Sanguinaria (El Corazón 1) 22. Todo es personal #3
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22. Todo es personal #3

—Entonces llevará a cabo lo que nos prometió en su despacho. Le hará daño a la gente que amamos. —Solo de pensarlo sentía ardor en el estómago—. Lira. Callum. Tu amigo del Perímetro…, Jameson. Ellos pagarán el precio y nosotros seremos testigos.

Vio que Shadera se estremecía al oír el nombre, vio que algo cruzaba su expresión, ya fuera dolor, nostalgia o ambas cosas. Greyson sintió la urgente necesidad de tocarla, de ofrecerle apoyo, pero sabía que ese contacto no sería bienvenido. Ahora no. Y menos con lo que aún tenía que contarle.

—Hay más —continuó, bajando un poco la voz—. Después de la ceremonia pública hay… una tradición.

Algo en su tono debió advertirla, porque Shadera se quedó totalmente quieta, como una presa al detectar que se acerca un depredador.

Greyson no pudo mirarla a los ojos al continuar.

—El matrimonio debe ser consumado en un ritual.

Se quedó callado para que ella dijera algo, lo que fuera, pero se mantuvo en silencio.

—No es privado. Es… —Se interrumpió y empezó de nuevo; las palabras eran como cristales en su garganta—. Hay una habitación. Con plataformas de observación por encima. Los hombres del gobierno del Corazón nos observarán. Lo presenciarán. Se asegurarán de que el matrimonio queda… sellado de verdad.

El silencio que siguió fue absoluto. Greyson contempló cómo se esfumaba el color del rostro de Shadera, cómo apretaba los puños con tanta fuerza que los nudillos se volvieron blancos.

—Vas a violarme. —Su voz era plana, sin vida—. Delante de una audiencia. Eso es lo que me estás diciendo.

—No. —La palabra se escapó como un desgarro—. No, yo nunca…

—Pero lo harás. —Se puso en pie de repente; la furia irradiaba de cada línea de su cuerpo—. Lo harás porque papi te lo ha ordenado. Lo harás porque eres un buen soldado, un buen hijo. Vas a violar a una puta del Perímetro mientras la élite del Corazón observa y aplaude…

—Para. —Ahora él también estaba de pie; sentía que algo se rompía en su interior—.

¿Crees que quiero hacerlo? ¿Crees que alguna parte de mí tiene ganas de…

? —No pudo ni terminar la frase—. Prefiero morir que violar a una mujer.

Prefiero meterme un tiro en la cabeza que convertirme en ese tipo de monstruo.

Ella lo miró fijamente largo rato. Después corrió al fregadero de la cocina y apenas llegó a tiempo antes de que su cuerpo lo expulsara todo entre sacudidas violentas que la hicieron estremecerse. Greyson se quedó paralizado, apartó la vista hacia la pared y tragó el vómito que subía por su cuerpo.

No volvió a girarse hasta que los sonidos de las arcadas fueron sustituidos por un armario que se abría y un tapón que se desenroscaba. La observó arrastrar la botella de vodka por la encimera y llevársela a los labios y, acto seguido, dirigirse al balcón sin pronunciar palabra.

No se molestó en cerrar la puerta a su paso, pero Greyson aguardó un instante para frenar su propio corazón, que latía muy deprisa.

Al cabo de un rato, la siguió al exterior, se apoyó en la barandilla y la observó sentada en el sofá de la terraza, bebiendo de la botella con las piernas encogidas bajo su cuerpo.

—No debería haber dicho eso. —No se dignó a mirarlo.

Un fuerte suspiro escapó de los labios de Greyson al tiempo que se pasaba una mano por la cara.

—No te culpo por pensarlo. Tal como es el Corazón, quien yo soy, no tienes motivos para confiar en que no lo haría.

Detestaba esa verdad, pero era cierto. No tenía motivos para creer que él no le haría daño.

—Sí que me has dado un motivo —repuso Shadera, que finalmente levantó la vista en su dirección.

Él se quedó quieto—. Me defendiste delante de tu padre cuando no tenías por qué hacerlo, sabiendo que solo causaría problemas.

Recibiste una bala para proteger a tu hermana.

—Se calló y dio otro trago a la botella—.

Creo que me odias en el fondo, por lo que soy, por lo que le sucedió a tu hermano.

Pero, si quisieras hacerme daño, ya lo habrías hecho.

Lo habrías hecho sabiendo que enorgullecería a tu padre, pero no lo has hecho.

Greyson vaciló. Ahora no era el momento, pero tal vez fuera la mejor oportunidad que tuviera. Se acercó un paso más, le quitó la botella de la mano y le dio un trago antes de devolvérsela.

—¿Sabes lo que le pasó? ¿Sabes quién mató a Brooker? —preguntó en un tono cauteloso y sosegado.

—No —respondió ella negando con la cabeza. Parecía sincera—. No tenía ni idea de que había muerto a manos de un sanguinario hasta que tú me lo dijiste. —Lo miró a los ojos por encima de la botella—. Creo que estás pasando por alto lo más importante.

Greyson frunció el ceño.

—¿A qué te refieres?

—Dios, qué zoquete eres —exclamó ella, poniendo los ojos en blanco—.

Nadie del Perímetro o del Cardinal tiene dinero suficiente para pagar un contrato.

El ataque a tu hermano, a ti , provenía de dentro del Corazón.

—Shadera enarcó una ceja y le dedicó una sonrisilla—.

Estaba muerto mucho antes de que un sanguinario le echara el guante.

Greyson se quedó inmóvil. Ni siquiera se lo había planteado. Se había cegado tanto con la firma de Jaeger en el contrato, con el odio hacia el sanguinario, que ni siquiera había pensado que los únicos que podrían permitirse ese ataque eran aquellos que vivían dentro del Corazón.

—Parece que tu preciado Corazón tiene una serpiente dentro —dijo Shadera, sacándolo del ensimismamiento.

Se acercó a ella un paso más, le arrebató la botella de las manos y dio un largo trago. Después se dejó caer en el sofá a su lado. Shadera se apartó de él cuando sus muslos se rozaron y lo observó con cautela por el rabillo del ojo.

Ninguno de los dos habló durante un buen rato. Se dedicaron a pasarse la botella el uno al otro, tratando de ahogar la realidad que estaba a punto de implosionar. Fue Greyson quien acabó rompiendo el silencio.

—¿Me lo dirías, si supieras quién lo mató?

Shadera tardó en girarse a mirarlo.

—No.

Greyson no pudo contener la sonrisa que asomó en ese momento a sus labios. No era la respuesta que quería, pero le hacía confiar en ella. Shadera era honesta y seguía siendo leal, a pesar de que podía causarle la muerte, y la admiraba por ello.

Se le escapó un gruñido de los labios cuando alzó el mentón al cielo y descansó la cabeza en el respaldo del sofá. Todavía no se lo había contado todo.

—¿Qué? —preguntó Shadera, quitándole el vodka de las manos y apurando el líquido.

Greyson giró la cabeza para mirarla.

—¿Quieres saber qué más pasa después del ritual?

Ella se limitó a asentir.

—Las mujeres que han tomado los votos ya no son consideradas individuos para el Corazón.

Legalmente pasas a ser de mi propiedad. —Vio que Shadera apretaba los dientes y cerraba los ojos, pero continuó—: No tendrás ni derechos ni autoridad.

No se te permitirá estar a mi lado ni al lado de cualquier hombre en público, solo detrás.

Hablarás únicamente cuando te hablen. Legalmente, tu cuerpo me pertenecerá a mí, y los hijos que…

—No pudo terminar la frase, el asco le cerraba la garganta.

—Ya me lo suponía —susurró Shadera. Se inclinó hacia delante para apoyar la barbilla en las rodillas y volvió a mirar la ciudad que se extendía abajo.

Greyson la observó de perfil, fijándose en cómo se abrazaba las piernas con los brazos, el aleteo de su pulso en el cuello.

Algo se estaba rompiendo en su interior, algo que todo su entrenamiento, todo su curtimiento en el Perímetro no había conseguido resquebrajar.

Al darse cuenta, sintió una oleada de rabia protectora tan repentina que lo dejó sin aliento durante un instante.

«El Corazón te consume», le había dicho ella, y por fin estaba comprendiendo la profundidad de esa afirmación. Shadera solo tenía su identidad, era lo que la había mantenido con vida en el Perímetro. Iba a entregar todo lo que era, no para proteger a una sola persona, sino a miles.