Capítulo 25
Lo primero que hice el viernes por la mañana fue lo único honrado que hice en todo el día: mandarle a Marisa el nueve por ciento por escrito.
Llevaba pidiéndomelo desde diciembre y yo llevaba dándole largas desde diciembre, no por nada, sino porque un delegado que se salta la tarifa por escrito deja rastro y el rastro lo mira alguien en Ourense en octubre.
Le mandé el correo a las nueve y diez con la referencia del anexo y con mi firma debajo. Cuarenta segundos.
Lo demás me llevó hasta las cinco de la tarde.
El informe número seis lo empecé en la habitación del Zubiri con la carpeta de la rotación, el pliego de Providencia, las fotos que tengo del edificio y la libreta pequeña, y a la hora ya sabía que no estaba escribiendo un informe: estaba construyendo un argumento y buscándole pruebas después, que es exactamente lo contrario de lo que me pagan por hacer.
Hay una manera de mentir en un documento técnico y no es diciendo cosas falsas. Es eligiendo qué es relevante.
Uno. En el informe número dos escribí que la derivación de Providencia descansa sobre una relación personal de treinta años y que la vulnerabilidad es alta. Eso es verdad y sigue siendo verdad.
Lo que hice el viernes fue leerme los once folios del pliego y encontrar el anexo II, que es un anexo de criterios de asignación de prestador: proximidad al domicilio del asegurado, tiempo de respuesta comprometido, disponibilidad de sala y capacidad de traslado interprovincial.
Existe. Está firmado. Nadie lo aplica, porque en una comarca de diecinueve pueblos lo aplica una señora con una carpeta azul según le parece.
Escribí que la discrecionalidad de la agente está acotada por el anexo II y que el margen real de decisión no supera el veinticinco por ciento del volumen.
No es mentira. Es que no es verdad.
Y añadí que la agente tiene treinta y un años de antigüedad y no cumple edad de jubilación antes de 2031, con lo cual no hay ventana de sucesión. Eso es un dato limpio y es el que más daño hace, porque cierra la única puerta barata.
Dos. El coste de conversión.
Aquí hice trampa con material de verdad, que es la peor clase.
En la sala Moncayo la climatización no funciona desde agosto.
Lo sé porque he estado allí en diciembre con dos radiadores de aceite enchufados y porque el diferencial saltó una vez.
En la sala Ebro pusieron moqueta nueva en noviembre y la pusieron encima del pavimento antiguo sin nivelar, porque el suelo de debajo es de una obra de 2011 y es una gravilla, y eso me lo dijo delante el conductor de la casa, que además avisó de que en marzo se levantaría por la junta de la puerta.
Con esas dos cosas escribí lo siguiente:
Sustitución integral de climatización en ambas salas: 46.
000 €. Levantado de solado, nivelación y pavimento nuevo: 38.
000 €. Adecuación de accesibilidad y segunda salida de evacuación conforme a estándar del grupo: 51.
000 €. Renovación de flota (dos vehículos con más de 240.
000 km): 50.000 €. Total capex de conversión: 185. 000 €.
Ciento ochenta y cinco mil. En León nos costó ochenta y siete mil y la casa era más grande.
Todas las partidas existen. Ninguna cuesta eso. La segunda salida de evacuación no hace falta porque el aforo no lo exige, y eso lo sabe cualquiera que mire la licencia, y por eso puse «conforme a estándar del grupo», que es una fórmula que en mi empresa nadie discute nunca.
Tres. La cláusula.
Esta me la inventé entera.
Escribí que la licencia municipal de actividad del tanatorio, otorgada en 2009, está vinculada a la titularidad y que un cambio de control obliga a nueva tramitación con informe preceptivo de la Comisión de Urbanismo, plazo estimado de ocho a catorce meses, y riesgo cierto de imposición de condiciones nuevas, señaladamente en materia de aparcamiento.
Es plausible porque el aparcamiento de ese tanatorio es una vergüenza documentada: once plazas y un camino de servicio. Cualquier técnico municipal que abra ese expediente pedirá plazas. Y es plausible porque en algunos municipios esas cláusulas existen.
En Olarza no existe. Lo sé porque me lo dijo un funcionario en noviembre, cuando fui a preguntar por otra cosa.
Para desmontarlo hace falta que alguien coja el coche, vaya al Ayuntamiento de Olarza, pida vista del expediente de 2009 y se lea una licencia. Es un día de trabajo de una persona. Aposté a que ese día no lo tiene nadie hasta marzo.
Y cuatro, que es la que me va a costar el puesto.
El dieciséis de enero, a las seis y media de la mañana, en una habitación de hotel, escribí que la capacidad de resistencia de esa casa sin concertación era de once meses.
El treinta de enero escribí que, revisada la información disponible, la estimación anterior no incorporaba ni la propiedad libre de cargas del inmueble ni la capacidad de reducción de plantilla, y que el horizonte realista se sitúa no por debajo de treinta y seis meses .
Tres años. Tres años de espera para una plaza que da cuatrocientos veintitrés mil euros de concertación es un mal negocio para cualquiera, y eso es exactamente lo que quería que pareciese.
Porque el problema que tengo, y esto lo entendí el viernes hacia las tres de la tarde con el documento a medias, es que no sé de qué lado sabotear.
Si escribo que la plaza es barata, la compran y la vacían en dos años.
Si escribo que es cara, no la compran y van a por el concierto de Providencia y la dejan morir sola, que es la otra manera.
Llevo once años en esta empresa y sé perfectamente que hay una segunda opción encima de la mesa, aunque no la haya visto escrita nunca.
Lo único que puedo hacer es que las dos parezcan malas y que el expediente se quede quieto.
Un expediente quieto son meses. Los meses no salvan nada. Solo son meses.
Lo mandé a las cinco y diez.
Marga llamó a las seis y veinte, cuando yo estaba en el coche en el aparcamiento del Zubiri sin haber arrancado.
—Sotelo.
—Dime.
—Lo he leído dos veces.
—¿Y?
—Y en diciembre le pedí a usted un número. —Se oía que estaba andando; Marga anda por Madrid con el manos libres desde que la conozco—. Y me ha traído cuatro. Ciento ochenta y cinco mil, veinticinco por ciento, catorce meses y treinta y seis. Cuatro números en un informe de cinco folios.
—Es lo que pidió.
—Lo es. —Un semáforo—. Sotelo, ¿cuántos expedientes ha llevado usted conmigo?
—Diecinueve.
—Diecinueve. ¿Y en cuántos me ha revisado una estimación al alza en catorce días sin una sola fuente nueva?
No contesté.
—Yo se lo digo: en ninguno. Y este informe no lleva anexo. Es el primer informe suyo en once años que no lleva anexo metodológico.
—Se lo mando el lunes.
—No me lo mande. —Y no lo dijo con frialdad; lo dijo con cansancio, que en ella es peor—. Mire, le voy a decir lo que voy a hacer, y se lo digo antes de hacerlo porque llevamos once años y porque usted se lo ha ganado.
—Vale.
—Voy a Olarza. El dieciséis, lunes. Llego a media mañana y me quedo hasta la tarde. Quiero ver el edificio, quiero ver las dos salas, quiero ver el aparcamiento y quiero conocer a la titular. Y quiero que me acompañe usted, como delegado de Ferreiro, que es lo que es allí.
—El dieciséis.
—Y quiero que entienda una cosa, Sotelo. No voy a comprobarle nada. Voy porque en un expediente de dos millones de euros no puedo llevar al comité un informe que me huele raro y no tengo forma de saber si el que huele raro es el informe o es usted. Eso lo tengo que mirar yo con los ojos.
—Entendido.
—Y si estoy equivocada, se lo diré. Yo cuando me equivoco lo digo.
Es verdad. Lo dice.
Colgué y estuve en el coche del aparcamiento del Zubiri hasta que se me apagó la luz de dentro.
Tengo cuarenta y un años. Tengo una hipoteca en Madrid a la que le quedan diecisiete y un variable que este año iba a ser de veintiséis mil euros si Olarza cerraba.
Y en este sector somos cuatro mil personas y todo el mundo sabe por qué se va todo el mundo.
A un evaluador al que echan por falsear un informe no lo contrata ni la competencia, porque la competencia hace exactamente lo mismo que nosotros y necesita gente que no falsee informes.
No estoy haciendo nada noble. Estoy metiendo una mano en una máquina que lleva funcionando once años y de la que yo soy una pieza, y no la meto por nadie: la meto porque no soporto la idea de escribir el documento que la cierra.
Eso tampoco es que sea mejor.
Nota para el expediente OLARZA-114:
INFORME DE CAMPO N.º 6 — Revisión de viabilidad y coste de entrada
Evaluador: D. Sotelo. Fecha: 30/01. Estado: acceso directo. Sin anexo.
2. DERIVACIÓN. Revisado el pliego vigente (anexo II, criterios de asignación de prestador), la discrecionalidad efectiva de la agente comarcal se estima en el 25 % del volumen.
El 75 % restante queda condicionado por proximidad, tiempo de respuesta comprometido y disponibilidad de sala, parámetros en los que el operador actual es difícilmente sustituible en el corto plazo.
Antigüedad de la agente: 31 años. Sin edad de jubilación antes de 2031: no existe ventana de sucesión.
4. CAPEX DE CONVERSIÓN. Climatización integral de ambas salas, 46.
000 €. Levantado de solado, nivelación y pavimento, 38.
000 €. Accesibilidad y segunda salida de evacuación conforme a estándar del grupo, 51.
000 €. Flota (2 vehículos 240.000 km), 50.
000 €. Total: 185.000 €. Comparativa León 2021: 87.
000 € sobre instalación de mayor superficie.
5. RIESGO ADMINISTRATIVO. La licencia municipal de actividad (2009) figura vinculada a titularidad.
Un cambio de control obligaría a nueva tramitación con informe preceptivo de la Comisión de Urbanismo.
Plazo estimado: 8-14 meses. Riesgo cierto de imposición de condiciones nuevas en materia de dotación de aparcamiento (situación actual: 11 plazas).
6. REVISIÓN DE LA ESTIMACIÓN DE RESISTENCIA. La estimación de 11 meses contenida en el informe n.º 5 no incorporaba la titularidad libre de cargas del inmueble ni la capacidad de reducción de plantilla del operador. Horizonte realista revisado: no inferior a 36 meses.
7. RECOMENDACIÓN. Suspender la vía de adquisición hasta reevaluación en el ejercicio siguiente.