27. No me ha debilitado #4
—Pues no lo permitas —contestó ella con sencillez, y el último resquicio de control que le quedaba a él se desintegró.
Callum se abalanzó sobre ella, apoderándose de su boca mientras la tumbaba de nuevo. Empezó a mover las caderas contra las de Lira de forma instintiva mientras gemía contra su boca.
El vestido que Lira llevaba se convirtió en un enemigo, una barrera entre lo que deseaba y él.
Buscó la cremallera de su espalda con los dedos y se la bajó con un sonido que fue como un estruendo en el silencio del dormitorio.
La tela se abrió bajo sus dedos, revelando centímetros de piel suave que se dispuso a poseer con la boca.
Pegó los labios a cada trozo de piel que iba quedando expuesto: la suave curva de su abdomen, el delicado arco de sus costillas, la curva de sus pechos.
Cuando por fin le quitó la prenda por la cabeza, se quedó sin respiración. La luz del sol poniente derramaba sombras sobre su cuerpo, resaltando cada curva, cada hendidura y cada hueco. Le recorrió el borde del sujetador con los dedos y sintió que ella se estremecía bajo la caricia.
—He soñado con esto muchísimas veces —confesó, con la voz ronca por el deseo mientras le desabrochaba el sujetador con facilidad y le bajaba los tirantes por los brazos—. Pero nada de lo que he imaginado se acerca a lo perfecta que eres.
Le dejó los pechos desnudos, y no pudo resistirse a bajar la cabeza para saborearla, recorriendo un pezón con la lengua al tiempo que le acariciaba el otro con los dedos.
El sonido que ella emitió —mitad jadeo, mitad gemido— le provocó una sacudida de placer en la polla, ya dura debajo de los pantalones.
—Callum —susurró ella, arqueando la espalda y pegándose con más fuerza contra su boca al tiempo que le enterraba los dedos en el pelo para sujetarlo contra ella, como si le diera miedo que fuese a parar—. Dios, sí.
Pasó al otro pecho y se lo acarició con el mismo cuidado, arrancándole otro gemido entrecortado de los labios. Le deslizó la mano libre por el abdomen, hasta la cinturilla de las bragas, y se las bajó despacio.
—Quiero venerar cada centímetro de tu cuerpo —murmuró contra su piel, dejando un reguero de besos por el valle entre sus pechos para después bajar por su esternón y el estómago—.
Quiero aprender cada sonido que emites cuando te toco aquí…
—Le hundió los dedos entre los muslos y la encontró ya mojada—. Y aquí.
Lira jadeó cuando deslizó los dedos por su entrepierna y le rodeó el clítoris sin presionar todo lo que ella quería.
—Por favor —susurró al tiempo que levantaba las caderas para salir a su encuentro—. Te necesito.
Le quitó las bragas del todo, sin apartar los ojos de los de ella ni un instante mientras las tiraba a un lado. Estaba completamente desnuda delante de él, un festín para sus sentidos que tenía intención de saborear.
—Estás mojadísima para mí —dijo casi con un gemido mientras la exploraba con los dedos en busca de los puntos que la dejaban sin respiración, que la hacían temblar—. Dime, amor mío, ¿cuántas veces quieres correrte?
Lira jadeó al oír la pregunta, pero no contestó. Le acarició con más fuerza el clítoris y un gemido profundo brotó de su garganta.
—Quiero que me lo digas —susurró él antes de pegarle la boca a la oreja para mordisquearle el lóbulo.
—Tres —consiguió decir ella, con voz débil y jadeante.
Callum se rio entre dientes antes de meterle un dedo.
—¿Solo tres? Podemos hacerlo mucho mejor.
—¡Dios! —A Lira se le escapó un gemido entrecortado—. Ci-cinco —jadeó mientras alzaba las caderas con avidez hacia su mano.
Callum sonrió contra su cuello al oír el sonido de su placer antes de acercar los labios a los suyos y besarla con ansia para luego apartarse.
Se colocó entre sus piernas y le dejó un reguero de besos en la cara interna de los muslos, demorándose a medida que iba subiendo.
Cuando por fin llegó a su objetivo, su sabor le explotó en la lengua, y gimió contra ella, de modo que la vibración la hizo jadear y estremecerse contra su boca.
Se tomó su tiempo, lamiendo y chupando, trazándole con la lengua arabescos que la hacían retorcerse mientras se aferraba a las sábanas. La penetró con otro dedo, y dobló ambos para alcanzar ese punto que la hacía gritar su nombre.
—Así —la animó mientras la miraba para ver el placer que le demudaba la cara—. Voy a adorarte como te mereces.
Lira lo miró a los ojos, oscurecidos por el deseo, y entreabrió los labios mientras se le agitaba todavía más la respiración.
Callum la sintió cerrarse en torno a sus dedos, muy cerca del precipicio.
Retomó las caricias de la lengua sobre su clítoris y cambió el ritmo con el que la penetraba con los dedos.
—¡Callum…! —Su nombre fue como un grito que le arrancaban de la garganta mientras estallaba, arqueando la espalda y cerrándose en torno a sus dedos. Él no se detuvo, sino que siguió acariciándola durante las olas de su orgasmo hasta que se dejó caer de nuevo en el colchón, temblorosa y sin aliento.
No dejó de acariciarla con los labios. Los mantuvo pegados, saboreando cada gota de su esencia, negándose a separarse de ella.
Iba a alargar el momento para compensar cada año que había pasado sin su sabor en la lengua.
Lira le clavó los talones en la espalda mientras le temblaban los muslos alrededor de su cabeza.
Cada jadeo y cada gemido que ella emitía lo volvía loco, alimentando la necesidad atávica de darle placer hasta que ella no pudiera recordar su propio nombre.
—Callum —jadeó al tiempo que le enterraba los dedos en el pelo y tiraba, hasta casi provocarle dolor, a medida que se acercaba su segundo orgasmo—. ¡Joder, no puedo…!
—Sí que puedes —murmuró él contra su piel húmeda antes de cambiar la lengua por el pulgar para poder mirarla a la cara—. Dame otro, Lira. Déjame ver cómo estallas otra vez.
Ella abrió los ojos y los clavó en los suyos mientras tensaba el cuerpo.
La vulnerabilidad de su mirada, la confianza descarnada con la que se permitía estallar por completo ante él…
, casi lo postró de rodillas. Le palpitó la polla cuando ella gritó, arqueando la espalda y apretando los muslos en torno a su mano.
—Ya van dos —dijo él con voz ronca mientras subía por su cuerpo. Se apoderó de su boca para que Lira se saboreara a sí misma.
Ella empezó a forcejear con su cinturón, con movimientos urgentes y torpes por la euforia después del orgasmo.
—Demasiada ropa —protestó contra sus labios.
Callum se rio entre dientes y la ayudó con el cinturón antes de ponerse en pie para quitarse los pantalones y los calzoncillos. Los ojos de Lira se abrieron cuando le vio la polla, dura y erecta hacia ella.
—¿Ves lo que me haces? —le preguntó, volviendo a la cama—. Cinco años, Lira. Cinco años deseándote, anhelándote , sin tocar a ninguna otra mujer.
Lira se acercó a él y se la rodeó con los dedos. Sentir su mano después de tanto tiempo casi lo postró de rodillas. Gimió y echó la cabeza hacia atrás mientras ella se la acariciaba, titubeante al principio, pero luego con más seguridad.
—Te necesito dentro de mí —susurró ella, con la voz impregnada de deseo—. Por favor, Callum.
Él le apartó la mano con suavidad e hizo que se tumbara.
—Todavía no —dijo mientras le buscaba el cuello con los labios para dejarle un reguero de besos en dirección a la clavícula—. Te he prometido cinco, ¿recuerdas?
Antes de que ella pudiera protestar, volvió a apoderarse de un pecho con la boca y le acarició el pezón con la lengua mientras la tocaba de nuevo entre las piernas. En esa ocasión la estimuló despacio y fue aumentando su placer con paciencia, saboreando cada jadeo y cada estremecimiento.
Cuando sintió que ella se tensaba alrededor de sus dedos, volvió a bajar y reemplazó los dedos con la boca. Sabía todavía más en ese momento, y su esencia le impregnó la lengua mientras la lamía. Gimió contra ella, y la vibración hizo que Lira sacudiera de nuevo las caderas.
—¡Dios! —jadeó, clavándole las uñas en los hombros—. Callum, voy a co…
Redobló sus esfuerzos y empezó a mover la lengua más deprisa contra su clítoris al tiempo que la penetraba con dos dedos, curvándolos para alcanzar el punto que siempre la hacía gritar.
Su tercer orgasmo la sacudió con tanta fuerza que ningún sonido salió de su boca mientras entreabría los labios en un grito silencioso y convulsionaba debajo de él.
Callum no se detuvo, no le dio tiempo a recuperarse. Mantuvo la boca sobre ella, sin dejar de mover los dedos, implacable en la búsqueda de su placer. El cuarto orgasmo siguió al tercero deprisa, y a Lira se le escapó un sonido entrecortado y agudo mientras se le tensaba el cuerpo al estallar.
—Ven aquí —le dijo ella, tendiéndole la mano sin aliento, y él habría sido incapaz de resistirse aunque lo hubiera intentado.
Se tumbó sobre ella mientras la polla le palpitaba por el deseo, y se acercó a la entrada de su cuerpo. La miró al tiempo que se la acariciaba con una mano y le subía la mano libre por el abdomen, deleitándose con cada centímetro de su piel.
—Podría estar mirándote así toda la eternidad…
—Como no me folles ahora mismo, Callum Thane —lo interrumpió ella, con un delicioso tono que era mitad orden, mitad súplica—, te juro que no te lo perdonaré en la vida.
La miró con una sonrisa, y la que le regaló Lira en respuesta fue tan pura, tan abrumadora, que sanó cada pedazo de su corazón que se había roto cuando se alejó de ella.
—Te quiero —susurró, palabras todavía novedosas, todavía maravillosas, en la lengua, al tiempo que la penetraba despacio.
La miró a la cara en busca de cualquier indicio de incomodidad mientras la llenaba, una sensación abrumadora: la húmeda y prieta calidez que lo envolvía centímetro a centímetro; ese cuerpo que se rendía al suyo a la perfección.
Se detuvo a la mitad y apretó los dientes para no ceder al impulso de embestir de golpe.
Había pasado demasiado tiempo y ella lo rodeaba de maravilla.