Sanguinaria (El Corazón 1) 24. El puto Jameson Vine #3
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24. El puto Jameson Vine #3

—Sí —le confirmó con una voz más firme de como se sentía—. Puede que no lo entiendas o no me creas, porque no has visto las cosas que he visto yo. Pero los dos estamos atrapados en esta situación. Greyson y yo tenemos que escapar de esto juntos si queremos salvar todas las vidas posibles.

Jameson se quedó en silencio un largo rato, con la cara marcada por la emoción. La mandíbula apretada, la arruga entre las cejas, la mezcla de rabia y miedo en los ojos. Conocía su cara mejor que la suya propia.

—Sal —dijo Jameson al final, dirigiéndose a Greyson—. Necesito un momento con ella. A solas.

Greyson se puso en tensión.

—Ni de coña. Estaré…

—Por favor —lo interrumpió Shadera mirándolo a los ojos—. No voy a marcharme, pero tengo que despedirme.

Observó la lucha interna manifestarse en el lenguaje corporal de Greyson mientras lo consideraba: la tensión de los hombros, el ladeo leve de la cabeza. Al final, asintió con un único y seco gesto de la cabeza.

—Tres minutos —concedió, y se acercó a la puerta—. Después entraré de nuevo, hayáis acabado o no.

Jameson miró salir a Greyson antes de girarse hacia Shadera. Por un momento, se quedaron inmóviles en la luz azulada; el peso de todo lo que no habían dicho los aplastaba como algo físico. Shadera veía ahora las emociones descarnadas que le mostraba: rabia, miedo, dolor.

De un solo movimiento, Jameson acortó la distancia entre ambos y llevó la mano a la máscara de Shadera.

Sus dedos encontraron los bordes de la calavera y la retiraron delicadamente del rostro de Shadera.

Esta sintió el aire frío en su piel, vulnerable y expuesta después de pasar horas escondida detrás de ella.

Los ojos de Jameson recorrieron su rostro con voracidad, como si buscara algún cambio, algún signo de que el Corazón ya había empezado a transformarla.

Se acercó para besarla, inclinando su cuerpo hacia delante con el ímpetu del deseo, de la desesperación, de todas las noches que habían estado separados. Sin embargo, Shadera dio un paso atrás y estiró una mano entre ambos, apoyando la palma contra su pecho. Una barrera. Una negación.

El dolor que apareció en la cara de Jameson fue inmediato y visceral, una herida abierta ante los ojos de ella. Sus brazos, ya extendidos para rodearla, permanecieron quietos en el aire.

—¿Qué sucede? —preguntó, su voz apenas un susurro.

Shadera tragó saliva. De repente, notaba seca la garganta.

¿Cómo podía explicarle lo que ni siquiera ella entendía?

El nudo de confusión y miedo y algo más que había crecido en su interior desde que se adentró en el Corazón.

Desde que vio lo que había bajo la máscara de Greyson, desde que tocó sus cicatrices y presenció su lucha contra el legado y la brutalidad de su padre.

—Nada —respondió, una mentira que le supo amarga—. Pero debes irte. No tenemos tiempo para esto. Debes salir del Corazón antes de que se den cuenta de que estás aquí.

Jameson entornó los ojos, y su mirada se volvió más analítica, más penetrante. Shadera jamás había sido capaz de esconderse de él, no de verdad. La conocía demasiado bien, interpretaba la verdad en la tensión de su cuerpo, en que no era capaz de mirarlo a los ojos.

—¿Tiempo para qué? —Dejó caer las manos a los costados—. ¿Para despedirnos? ¿Para nosotros?

—Jay… —Seguía sin poder mirarlo a la cara, incapaz de ser testigo del dolor que le estaba provocando—. Tienes que ponerte a salvo. Tienes que alertar a los anillos.

Jameson estudió su cara, leyendo la verdad que ella no era capaz de decir en voz alta. La comprensión brilló en sus ojos, seguida del destello de algo más oscuro.

—Vas a hacerlo de verdad —entendió. Las palabras cayeron como piedras entre los dos—. Vas a tomar los votos. Con él.

El peso de su mirada era insoportable.

—No tengo elección.

—Siempre hay elección, Shade —replicó él con voz grave—. Incluso cuando todas las opciones son una mierda, sigue habiendo elección. Fuiste tú quien me lo dijo.

Shadera se pasó una mano por el cabello, sintiéndose cada vez más frustrada.

—¿Qué quieres que haga? ¿Que deje que bombardeen tu clínica, el cuartel general? ¿Que deje que mueran familias y niños por egoísmo? ¿Porque quería volver a casa?

—Te estás enamorando de él, ¿verdad? —La pregunta fue suave, casi amable, lo cual, en cierto modo, fue peor.

—No —respondió inmediatamente. Una negación clara y auténtica—. Es más complicado que eso. Estoy intentando manteneros a todos a salvo.

—No se trata solo de eso —insistió Jameson, acercándose un poco más—. Te conozco, Shade. Lo veo.

Shadera se obligó a mirarlo a los ojos y le sostuvo la mirada con firmeza.

—Lo que ves es cansancio. Miedo. Supervivencia. Lo que ves es a alguien con una nueva perspectiva, que no odia a Greyson como lo hacía antes. Estoy cumpliendo mi parte. Tengo que… Necesito mantenerte con vida.

Jameson la miró fijamente, intentando contener la emoción que amenazaba con salir a la superficie, como si buscara algo que había perdido.

Su rostro era un campo de batalla de expresiones: el dolor peleaba con la rabia, la comprensión con la traición.

Bajo la fuerte luz azul de la sala antiescáner, las ojeras bajo sus ojos parecían moratones, prueba de las noches sin dormir y la preocupación interminable.

—No tienes que protegerme —dijo por fin, con una voz más áspera que antes—. Ese no es tu trabajo.