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─Esta es la definitiva, ¡vamos!
Gritó su sobrina de ocho años y ella se sumó al baile viral de TikTok que estaban haciendo en el patio de sus padres. Una coreografía simple, pero muy rápida, que acabaron entre risas mientras su hermana lo grababa todo en su teléfono móvil.
─¿Repetimos, mami? ─Preguntó Sophie y su madre negó con la cabeza.
─Está perfecto, hija, todas guapísimas y ya es hora de servir la comida. Venga, todo el mundo a ayudar a la abuela a poner la mesa.
─¡Vale!
Las niñas corrieron hacia el interior de la casa e Isabelle buscó con los ojos a Dallas, la prima americana, que, como siempre imperturbable, no se había movido de su sitio ni apartado los ojos de su iPhone.
Una muy mala costumbre la del teléfono y una actitud pésima que empezaba a sacar de las casillas a toda la familia.
Dejó de mirarla, se giró y se encontró con los ojos verdes de su hermana Shannon.
─Es una maleducada. ─Le susurró entrando en la cocina─. Siento decirlo, porque adoro a su madre, pero lo de esta niñata es para darle un buen par de tortas.
─¿De quién habláis? ─Interrogó su madre y Shannon la miró moviendo la cabeza.
─De Dallas, mamá, que no parece hija de June, es indolente y maleducada. ¿A qué coño ha venido a Dublín?, ¿a estar pegada al puto teléfono? En serio, no entiendo nada.
─Esa boquita, Shannon. Tienes cuarenta años, pero esta sigue siendo la casa de tus padres.
─Virgen santa.
─Es un poco indiferente ─Terció Isabelle buscando el aceite de oliva para aliñar la ensalada─, pero ha hecho muchos amigos aquí y no para de salir, así que supongo que está aprovechando a su manera su estancia en Dublín.
─Además es muy joven.
─Tiene veintiocho años, mamá, solo dos menos que Isabelle. Tampoco es que sea una adolescente y no es ni medio normal que no nos hable ni nos mire a la cara por estar pegada a una pantalla. Si la abuela hubiese estado viva…
─Si la abuela hubiese estado viva, la hubiese llamado al orden ─la interrumpió su madre─, pero como no está, nosotras vamos a respetar su forma de ser y vamos a seguir con nuestra vida sin contar con ella. Si no se quiere integrar con la familia o le caemos mal, es cosa suya.
─¿A quién le estáis haciendo un traje?
Su hermano Liam se asomó a la cocina y las tres dejaron lo que estaban haciendo para darle un abrazo.
─¿Qué bien que has llegado pronto, cariño?, ¿dónde está Xavier?
─Se ha quedado con papá en el jardín. ¿Qué hay de comer?
─Irish Stew[10] como todos los domingos.
─Nosotros hemos traído pudin de verduras. Isa ─la llamó y ella le prestó atención─ ¿Hasta qué hora te quedas?, nos gustaría hablar contigo antes de que te marches.
─¿Pasa algo?
─No, solo te queremos hacer una consulta.
─Vale, me quedaré hasta las cuatro y media. Tenemos entradas para el teatro a las seis.
─¿Qué vais a ver?
─“Norma” en el Gaiety Theatre.
─¿Pat se va a tragar “Norma”?
─No voy con él, voy con Annie.
Le sonrió, ignorando las miradas suspicaces de su madre y de su hermana, que eran incapaces de entender que su novio y ella no compartieran absolutamente nada en lo referente a gustos y aficiones, y llegó al comedor para ayudar con sus sobrinos más pequeños mientras su madre servía el Irish Stew.
Una tradición familiar que había impuesto su abuela Blanche a principio de los años cincuenta y que se seguía cumpliendo a rajatabla todos los domingos, por todos los miembros de la familia y sus allegados, es decir, por las amistades, compañeros de clase, novios, novias, maridos, cuñados, cuñadas,
tíos lejanos, tías cercanas, primos, primas, vecinos o gente desconocida que cada uno quisiera invitar.
Un guirigay de personas y nacionalidades, a veces de idiomas, que cuando ella era pequeña, se había convertido en el evento más esperado y feliz de la semana.
─¿Cuándo vas a traer a Pat a comer un domingo?
Liam le habló por la espalda, ella saltó y lo miró de reojo.
─¡Qué susto!, sigues siendo muy sigiloso, ¿sabes? ─continuó metiendo los platos en el lavavajillas y él se inclinó para ayudarle─. Papá y mamá prefieren no verlo por aquí, ya lo sabes.
─Tendrán que acostumbrarse, es un peaje que han pagado todos nuestros novios.
─En este caso no hará falta y, además, los domingos él los reserva para el fútbol gaélico y termina muy tarde
─Ah… ¿está en el fútbol?
─Por la mañana tenían partidillo y a mediodía se iba toda la pandilla a Corke Park a ver al Lucan Sarsfields contra el St. Patricks.
─Te veo muy informada ─Le sonrió─ ¿Quieres un café?
─Sí, muchas gracias.
─¿Nos lo tomamos en la terraza para hablar más tranquilos? Ahí viene Xavier.
─Claro, como queráis.
Entre los tres terminaron de recoger la cocina muy rápido, pusieron el lavavajillas y salieron al patio trasero con una taza de café. Se cerró la chaqueta de punto y se sentó frente a su hermano y su cuñado muy atenta.
─Vosotros diréis.
─Se nos ha caído la Gestación Subrogada.
─En Irlanda la llamamos Subrogación Altruista.
─Como sea, Isabelle, el caso es que nuestra candidata a elegido a otra pareja y nos ha dejado colgados.
─Vaya, lo siento muchísimo. ─se inclinó para cogerle la mano─. ¿Cuándo ha pasado?
─Nos enteramos hace dos días ─respondió Xavier con los ojos húmedos─ y no hacemos más que darle vuelta a nuestras opciones.
─La única opción legal en este país es conseguir otra gestante voluntaria, ya lo hemos hablado muchas veces.
─Lo sabemos, pero nos estamos planteando seriamente ir a los Estados Unidos, Canadá, Albania o Grecia… sé que no estás muy de acuerdo con la maternidad subrogada, pero…
─Estaré al cien por cien de acuerdo cuando me demuestren que el fin no es puramente económico.
─Las madres están perfectamente cuidadas y…
─Faltaría más ─interrumpió a su cuñado─, pero hay que comprobar escrupulosamente que las personas detrás del proceso no las están utilizando y enriqueciéndose a cosa de su necesidad.
─Vale ─Liam levantó las dos manos─, conocemos tu punto de vista, estamos de acuerdo contigo y seguiremos tu consejo, por eso te queríamos pedir ayuda y orientación para elegir el país al que acudir
─Hay agencias que se dedican a eso, yo no tengo mucha idea, pero sé que hay una bastante solvente en Londres. Conseguiré su contacto y os lo enviaré, sin embargo y barriendo para casa, no descartéis la adopción, por favor, hay muchos niños irlandeses que necesitan un hogar.
─El problema es que solo podemos optar a niños muy mayores, Isa, ya lo sabes.
─También sé que son los que más amor y ayuda necesitan.
─De momento, seguiremos con el plan inicial. Tenemos dos embriones esperando en la clínica de fertilidad y no nos rendiremos tan fácilmente.
─¿No lo harías tú? ─Preguntó de repente Xavier y ella lo miró frunciendo el ceño─. Sería perfecto, yo no tengo hermanas, pero si tuviera una, sin dudarlo le pediría que gestara a nuestro bebé.
─Lo siento en el alma, pero no estoy preparada para algo así, por mucho que os quiera a los dos.
─Sería precioso, Isabelle. ─insistió Xavier y Liam, sin mirarlo, le sujetó la mano.
─Ese no es el tema ahora mismo, cariño.
─Además me voy a casar y no es el mejor momento para quedarme embarazada.
Bromeó para relajar el tono, pero ninguno de los dos sonrió, así se puso seria y suspiró.
─De verdad que no podría, chicos, os quiero muchísimo y entiendo vuestra situación, pero no puedo hacerlo. Seguro que os parezco muy egoísta, pero yo no soy la persona adecuada. Lo siento mucho.
─Si es por tu diabetes no hay problema, hoy en día con un buen seguimiento y…
─No es por la diabetes, Xavier.
─¿Te da miedo alejarte de él?, porque nunca dejarías de verlo, siempre será tu sobrina o tu sobrino, y estarías a su lado el resto de su vida.
─No es tan sencillo.
─No pasa nada, cielo, estás en tu derecho y los dos te entendemos. Tranquila. ─Su hermano le sonrió.
─No estoy preparada para gestar a vuestro bebé, pero sí me comprometo a ayudaros en todo lo que esté en mi mano para que consigáis cumplir vuestro sueño, empezando por contactar con la agencia de Londres.
─Perfecto, solo te queríamos pedir eso, mil gracias.
Se levantaron y se dieron un abrazo en grupo que no la tranquilizó en absoluto, porque conocía a su hermano y sabía que acababa de romperle un poco más el corazón, no obstante, no podía mentirle, ni mentirse así misma: ella no era capaz de gestar un bebé, dar a luz y entregarlo a otra persona,
aunque esa persona fuera de su propia familia.
Volvió dentro de la casa sintiéndose la peor hermana del mundo y se fue directo a buscar su abrigo para ir a recoger a Annie y marcharse juntas a Dublín. Entró en su cuarto de toda la vida, cogió sus cosas y cuando salió se encontró con Liam esperándola en el pasillo.
─No te angusties por la petición de Xavier, ni siquiera lo habíamos hablado, yo jamás te hubiese pedido algo así porque te conozco y conozco tus límites, ¿de acuerdo? Ha sido muy imprudente, pero no se lo tengas en cuenta, por favor, solo está un pelín desesperado.
─Es que no me sabe nada bien desilusionaros.
─No pasa nada. ─Le dio un abrazo─. Olvídalo y pongámonos las pilas con lo de la agencia de Londres.
─Eso está hecho.
─Genial ─La miró y le acarició el brazo─ ¿Y tú qué tal?, ¿ya tienes fecha para la boda?
─Aun no, aunque a mí me gustaría una boda en otoño. Ya veremos.
─¿Y el novio qué opina?
─Nada, él se deja llevar.
─Como siempre.
─Ya empezamos ─Frunció el ceño e hizo amago de irse, pero él se lo impidió.
─Me da igual que te enfades. Te quiero, eres mi preciosa y perfecta hermana pequeña y puedo dar mi opinión sobre el capullo pagado de sí mismo que has elegido como futuro marido.
─Eso es muy injusto, Liam.
─No, es la verdad, conozco a Patrick Byrne de toda la vida, ¿recuerdas?
─No es la misma persona que tú conocías ─Se puso el abrigo y cuadró de hombros─. La gente cambia.
─La gente no cambia, cariño, en todo caso, todos empeoramos.
─Tengo que irme, Annie me estará esperando.
─Está bien. Cuídate.
Le dio un beso en la mejilla y dejó que se fuera al salón para que se despidiera de toda la familia. Lo hizo muy rápido, salió a la calle para buscar su coche y en cuanto pisó la acera se encontró con la prima Dallas muy abrigada y, como no, mirando el teléfono móvil.
─Si vas a Dublín te llevo, Dallas, puedo dejarte en casa.
─Estoy esperando un Uber.
─¿Para qué gastar dinero en Uber si vamos al mismo sitio?
─No voy a tu apartamento, gracias.
Le regaló una mueca que pretendía ser una sonrisa, o eso le pareció, le dio la espalda y se alejó despacio hacia el final de la calle.
Ella la siguió con los ojos sin dar crédito, porque esa chica dormía en su casa, se comía su comida, se aprovechaba de la hospitalidad de su familia y… ¿en serio no era capaz de despedirse con un poquito más de educación?
Por unos segundos se quedó quieta, pensando en decirle algo, llamarle la atención, pero al final prefirió ignorarla y se montó en su Dacia Spring poniendo música y aceptando que el domingo no hacía más que empeorar, así que más le valía recoger a Annie y salir pitando de Dún Laoghaire.