Sanguinaria (El Corazón 1) 30. Esas dos cosas #2
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30. Esas dos cosas #2

—Farrow observó el ataque de Shadera contra Brooker desde su punto de encuentro —dijo Jaeger—.

Lo encontró con un hilo de vida, pero logró detener la hemorragia y conseguir un médico a tiempo para salvarle la vida.

—Hizo una pausa para encontrarse con la mirada de Farrow, al otro lado de la mesa—.

Fue entonces cuando me llamó y me contó lo que estaba ocurriendo en los anillos del Cardinal.

Fue entonces cuando decidimos que debíamos empezar a trabajar juntos y a compartir información para que no volvieran a ocurrir cosas como aquella.

A Lira empezó a temblarle el brazo; el peso del arma le agarrotaba los músculos.

—Pudimos salvarle la vida —continuó—, y nos dijo que lo más probable era que el encargo hubiera sido obra de tu padre. Pero debíamos completarlo para asegurarnos de que creyera que estaba muerto.

Cada palabra que pronunciaba era un martillo contra la realidad ya resquebrajada de Lira.

—Encontramos un cuerpo —añadió con voz plana—. De la clínica del Cardinal, de complexión similar a la de tu hermano. Lo cogimos, le tatuamos la marca de Brooker en el pecho y le dimos una buena paliza. Hasta que quedó irreconocible.

A Lira se le revolvió el estómago. No quería oírlo, no quería saber lo que venía después. Pero Jaeger siguió hablando.

—Quemamos las huellas dactilares. Le arrancamos los dientes. Lo desollamos. Le drenamos la sangre y la sustituimos por la de Brooker. Lo hicimos lo más parecido a él que pudimos.

Cada detalle era un nuevo horror, una nueva atrocidad. A Lira se le nubló la vista, las náuseas le subían por la garganta.

—Dejé el cuerpo en el Corazón —concluyó Jaeger—. Con el contrato encima, y fue suficiente. Suficiente para convencer a tu padre de que habíamos completado el encargo.

Lira se volvió hacia Brooker en busca de una negación, cualquier señal de que aquello era mentira. Pero sus ojos se encontraron con los de ella, solemnes, mientras asentía. Confirmación. Reconocimiento.

Finalmente, bajó el arma al volverse de nuevo hacia Jaeger.

—¿Y Greyson? —preguntó, y su voz le sonaba distante—. ¿Qué excusa tienes para haber aceptado su contrato?

Necesitaba saberlo. Necesitaba entender cómo el hombre que afirmaba proteger a los anillos, luchar por la gente, podía intercambiar tan fácilmente la vida de su hermano por… ¿por qué? ¿Dinero? ¿Poder?

Jaeger se inclinó hacia delante, con los codos apoyados sobre la mesa y las manos marcadas por las cicatrices entrelazadas frente a él. Le sostuvo la mirada con firmeza, sin inmutarse ante su ira, su devastación.

—Un año después de que dieran por muerto a Brooker, tu hermano me trajo a Mikel. Me contó que había trabajado como espía dentro de los círculos de tu padre, pasando información a la rebelión. Que estaba dispuesto a ayudarnos en todo lo que pudiera.

Jaeger hizo una pausa, sacó una moneda del bolsillo y la hizo girar entre los dedos mientras le daba un sorbo a su copa.

—Hace seis meses, Mikel nos dio un ultimátum. Dijo que solo seguiría ayudándonos si sacábamos a Greyson. Nos habló de su conexión con Greyson, del contrabando, de que Maximus empezaba a sospechar.

Lira desvió la mirada hacia Mikel mientras Jaeger continuaba.

—Aceptamos sacarlo, pero necesitábamos tiempo para trazar un plan, para encontrar una forma que no pusiera en peligro la rebelión que estábamos organizando en los anillos.

Todavía estábamos dándole vueltas a cómo sacarlo cuando nos llegó el contrato.

Pero, en esta ocasión, no había alias ni engaños.

Un miembro desconocido de la élite del Corazón pagó específicamente por el asesinato de Greyson Serel, alegando que quería un cambio.

Se le revolvió el estómago. Lira sabía, con una certeza enfermiza, de dónde había salido ese contrato.

—Pero eras consciente de que era obra de mi padre —dijo con voz hueca.

Jaeger asintió.

—Se lo llevé a Brooker y a Farrow de inmediato. Lo vimos como lo que era: una oportunidad. Una forma de sacar a Greyson sin levantar sospechas.

La cabeza empezó a darle vueltas mientras trataba de asimilarlo todo. Los secretos, las mentiras.

—El plan era mandar a Shadera a por él. —La moneda le bailaba entre los dedos—. Se lo asigné porque era la única en quien confiaba, la única lo bastante inteligente como para tener una oportunidad de salir con vida del Corazón. En esta ocasión, el contrato debía completarse desde dentro.

Jaeger miró a Jameson con expresión seria.

—Tuve que tomar una decisión: arriesgar su vida para salvar a Greyson, o perder a nuestro informante más importante del Corazón. Elegí la opción que salvaría más vidas.

Lira sintió cómo la ira irradiaba de Jameson en oleadas, cómo se le tensaba la mandíbula. Parecía ser la única otra persona que no estaba enterada del tema, la única otra persona a la que no le habían confiado la verdad.

—La idea era que Shade no pudiera herir realmente a Greyson —dijo Jaeger, y su voz se volvió más suave mientras hacía rodar la moneda por sus nudillos por última vez antes de atraparla en la palma—.

Fui a su almacén mientras estaba fuera por un encargo.

Reemplacé todas sus balas por balas de goma impregnadas con un veneno que le ralentizaría el pulso, que haría que se le agarrotaran las extremidades para que pareciera que estaba muerto.

La habitación le daba vueltas, todas aquellas confesiones se acumulaban unas sobre otras hasta que apenas pudo respirar bajo su peso.

—Los Veyra que acudieron a la escena del asesinato fueron Mikel y sus hombres. Debían darlo por muerto y encargarse de su cuerpo, como de costumbre. Entonces lo sacarían del Corazón de contrabando.

—Pero algo salió mal —dijo Lira.

Las piezas empezaban a encajar.

Jaeger asintió.

—No sabía que Shade tenía una pistola Veyra escondida. No cambié esas balas.

Un escalofrío le recorrió la espalda a la vez que se hundía en la silla. Todos los planes medidos al dedillo, todas las manipulaciones… echadas a perder por una sola arma oculta.

—Y, entonces —suspiró Jaeger—, Greyson se quitó la máscara. Esas dos cosas, la bala en la recámara y el desenmascaramiento, echaron por tierra nuestro plan.

Jameson se levantó de un salto y su silla golpeó el suelo.

—¿Me has estado mintiendo todo este tiempo? —Clavó la mirada en Farrow—. De Jaeger me lo esperaba, pero ¿de ti?

Lira observó cómo Farrow perdía el color mientras se levantaba para encararlo.

—No es así, Jay…

—Acudí a ti en busca de ayuda. Compartí contigo toda la información que tenía. Te supliqué que me ayudaras a encontrar una forma de mantener a todo el mundo a salvo. Dejaste que me quedara sentado de brazos cruzados, con miedo, y no dijiste nada.

El sentimiento de traición que le teñía la voz resonó en el pecho de Lira; su dolor era un reflejo del de ella.

—Por eso no te lo dijimos —siseó Jaeger, y Jameson lo fulminó con la mirada—. Planeábamos contártelo después de sacar a Greyson porque eres demasiado visceral. Eres un soñador que cree que puede salvar a todo el mundo. Pero no puedes, Jameson. No podemos salvarlos a todos.

Jameson abrió la boca para responder, pero Jaeger levantó la mano.

—Intentamos sacar a Shade por ti. No te hemos traicionado, solo te hemos mantenido al margen de cosas que no necesitabas saber hasta que fueras capaz de pensar en algo que no fuera ella.

Pero esa misión no fue un fracaso. Obtuvimos información valiosa gracias a ti: que el presidente planea bombardearnos.

Que hay cosas que ni siquiera le cuenta a Mikel.

Callum por fin habló, con voz calmada y firme.

—Creo que todos estamos de acuerdo en que deberíamos haber confiado los unos en los otros desde un principio, que la unidad con todo lo que sabemos ahora habría sido el mejor camino.

Pero es lo que hay, y no tenemos tiempo para pelearnos.

Greyson y Shadera no tienen tiempo, los anillos no tienen tiempo.

—Golpeó suavemente un anillo contra la mesa, y la vibración recorrió el cuerpo de Lira—.

Tenemos que volver al Corazón, así que vamos a dejar de perder el puto tiempo y acabemos con esto de una vez.

Lira apretó la mandíbula para contener la avalancha de preguntas que amenazaban con ahogarla. Callum tenía razón.

La conversación continuó a su alrededor; los detalles tácticos y los planes de contingencia fluían como una corriente que sus oídos se negaban a escuchar.

Mantuvo la mirada clavada en su hermano, estudiando los cambios que el tiempo y los secretos habían esculpido en él.

Estaba más delgado, más fibroso; su suavidad había sido reemplazada por las facciones afiladas de un hombre que había vivido entre las sombras.

Después desvió la mirada hacia Callum para examinar su rostro mientras discutía sobre rutas de escape con Jaeger.

Tenía una expresión concentrada y decidida.

Él lo sabía. Estaba al tanto de todo. No se había inmutado ante ninguna de las confesiones, no había mostrado sorpresa ante ninguna de las verdades compartidas esa noche.

Sabía que Brooker estaba vivo y se lo había ocultado.

—Li, ¿me has oído?

Se volvió con brusquedad hacia Brooker.

—He dicho que necesitaremos una distracción cuando los sanguinarios se lancen contra Maximus —repitió su hermano.

—La tendréis —prometió ella, y su propia voz le provocó un escalofrío—. El Corazón no sabrá de dónde le vienen los golpes.