Sanguinaria (El Corazón 1) 25. Demuéstramelo #4
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25. Demuéstramelo #4

—¿Qué creíste? —lo interrumpió Jameson—.

¿Que ella me vería y, por arte de magia, decidiría venirse con nosotros?

¿Que rompería el compromiso que le impusieron por el simple hecho de verme aparecer?

—Levantó una mano y se quitó el casco con un movimiento violento.

El aire reciclado le golpeó la cara, enfriando el sudor que se le había acumulado en el nacimiento del pelo.

Quería que Jaeger le viera la cara, que viera hasta el último resquicio de la traición grabada en él.

—Póntelo de nuevo —masculló Mikel desde el asiento delantero, con la mirada fija en él a través del espejo retrovisor—. Seguimos en territorio del Corazón.

—A la mierda con tu territorio —gruñó Jameson, pero mantuvo la voz lo bastante baja como para que no se oyera fuera del vehículo.

Jaeger se quitó su propio casco, y sus ojos grises se encontraron con los de Jameson sin pestañear. Su rostro era impasible, con la boca apretada en una línea severa.

—Creía que verte le recordaría cuál es su sitio —dijo con voz firme—. Creía que, si tenía que elegir entre el Corazón y el Perímetro, entre el verdugo y tú, elegiría correctamente.

—No había elección. —Las palabras de Jameson eran descarnadas, despojadas de toda mentira—. ¿Lo entiendes? No puede marcharse porque Maximus ha amenazado con bombardear el Perímetro si no cumple el acuerdo.

El silencio que siguió fue absoluto. Incluso el zumbido del vehículo pareció desvanecerse a medida que las palabras calaban hasta lo más hondo.

Jameson vio cómo se propagaba la información por el equipo: los dedos de Exploradora que se detenían en su cuchillo, la cabeza de Brecha que se levantaba de golpe, las manos de Comunicaciones que se quedaban congeladas sobre su equipo.

La expresión de Jaeger no cambió, pero algo asomó a su mirada.

—Explícate.

—Los drones que me seguían. —Jameson se inclinó hacia delante, bajando la voz—.

Se ha enterado de todo por ellos. El presidente sabe dónde están nuestras clínicas, los campamentos, el cuartel general.

Sabe dónde está todo. Si Shadera no acepta los votos, empezará a bombardear.

Y yo seré el primero. —Su mente se llenó de nuevo con la imagen de Shadera en aquella habitación, recordó su cara cuando le dijo que se fuera, el rechazo a su beso.

Algo había cambiado en ella. Algo más allá de la amenaza que se cernía sobre el Perímetro—.

Hay más. —Miró directamente a Jaeger—. ¿Esos suministros médicos que he estado recibiendo?

¿Los que tienen los números de serie de Serel? Son del verdugo.

—Eso es mentira —murmuró Brecha.

—Me lo dijo él mismo —continuó Jameson—. Sabía las cifras exactas. Lo usó como moneda de cambio. Me dijo que, si quería que los medicamentos siguieran llegando a los anillos, debía irme sin ella.

Para su frustración, la cara de Jaeger permaneció impasible.

—¿Y lo creíste?

—Sí. Aunque no sea él quien mueve la mercancía, sabe lo que pasa y lo permite —contestó—.

Cuando ella confirmó lo que el presidente está planeando, cuando dijo que se quedaría…

, me fijé bien en su cara. Tenía miedo. No mentía.

—Recordó de nuevo ese momento, a Shadera interponiéndose entre Greyson y él, con una expresión angustiada en los ojos mientras tomaba la decisión.

La decisión de sacrificar su libertad por el Perímetro.

Por él—. No está enamorada de él —siguió, y las palabras salieron de su boca antes de que pudiera detenerlas.

El miedo que le había estado carcomiendo el corazón desde que los vio juntos exigía que lo expresara—. Por si es lo que estás pensando.

Jaeger levantó una ceja.

—Pues no estaba pensando en eso.

—Ni siquiera le cae bien —insistió Jameson—. Lo hace para protegernos. Para proteger los anillos.

—¿Intentas convencerme a mí o a ti mismo? —le preguntó Jaeger con una voz que atravesó la defensa de Jameson.

La pregunta se le clavó como un cuchillo entre las costillas. Porque la verdad era que había visto algo en aquella habitación, algo en cómo le hablaba Shadera a Greyson, en su rechazo al beso que él intentó darle, que sugería una complicación para la que no estaba preparado.

Decidió cambiar de tema.

—Lo único que importa es que estamos jodidos. Todos. La rebelión, el Perímetro, todos los planes que hemos hecho… Todo está comprometido si Maximus sabe dónde estamos, qué estamos haciendo.

A medida que se adentraban en las secciones más profundas del Cardinal, lejos de la vigilancia del Corazón, los pensamientos de Jameson se endurecieron. Shadera estaba atrapada, sí. Pero le había dado información que podía usar. Seguía luchando a su manera. Seguía formando parte de la resistencia.

Y ya no estaba sola. Lo tenía a él. Los tenía a todos. Aunque se encontrara atrapada en el Corazón.

—Esto se acaba aquí —dijo Jameson mientras se acercaban al Perímetro. Su voz transmitía una nueva determinación, puro acero bajo el agotamiento—. Se acabaron los secretos entre nosotros. Se acabó la información de inteligencia separada. Se acabaron las agendas separadas.

Jaeger lo miró.

—Cuidado, Fantasma. Eso se parece muchísimo a una orden.

—No es una orden. —Jameson no apartó la mirada—. Es un ultimátum. Los sanguinarios y los rebeldes trabajarán juntos a partir de ahora. Transparencia total. Recursos combinados, inteligencia combinada, planificación combinada.

—¿Y si no? —La voz de Jaeger no denotaba miedo, solo curiosidad.

—Si no, lo perdemos todo. —Jameson no adornó la respuesta—. Si Maximus sabe tanto como asegura, si de verdad está dispuesto a bombardear el Perímetro, ya estamos en guerra. Y me niego a perder a la mujer que amo y esta lucha en la misma semana.

El vehículo se detuvo delante de la última barrera entre el Cardinal y el Perímetro. El equipo se movió, preparándose para bajar, para desaparecer de nuevo en las sombras de sus respectivos territorios. Pero los ojos de Jameson permanecieron fijos en Jaeger, a la espera.

Al final Jaeger asintió con un gesto brusco de la cabeza.

—Mañana —convino—. Trae a Farrow a La Boca del Lobo para reunirnos.

No era una capitulación total, pero bastaba de momento.

Jameson lo aceptaría, aceptaría cualquier victoria, por pequeña que fuera, en un día marcado por la pérdida.

Jaeger le puso una mano en un hombro y le dio un rápido apretón mientras salía del vehículo y desaparecía en la oscuridad de la noche con su unidad.

Jameson respiró hondo por última vez antes de salir del vehículo y adentrarse en la familiar suciedad del Perímetro, planeando ya su siguiente movimiento.

A lo mejor había perdido a Shadera de momento, atrapada como estaba en esa torre con el verdugo.

Pero la guerra por New Found Haven, por la libertad, por el futuro, acababa de empezar.

Y se aseguraría de que ella tuviera un hogar al que volver cuando todo hubiera terminado.