28. Bienvenido a la REVOLUCIÓN #4
—Encontré el contacto de Farrow en el teléfono de mi hermano —explicó Lira, escogiendo sus palabras con cuidado—. Llamé para ver si podía descubrir alguna pista sobre su muerte.
Farrow intercambió una mirada fugaz con Jaeger ante sus palabras, y ambos se volvieron hacia ella, como si la evaluaran.
Era una verdad a medias. Había encontrado el contacto de Farrow entre las pertenencias de Brooker. Solo estaba omitiendo la realidad de por qué la había llamado, el plan que estaba elaborando. Pero eso no se lo diría hasta que se llevara a cabo.
Lira le dio un sorbo pausado al whisky y luego dejó el vaso.
—Pero no estamos aquí por eso. —Desvió la mirada hacia Mikel y dejó que todo el peso de su ira se le reflejara en el rostro—. ¿Qué coño haces aquí? ¿No acabas de ayudar a mi padre a encarcelar a Shadera y a mi hermano hace escasas horas?
A Mikel se le tensó la mandíbula. Bajo la tosca luz del bar parecía mayor que por las cámaras; se le marcaban líneas de expresión profundas alrededor de la boca y de los ojos. Cuando habló, tenía la voz ronca a causa de una emoción que Lira no logró identificar de inmediato.
—Hice mi trabajo —respondió—. Tu padre se ha vuelto… impredecible. Están pasando muchas cosas en esta ciudad de las que no tienes ni idea. Mi tarea era acercarme a él, así que hice todo lo que fue necesario para que eso ocurriera.
Antes de que Lira pudiera responder, Jameson intervino con un tono de voz afilado y desconfiado mientras se giraba hacia Callum y finalmente se dejaba caer en una silla junto a Jaeger.
—¿Y este qué? ¿Qué pinta la mafia del Corazón en esta mesa? ¿Y la hermana del verdugo?
Callum soltó un resoplido exagerado.
—¿Mafia? Me halagas.
Jameson bajó la mano a su pistola de nuevo.
—No me toques las narices, Thane. He perdido mucho en esta lucha como para que me tome el pelo la élite del Corazón a la que ahora le da por jugar a la rebelión.
—Jameson —le advirtió Jaeger.
—No —saltó Jameson—. Basta de secretos. Basta de saber «solo lo necesario».
Hemos perdido demasiado tiempo por no compartir información.
Porque todos nos creíamos listos de cojones por mantener nuestras pequeñas secciones de la rebelión separadas.
—Se volvió hacia Farrow para volcar su furia en ella—.
¿Sabías que Maximus planea lanzar bombas sobre el Perímetro?
Los drones de los que te hablé. Por eso está cartografiando los anillos, para saber dónde lanzarlas.
Por primera vez, Farrow vaciló.
—¿Qué?
—No son simples bombas, es algo peor —intervino Callum, y todas las miradas se volvieron hacia él.
Lira sintió que la habitación se inclinaba ligeramente cuando la magnitud de la situación comenzó a mostrar su rostro.
No sabía nada de las bombas. Empezó a arderle la garganta a causa del ácido que le subía del estómago.
Aquello ya no iba de salvar a su hermano y a Shadera. Iba de salvar miles y miles de vidas.
—Son bombas capaces de desintegrar la vida humana al contacto. —Callum hizo una pausa, como si necesitara prepararse para lo que iba a decir a continuación—. El presidente lo llama «La Purga».
Un silencio pesado cayó sobre la mesa; todos estaban asimilando el horror de sus palabras.
Mikel fue el primero en romperlo.
—Greyson y Shadera están encerrados en el ático de tu padre. —Miró a Lira—. Bajo su apartamento hay un piso oculto que utiliza como prisión privada para gente importante.
A Lira se le revolvió el estómago.
—Lo mantendrá bajo vigilancia las veinticuatro horas por guardias Veyra cuya lealtad es absoluta.
No podremos llegar hasta ellos hasta después de los votos ceremoniales, cuando los libere.
—A Mikel se le suavizó el rostro—. Respeto a tu hermano; sé desde hace tiempo lo que ha estado haciendo por los anillos, y he intentado protegerlo, aliviarle de las cargas en el cadalso siempre que he podido, y haré todo lo que esté en mi mano para salvarlo.
—¿Por qué? —preguntó Lira alzando la voz mientras apretaba los puños sobre la mesa—. ¿A qué se debe tanto interés? ¿Por qué te importa lo que le pase cuando has estado acatando las órdenes de mi padre para hacerle daño constantemente?
Mikel miró a Farrow y ella asintió. Después, respiró hondo y respondió:
—Es mi hijo.
«Imposible. Eso… ¿Cómo puede…? Es imposible».
Lira negó con la cabeza. Se le empezó a acelerar la respiración mientras se negaba a tragarse esa mentira.
—No. No, eso es…
—Ya viene —la interrumpió Farrow.
A Lira le pitaron los oídos, y un cosquilleo le recorrió las extremidades.
«Joder, están pasando demasiadas cosas a la vez».
—¿Quién? —Apenas oía su propia voz—. ¿Quién más forma parte de esto?
De repente sintió la mano de Callum sobre la suya encima de la mesa. Sintió cómo le daba un leve apretón, como si tuviera miedo, como si temiera que se la arrebataran.
Nadie respondió, nadie dijo nada cuando la puerta del bar se abrió a su espalda. Las bisagras chirriaron, y todas las miradas se clavaron más allá de su hombro.
Entonces, una voz que habría reconocido entre una muchedumbre enfurecida sonó detrás de ella.
—Hola, hermanita.