.
Te doy hasta mañana para que decidas si quieres o no comprar mi parte.
Sé que tienes dinero propio, o personas que podrían financiarte de sobra, así que no me mires así.
No te estoy haciendo la gran putada de tu vida.
─No se trata solo de la empresa, Pat.
─Hazme un favor y pídele a Robbie que me haga la transferencia que le pedí. El Cayenne lo dejo en el aeropuerto, manda a alguien a recogerlo. Adiós.
Aceleró hacia la M50 sin mirarlo y él se quedó estático en medio de la calle, sin saber si aquello era a una broma de mal gusto o Pat acababa de perder el juicio.
Respiró hondo, restregándose la cara con las dos manos y cuando al fin se pudo mover de vuelta a su casa, solo podía pensar en Isabelle. Ni en la empresa, ni en el dinero, ni en el negocio, solo en ella, que no tenía ni idea de lo que estaba pasando, ni de lo que se le venía encima.
─Robbie… ─Respondió a la llamada de su contable cuando estaba subiendo las escaleras.
─Pat me ha pedido una transferencia de catorce mil euros de su cuenta de gastos. ¿Qué hago?
─Mándasela.
─De acuerdo, pero tienes que saber que ayer pagó seis mil euros por dos billetes en business a Atlanta.
─Ok, apúntalo todo y ya haremos cuentas. ─entró en su piso y se apoyó contra la pared─. Ahora, por favor, convoca una reunión urgente para mañana con el gestor y los abogados.
─¿Va todo bien?
─No, nada va bien, Robbie, pero ya lo arreglaremos.