Sanguinaria (El Corazón 1) 30. Esas dos cosas
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30. Esas dos cosas

Lira estaba sentada al otro lado de la mesa frente a su hermano. Su hermano muerto. Se negaba a procesar lo que estaba viendo.

Brooker. Vivo. Respirando.

El mundo a su alrededor parecía desdibujarse en los bordes; las voces que sobrevolaban la mesa se volvían distantes y apagadas, como si se encontrara debajo del agua.

Su hermano, a quien había llorado, cuya ausencia había abierto un agujero en su familia, estaba allí sentado con una leve sonrisa curvándole las comisuras de los labios.

La misma sonrisa que ponía cuando eran niños y conseguía gastar una broma.

Solo que esto no era ninguna travesura infantil; era un terremoto que hacía añicos los cimientos de todo lo que creía saber.

No podía moverse, no podía hablar, apenas podía respirar mientras él se acomodaba en la silla y se recostaba en ella con naturalidad, como si no acabara de resucitar.

Callum tensó la mano alrededor de la suya bajo la mesa.

Le acariciaba los nudillos con el pulgar con intención de tranquilizarla, pero ni siquiera ese contacto familiar lograba anclarla a la realidad.

Brooker tenía el pelo más largo; los mechones oscuros le llegaban hasta los hombros, algo que su padre nunca le habría permitido.

Una fina cicatriz le atravesaba el ojo derecho y la ceja, frunciéndole la piel de una forma que hacía que su rostro pareciera más afilado, más severo.

Pero lo que más le había cambiado eran los ojos: esos ojos azules característicos de los Serel que ahora albergaban sombras que ni siquiera podía empezar a comprender.

Lira observó cómo Brooker extendía la mano a un lado y entrelazaba sus dedos con los de Farrow en un gesto fácil e íntimo que hablaba de historia, de confianza.

Farrow mantuvo una expresión seria, pero su agarre alrededor de la mano de Brooker se tensó apenas un segundo; estaba teniendo lugar una comunicación silenciosa entre ellos.

El carraspeo de Jaeger la devolvió a la realidad.

—Tenemos que prepararnos para atacar en poco más de dos días —continuó, como si la vuelta de un muerto no fuera más que una nimiedad—.

El martes por la noche, después de los votos, tenemos una oportunidad que no podemos perder.

La seguridad estará enfocada en mantener a Shade y a Greyson a salvo.

Esperarán algún disturbio durante la ceremonia, por lo que actuaremos después.

Jaeger extendió los mapas sobre la mesa y empezó a trazar rutas a través del Corazón con los dedos.

—Mikel tiene agentes Veyra infiltrados; sus equipos asegurarán la plaza, monitorizando y retransmitiendo cualquier información a los rebeldes, quienes estarán esperando con Fantasma para inundar el Corazón cuando Farrow y mi equipo corten la corriente eléctrica que alimenta los puestos de control.

Lira se encargará de que los drones de los medios creen puntos ciegos para que podamos movernos.

Lira oía las palabras, veía el dedo de Jaeger moviéndose sobre el papel, pero no tenía sentido. Nada tenía sentido.

Su hermano estaba vivo.

Su hermano estaba vivo y había estado trabajando con la rebelión todo ese tiempo. Su hermano estaba vivo y cogiéndole la mano a una líder rebelde mientras Greyson era prisionero de su padre.

—¿Qué coño?

Brooker se rio, y el sonido le resultó dolorosamente familiar.

—Por fin.

—Cómo te atreves. —Su voz era apenas un susurro; no podía dejar de temblar de la rabia que sentía—. Cómo te atreves a sentarte ahí y reírte.

A Brooker se le borró la sonrisa de la cara.

—¿Eres consciente de lo que has hecho? —Lira se inclinó hacia delante con el cuerpo vibrando de furia—. ¿Sabes lo que supuso para nosotros? ¿Para mí? —Alzaba la voz con cada pregunta—. ¿Lo que supuso para Greyson?

Apartó la mano de la de Callum, pues necesitaba sentirse sin ancla, desatar su ira.

—¿Qué has estado haciendo todo este tiempo, Brooker? Mientras nosotros estábamos atrapados con él. Mientras vivíamos con el monstruo día tras día, sabiendo de lo que es capaz. —Se tragó las lágrimas que amenazaban con derramarse—. ¿Pensaste en nosotros mientras vivías libre?

La expresión de Brooker se volvió seria, la alegría desapareció de sus ojos mientras se echaba hacia delante.

—Lo sé. —Sacudió la cabeza y tragó saliva con dificultad—. He pensado en vosotros todos los días, Li. Créeme, no ha habido ningún segundo en el que no haya deseado que todo esto hubiera sido diferente.

La dulzura de su voz alimentó la rabia de Lira.

—No, no lo sabes. Tú no estabas allí. No presenciaste cómo empeoraba, cómo se volvía más paranoico, más cruel. No tuviste que ver a Greyson ocupar tu lugar en ese cadalso, convertirse en algo que nunca quiso ser.

—Era la única solución —respondió Brooker, con voz baja y urgente—. Tenía que creer que estaba muerto. El Corazón tenía que creer que estaba muerto para poder continuar con mi trabajo.

—¿Tu trabajo? —Lira escupió las palabras—. ¿Qué trabajo podría valer tanto la pena como para dejar que tu familia creyera que te habían asesinado?

A Brooker se le endureció la mirada.

—Salvar miles de vidas. Construir una resistencia que pudiera desafiar al poder de nuestro padre. Crear una vía de escape para la gente atrapada en el Corazón. —Le apretó la mano a Farrow—. Encontrar personas en las que poder confiar de verdad.

Lira jadeó cuando esas palabras la atravesaron como una bala. No podía ser que confiara en ella. No confiaba en ella.

—Entiendo —respondió, y su voz se había vuelto más fría.

La culpa cruzó el rostro de Brooker, una emoción sincera resquebrajándose en su mirada. Pero, antes de que pudiera hablar de nuevo, Lira se volvió hacia Mikel en busca de un nuevo objetivo contra el que desatar su ira.

—¿A qué te refieres con lo de que Greyson es tu hijo? ¿Cómo es posible?

El rostro del capitán Veyra permaneció impasible; su porte militar no vaciló bajo su escrutinio. Conocía a ese hombre desde que era niña, lo había visto de pie a la derecha de su padre en todos los actos oficiales, lo había visto cumplir las órdenes de su padre sin cuestionarlas.

—Tu madre y yo nos conocemos de toda la vida. —Hizo una pausa, y una sombra de tristeza le cruzó el rostro—. Íbamos a tomar los votos, pero entonces se comprometió con tu padre.

Se inclinó hacia delante, apuró lo que le quedaba en la copa y se aclaró la garganta.

—Elara es la única mujer a la que he amado, y tuve que presenciar cómo la obligaban a casarse con el diablo.

—Respiró hondo y se obligó a mantener la voz firme—.

No hay amor en la cama de tu padre, solo dolor.

No nos importaba que pudiera matarnos por ello, no temíamos a la muerte sabiendo que moriríamos juntos.

Se sirvió otra copa justo cuando Lira abrió la boca para replicar, pero el puño de Jaeger golpeó la mesa y la interrumpió.

—Basta —gruñó con la mirada clavada en ella—. Tu drama familiar puede esperar. Tenemos…

Lira se movió y desenfundó el arma que llevaba sujeta al muslo.

La veían como una niña, una princesa, una mujer incapaz de ejercer la violencia.

Pues estaban muy equivocados. Ese fue su error.

Esa fue la razón por la que logró apuntarle en la cabeza a Jaeger antes de que la abatieran en una sala llena de asesinos.

En cuestión de segundos, todos los sanguinarios presentes en la sala le estaban apuntando con sus armas a la espalda, listos para disparar.

El tiempo pareció ralentizarse mientras veía cómo Brooker abría los ojos, mientras sentía cómo Callum deslizaba lentamente la mano hacia su pistola, mientras observaba cómo Jaeger enderezaba la espalda.

—Diles a tus hombres que bajen las armas —gruñó Lira al quitar el seguro a modo de advertencia.

Jaeger les hizo una señal al instante. Sintió cómo se le aligeraba la espalda cuando obedecieron, aunque mantuvieron las armas preparadas.

—Ahora, señorita Serel —dijo Jaeger despacio—, eres tú quien debe bajar el arma.

Lira la alzó más.

—¿Cómo te atreves a burlarte de mí cuando eres el responsable de esto? Aceptaste los contratos contra mis dos hermanos. ¿Qué te impide aceptar uno contra mí?

Brooker se puso de pie lentamente.

—Lira, por favor. Baja el arma.

—No. —No apartó la mirada de Jaeger—. Quiero saber la verdad. Toda la verdad. Y quiero que sea él quien me la cuente.

Los ojos de Jaeger se encontraron con los de Lira por encima del cañón de la pistola; la observaba con una expresión indescifrable.

—¿Quieres saber la verdad? —preguntó en voz baja y plana—. La verdad rara vez ofrece consuelo.

—No quiero consuelo —replicó Lira con el dedo firme en el gatillo—. Quiero respuestas.

—De acuerdo. —Jaeger se recostó en su silla, aparentemente despreocupado a pesar de que le estaban apuntando a la cabeza con un arma—. Mi asociación con Farrow no empezó hasta después de aceptar el contrato contra un hombre llamado Levi Pierce.

Lira frunció el ceño ante el nombre desconocido, pero guardó silencio, dejando que Jaeger continuara.

—Por aquel entonces no sabía que Brooker trabajaba bajo ese alias en los anillos.

Las pruebas aportadas en el encargo eran más que suficientes para demostrar que Pierce estaba vendiendo secretos del Cardinal al Corazón.

—Jaeger desvió la mirada ligeramente hacia Brooker antes de volver a centrarse en ella—.

No sabía lo que estaba haciendo Brooker por la rebelión, que estaba trabajando con Farrow.

La mente de Lira se aceleró, tratando de encajar esa información con lo que ya sabía. Su hermano, viviendo una doble vida bajo un nombre falso, atrapado entre dos mundos.

—Shadera se encargaría de matarlo —prosiguió Jaeger con tono impasible—.

Después, yo hablaría con mis contactos para completar el encargo, que básicamente consistía en exhibir su cuerpo en el centro del Corazón a modo de advertencia para que otros se replantearan lo de vender información de los anillos.

A Lira se le revolvió el estómago al pensarlo y la bilis le subió por la garganta. La brutalidad de aquello, la indiferencia con la que habían negociado con la vida de su hermano.