Sanguinaria (El Corazón 1) 39. Esto es lo que hace la esperanza #4
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39. Esto es lo que hace la esperanza #4

El primer disparo llegó desde su derecha; uno de los guardias leales a Maximus cargó en dirección a Mikel. Luego otro, y otro más, hasta que el aire se llenó del estruendo de los disparos y el olor acre de la pólvora le quemó las fosas nasales.

El caos estalló en el cadalso. Los hombres de Mikel devolvieron los disparos, y los cuerpos empezaron a caer a ambos lados. Shadera se agachó sobre una rodilla y disparó y abatió a un Veyra tras otro. Elara se agazapó detrás del altar, aferrándose a él con manos temblorosas.

Brooker debió de aflojar su agarre, porque Callum consiguió zafarse y se lanzó hacia Lira con una rapidez desesperada.

Corrió hacia ella con la mano extendida entre los silbidos de las balas.

Greyson sintió cómo el mundo se ralentizaba mientras un grito le subía por la garganta.

Pero fue demasiado tarde.

La bala que lo alcanzó salió del arma de Brooker.

Un único disparo en la parte posterior de la cabeza. El cuerpo de Callum se sacudió y se desplomó sobre el cadalso, con la sangre extendiéndose bajo su cuerpo en un círculo carmesí cada vez más grande.

El mundo se detuvo; todos los sonidos se apagaron, salvo el único y espantoso grito que brotó de la garganta de Lira.

Era un sonido de pura angustia. Un sonido que parecía desgarrar toda la ciudad, resonando entre los edificios.

Para Greyson, todo ocurrió a cámara lenta. Lira corrió hacia Callum, sin importarle las balas que todavía volaban a su alrededor. La vio caer de rodillas junto a su cuerpo. Vio que movía los labios formando el nombre de Callum mientras lloraba, pero él ya no oía nada, solo un zumbido constante.

Una bala le dio a Lira en el hombro, y entonces Greyson despertó. Se lanzó hacia ella, resbalando entre sangre y cuerpos mientras luchaba por llegar hasta su hermana herida y su mejor amigo.

Su mejor amigo.

Un Veyra lo embistió por detrás y lo estampó contra el suelo del cadalso con una fuerza que le sacudió los huesos. Su arma salió despedida por la superficie pulida, fuera de su alcance. Luchó, retorciéndose bajo el peso del guardia, pero aparecieron más manos y lo inmovilizaron.

A su alrededor, los Veyra leales a Mikel iban cayendo, abrumados por la superioridad numérica. Lograron abatir a todos hasta que solo quedó Mikel en pie, espalda contra espalda con Shadera mientras disparaban en un intento desesperado por defenderse.

Pero no era suficiente. No podía ser suficiente.

Una bala alcanzó a Shadera en el muslo y la hizo caer de rodillas con un grito ahogado. Otra le rozó el brazo a Mikel y le dejó un surco humeante en la carne. Estaban perdiendo. Ya habían perdido.

—Sacad a mi hija de aquí —ordenó Maximus señalando a Lira, quien todavía abrazaba el cuerpo de Callum. Sus sollozos se convirtieron en un lamento desgarrador que le partió el alma a Greyson—. Y a mi hijo. Proteged al heredero.

Los Veyra obedecieron y apartaron a Lira del cuerpo de Cal­lum. Ella luchó como un animal salvaje, pataleando, gritando, dejando rastros de sangre con los dedos sobre el cadalso mientras la separaban de él.

Otros guardias rodearon a Brooker para formar una barrera protectora y escoltarlo y alejarlo de la violencia.

—¡No! —gritó Lira con voz rota y descarnada—. ¡No! ¡Cal­lum! ¡Soltadme! ¡Callum!

Greyson forcejeó con más fuerza contra las manos que lo sujetaban, desesperado por alcanzarla, por ayudarla, pero no se lo permitieron.

Le clavaron una rodilla entre los omóplatos hasta dejarlo casi sin aire.

Observó cómo se llevaban a Lira, cuyos pies descalzos iban dejando manchas de sangre, sus gritos apagándose a medida que la arrastraban escaleras abajo y fuera de la plaza.

Shadera les gruñía a los tres guardias que la sujetaban, retorciéndose y golpeándolos furiosa.

Mikel permanecía quieto, con los brazos inmovilizados a la espalda.

Maximus se acercó lentamente a Greyson y sacó una elegante pistola del interior de la chaqueta. Se plantó ante él, y, aunque la máscara dorada no dejaba ver su expresión, pudo sentir cómo el triunfo irradiaba de su cuerpo como si fuera calor.

—Ponedlo de rodillas —ordenó Maximus, y Greyson por fin pudo respirar cuando lo levantaron.

—Más te vale matarme —dijo Greyson con desprecio, sintiendo el sabor de la sangre que le manaba del labio partido. Desvió la mirada al cuerpo de Callum, a pocos metros, y el corazón se le encogió—. Porque nunca dejaré de luchar contra ti. No pararé de ir a por ti hasta que estés muerto.

Maximus inclinó la cabeza para evaluarlo durante unos segundos.

—Ya has cumplido tu propósito. Ya no me sirves para nada.

No hay motivo para mantener con vida al bastardo del capitán.

—Alzó el arma y le apuntó a la cabeza—. Deberías haber acatado las normas, Greyson.

Deberías haber aceptado tu lugar y ahora estarías en lo más alto junto a tu hermano y a mí.

—Se le tensó el dedo sobre el gatillo—. Pero elegiste el bando equivocado.

Esta rebelión estaba condenada desde el principio.

Greyson no cerró los ojos. No se inmutó. Tomó en cambio distancia de su cuerpo. Si ese era su final, lo afrontaría con la misma rebeldía que había marcado su vida.

Moriría siendo él mismo, no la creación de Maximus.

El grito gutural de Shadera llegó un instante antes de que sonara el disparo.