SEAL JUSTICE (Brotherhood Protectors nº 13) Capítulo 6
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Capítulo 6

Sam negó con la cabeza. Reggie tenía que haber estado aterrorizada. No podía imaginarse por lo que había pasado. Nadie debería pasar nunca tanto miedo como para tirarse por un acantilado antes que volver a de donde venía. —Saltaste por un acantilado. Santo cielo.

—Lo hice. Al río que había abajo. —Cerró los ojos—. Me di un buen golpe contra el agua. Por un momento, pensé que había chocado con unas rocas, así de duro fue.

Hank silbó. —¿Desde qué altura?

Ella abrió los ojos y negó con la cabeza. —No lo sé. ¿Seis o nueve metros? Me hundí hasta el fondo. —La mirada de Reggie se desvió hacia la ventana—. Pensé que no conseguiría volver a la superficie. Pero lo hice.

—Eres increíble —dijo Sam.

Hank la miró fijamente. —Cuando caes al agua desde esa altura, si no lo haces bien, es como chocar contra el hormigón. Tienes mucha suerte de estar viva.

Ella asintió, abrazándose a sí misma. —El agua estaba muy fría.

—Los arroyos de estas montañas se alimentan del deshielo —dijo Hank.

Reggie se estremeció. —Dejé que el río me arrastrara todo lo lejos que pudo, pero se me estaban entumeciendo los brazos y las piernas, y me costaba mantener la cabeza fuera del agua.

Fue entonces cuando el río se calmó y pude salir a rastras a una orilla de arena.

—Se encogió de hombros y le dedicó a Sam una media sonrisa—. Ahí es donde me encontraste.

Sam nunca olvidaría la sensación que tuvo en las entrañas cuando se dio cuenta de que la figura en la orilla del río era una persona.

Grunt le rozó la mano con el hocico.

Reggie le dedicó al perro una sonrisa amable. —Perdona. Ahí es donde Grunt me encontró.

—No me imagino qué habría pasado si no hubiéramos estado allí pescando en ese momento. —Sam inspiró hondo y soltó el aire—. Grunt estaba ladrando, o nunca habría ido a mirar.

Reggie le rascó las orejas al perro. —Gracias, Grunt.

A Sam se le tensó la mandíbula. —Se interpuso entre tú y un lobo gris. Te salvó la vida.

Los ojos de Reggie se abrieron de par en par. —¿Un lobo? —Bajó la cabeza, balanceándola—. Pensé que eso era parte de mi pesadilla. —Levantó la vista hacia Sam—. ¿Quieres decir que era real?

—Muy real —dijo Sam—. Disparé por encima de su cabeza y salió corriendo.

—No era tu día para morir —dijo Hank.

—Tuve suerte de escapar. —Reggie se abrazó con más fuerza—. Rezo para que puedan salvar a las otras chicas antes de que les pase algo peor.

—Estamos en ello —dijo Hank—. También he contactado con uno de mis hombres y su mujer. Ella es agente del FBI.

Reggie lanzó una mirada asustada que iba de Sam a Hank. —Nadie puede saber que estoy viva. Es crucial que el Amo piense que morí en la caída. Floté boca abajo en el río durante mucho tiempo para convencerlo de que estaba muerta.

—Son de mi más estricta confianza. Van a subir el río en kayak desde el punto donde Sam te encontró. Molly, la mujer de Kujo, tiene habilidad con los drones. Va a grabar lo que hay a ambos lados del río a medida que avanzan.

—¿No sería más fácil y rápido si contratáramos a un piloto de helicóptero? —preguntó Sam.

Hank asintió. —Y más ruidoso. Tu secuestrador podría asustarse y decidir deshacerse de las mujeres que tiene encerradas en el sótano. Tenemos que acercarnos a él sigilosamente. Los drones son mucho más silenciosos.

Reggie asintió. —Tiene sentido.

—Mientras tanto, necesito los nombres de las otras mujeres para que Swede pueda buscar en las bases de datos de personas desaparecidas. Si podemos rastrear dónde fueron secuestradas, podríamos descubrir un patrón. Podría trabajar cerca de los lugares donde las víctimas fueron raptadas.

Reggie frunció el ceño. —Me tuvo encerrada al menos dos semanas. Durante ese tiempo, desaparecía durante días.

Sam apretó los puños. —¿Sin comida ni agua?

Reggie resopló. —Nos dejaba una botella de agua a cada una.

—¿Durante días? —Hank la miró fijamente, con el horror reflejado en su rostro.

—Una vez, cuando volvió, trajo a Kayla. —Reggie miró de nuevo hacia la ventana—. Estaba sollozando. Oía el crepitar de la picana eléctrica y sus gritos.

Hank le tocó el brazo. —Siento que os haya pasado esto a ti y a las demás. Vamos a hacer todo lo posible para mantenerte a salvo y rescatar a las otras mujeres. —Abrió mucho los ojos—. Espera. Se me ha olvidado algo que envió Sadie. —Salió apresuradamente por la puerta.

Grunt lo siguió fuera.

Al momento, Hank regresó con una caja pequeña.

La dejó sobre la mesita. —Sadie también envió estas cosas.

Se imaginó que querrías salir por ahí sin dejar de esconderte.

Son algunos de los accesorios que usa cuando quiere moverse de incógnito.

—Sacó una peluca de pelo oscuro de la caja y la sostuvo en alto—.

Usó esta la última vez que estuvimos juntos en Los Ángeles.

Sadie está cañón de morena. —Sonrió y volvió a hurgar en la caja, esta vez sacando una peluca de color rojizo—.

Mmm. No la he visto con esta. Apuesto a que también está cañón de pelirroja.

—Sadie está cañón sea cual sea el color de su pelo —sonrió Sam.

Hank sonrió. —Tienes razón. Lo está. —Se encogió de hombros—. En fin, en esta caja hay gafas de sol, chaquetas con capucha, pintalabios y pelucas. Si no quieres que nadie te reconozca, estas cosas te ayudarán a ocultarte a plena vista.

Ella asintió. —Bien. Porque no puedo quedarme de brazos cruzados esperando a que los demás encuentren a ese cabrón. Juré que si conseguía escapar, volvería para ayudarlas.

—Y nosotros te ayudaremos en ese empeño —dijo Hank—. Primero, tienes que recuperarte.

—Estoy recuperada —insistió Reggie.

Sam negó con la cabeza. —Hace menos de veinticuatro horas, casi mueres.

—Pero no morí. —Reggie se enderezó, como para demostrar que estaba lista para emprender el viaje para liberar a las demás—. Cuanto más tarde en volver, peor será para ellas. Tengo que sacarlas de allí. Ahora.

Hank asintió. —Como he dicho, estamos trabajando para encontrar la casa. Después de todo por lo que has pasado, ¿crees que podrías encontrarla? ¿Viste adónde ibas cuando te llevó allí?

Ella negó con la cabeza, con los hombros caídos. —Pero no puedo rendirme.

—¿Viste el exterior de la casa en tu huida?

Todo su cuerpo se desmoronó. —No. Tenía prisa por escapar. No miré atrás. —Se cubrió la cara con las manos—. ¿Cómo lo encontraremos si no reconozco la casa? —Las lágrimas se le escapaban entre los dedos.

A Sam se le encogió el pecho. —Los encontraremos. Solo tardaremos un poco más.

—Lo que me fastidia es que probablemente sea de por aquí —dijo Hank.

Reggie levantó la cabeza de golpe, con las mejillas húmedas y los ojos muy abiertos. —A mí me secuestraron en Bozeman. No estoy segura de dónde se llevaron a las demás.

—Da miedo pensar que podría ser alguien que todo el mundo conoce. —Sam alargó la mano y tomó la de Reggie—. Lo encontraremos.

Hank asintió. —Sí, lo haremos.

—Esperemos que antes de que sea demasiado tarde —susurró Reggie.

—Haremos todo lo posible por llegar a él antes de que les pase nada a las demás. —Sam no podía prometer más. Si el hombre se asustaba por la huida de Reggie, no se sabía qué haría.

—Necesito volver al rancho y ver cómo progresa Swede. Quizá queráis pasaros. —Inclinó la barbilla hacia Sam—. Tengo un arsenal de armas y equipo para que elijáis, por si os hace falta. Y equipo de comunicaciones, si hacemos una extracción en equipo.

Sam asintió. Quería ver las instalaciones de Hank. —Si Reggie se encuentra con fuerzas, nos pasaremos más tarde.

—Me encuentro con fuerzas —les aseguró Reggie rápidamente.

A Sam se le crisparon los labios. —Ya veremos. Has pasado por mucho.

—Esas chicas todavía están pasando por mucho. Si puedo ayudar de alguna manera, quiero estar ahí. Además, yo estuve allí. Algo podría desencadenar un recuerdo que podría ser significativo en nuestro esfuerzo por encontrar a este tipo.

—Tiene razón —dijo Hank. Entrecerró los ojos—. Pero para evitar que se entere de que estás viva y bien, necesitas una coartada si alguien te ve por el pueblo con Sam.

Sam ladeó la cabeza. —Soy nuevo en el pueblo. La gente no me conoce. Si aparezco en Eagle Rock con una mujer, asumirán que está conmigo.

Hank sonrió. —Por lo que saben, podría ser tu novia, tu prometida o tu mujer. —Miró el dedo de Reggie—. Puede que tengas la misma talla de anillo que Sadie. Veré qué tiene en su joyero que esté dispuesta a prestarte para un anillo de compromiso o de boda.

—Optemos por una simple alianza de oro. Reggie puede ser mi mujer.

Reggie se mordió el labio inferior. —Las mentiras tienden a crecer y a volverse más complicadas.

—Entonces tenemos que ponernos de acuerdo con la historia —dijo Sam—. Nos casamos hace dos años en San Diego, donde yo estaba destinado como SEAL de la Marina.

Ella murmuró: —Nunca he estado en San Diego.

—Hay sol en la costa y es precioso —dijo Sam.

Hank rio por lo bajo. —No te preocupes, la mayoría de la gente de por aquí tampoco ha estado nunca en San Diego.

—No puedo usar mi nombre real —dijo Reggie—. Me conoce por Reggie. Y como me siguió lo suficiente como para conocer mis costumbres, puede que también sepa mi apellido.

—¿Tienes otro nombre al que recuerdes responder?

Ella asintió. —Mi nombre completo es Regina. Mi madre me llamaba Reggie, pero mis amigas del instituto me llamaban «Ginnie».

Sam inclinó la cabeza. —Ginnie Franklin será, pues.

—Ginnie Franklin —dijo ella, como si saboreara el nombre—.

Casada hace dos años en San Diego. —Se giró hacia el montón de ropa y las pelucas que Hank había traído—.

Voy a cambiarme y luego estaré lista para lo que sea que tengamos que hacer.

—Recogiendo las cosas en sus brazos, se dirigió al diminuto cuarto de baño y desapareció dentro, cerrando la puerta suavemente tras de sí.

Hank se encaró con Sam. —Estoy preocupado. Tenemos que ponernos en marcha para encontrar a este tipo cuanto antes. Suena como un sociópata.

—Yo también estoy preocupado. Si se deshace de las otras mujeres y descubre que Reggie sigue viva y que podría identificarlo, vendrá a por ella.