Sanguinaria (El Corazón 1) 29. ¿A qué precio? #3
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29. ¿A qué precio? #3

La palabra encendió la rabia en su pecho. Greyson no podía haberse enamorado de ella. No podía dar forma al sentimiento que había estado creciendo en su interior, echando raíces en lo más profundo de su ser. No ahora, no ante esta traición, esta devastación. No después de esto.

Maximus se inclinó hacia delante para sacudirse el polvo de los pantalones, como si no acabara de arrojarle a Greyson una granada entre las costillas.

—Claro está, la muerte de Brooker no fue más que el principio. Tenía planeados destinos similares para ambos.

Las palabras atravesaron el dolor que se acumulaba en el alma de Greyson y lo arrastraron de vuelta desde el borde del colapso.

—¿De qué estás hablando?

—A estas alturas, me imagino que ya te habrás dado cuenta —prosiguió Maximus—. El contrato sobre tu vida. La asesina enviada para matarte.

A Greyson le vibró un gruñido en la garganta, pero lo contuvo. Se centró en la lógica, como siempre hacía cuando sentir le resultaba insoportable. Su padre estaba hablando sin tapujos, compartiendo secretos. Podía usar en su contra cualquier cosa que dijera. Necesitaba que siguiera hablando.

—Esperaba que hiciera un trabajo mejor —añadió Maximus mientras pasaba los dedos por la máscara sobre su regazo—.

Primero la muerte de Brooker a manos de una sanguinaria, luego la tuya…

Una tragedia devastadora para el Corazón, una prueba de que los anillos se han vuelto ingobernables.

—Hizo una pausa—. La justificación perfecta para lo que se aproxima.

—La Purga —susurró Greyson mientras le invadía el horror al encajar las piezas—. Planeabas usar nuestras muertes para justificar un asesinato masivo.

Maximus hizo un gesto despectivo con la mano.

—Es un ajuste de población…

—Son personas —interrumpió Shadera con la voz cargada de veneno—. No estadísticas. No ecuaciones que equilibrar.

—Son alimañas — replicó Maximus sin molestarse en mirarla—. Parásitos que drenan los recursos del Corazón sin aportar nada de valor. Lo mejor será eliminarlos, hacer sitio para quienes merecen la protección de nuestra ciudad.

—¿Hacer sitio para qué? —exigió saber Greyson mientras una nueva sospecha tomaba forma.

Maximus le sostuvo la mirada con una sonrisa retorcida dibujada en el rostro.

—Para el futuro. La ciudad-estado del norte está fallando. Su élite, gente con cultura, educación, riqueza, necesita un lugar a donde ir. New Found Haven tiene la infraestructura, la seguridad. Lo único que le falta es… el espacio.

La depravación del plan de su padre se anquilosó en la mente de Greyson.

—Estás loco —susurró.

—Soy pragmático —le corrigió Maximus—. El mundo está cambiando, hijo.

Los que se adapten sobrevivirán. Los que se aferren a nociones obsoletas de igualdad perecerán.

—Hizo una pausa—. Las antiguas estructuras de poder…

se están desmoronando. Y depende de nosotros, los fuertes, los dignos , dar forma a lo que surja de las cenizas.

—¿A qué precio? —La voz de Shadera cortó la tensión entre padre e hijo—. ¿Cuántas vidas estás dispuesto a sacrificar por tu utopía?

Maximus se volvió hacia ella con una postura amenazante.

—A cualquier precio —respondió—. Haré lo que sea necesario para asegurar la supervivencia del Corazón.

Se puso de pie y se alisó el traje azul oscuro.

—Los votos ceremoniales seguirán adelante según lo previsto.

Ambos cooperaréis. Os presentaréis como el símbolo perfecto de unidad entre el Corazón y el Perímetro, y usaréis vuestras voces para convencer a los leales al Corazón de que se entreguen y así ser perdonados.

Y, a cambio, me plantearé modificar mis planes.

Quizá decida perdonar a sectores clave de los anillos.

—Se colocó la máscara de nuevo sobre el rostro y les dio la espalda a ambos—.

Resistíos, y me aseguraré de que veáis morir a miles antes de mataros a vosotros.

Las bombas están listas, los objetivos seleccionados.

Con una sola palabra, haré que el Perímetro vuele por los aires.

Y, con esa frase flotando en el aire, Maximus les hizo una señal a los guardias. Estos se colocaron en formación a su alrededor mientras salían. La pesada puerta se cerró tras ellos con un golpe final que resonó por toda la estancia.

El silencio cayó sobre las celdas, roto únicamente por la respiración entrecortada de Shadera.

Greyson permaneció inmóvil, con la mirada clavada en el suelo de hormigón donde se había acumulado su sangre bajo la silla y luego se había secado.

Su mente era un huracán, sus emociones chocaban unas con otras y lo dejaban entumecido a su paso.

Su padre había pagado el contrato de Brooker y Shadera lo había ejecutado. Esa confesión le cayó en el pecho como una piedra, aplastándole los pulmones, el corazón.

—Greyson. —La voz de Shadera le llegó a través del cristal—. Greyson, por favor…

—Para —le pidió Greyson en un susurro.

No podía hacerlo. No podía oír su voz. No podía soportar su sonido. El dolor que contenía, las mentiras que decía.

—Necesito que entiendas…

—Por favor. —Se le rompió la voz. La granada que Maximus le había lanzado al pecho se detonó—. Por favor, para.