19. No lo sabía #2
Su padre estaba sentado a un extremo de la mesa, como un rey ante la corte; su máscara dorada reflejaba la luz de la lámpara de araña del techo.
Su madre y su hermana, cada una a un lado, también parecían nerviosas.
Greyson sintió una leve duda en Shadera, una pausa mínima de la que solo se había percatado él, porque automáticamente se irguió y lo siguió al salón.
—Ah, aquí llega mi hijo. —La voz de Maximus interrumpió el silencio, comedida y fría.
La mirada del patriarca se fijó en Shadera, analizando el vestido, las botas, la máscara. El silencio se alargó tanto que se hizo incómodo, una táctica deliberada que Greyson lo había visto emplear en numerosas ocasiones. Por fin habló:
—Fascinante. —Una sola palabra cargada de desdén—. Sentaos, por favor.
Tomaron asiento a la mesa. Greyson retiró la silla de Shadera antes de sentarse entre ella y Lira.
Los criados aparecieron de los rincones, silenciosos y eficientes, y se dedicaron a servir vino y el primer plato. Greyson se reclinó en su asiento y miró a Shadera por el rabillo del ojo; se dio cuenta de que la sanguinaria imitaba los movimientos de Lira para saber qué cubiertos debía usar.
«Lista, adaptable, peligrosa».
—La transformación de tu novia es absolutamente impresionante —empezó a decir su padre, hablando como si Shadera no estuviera sentada a su lado—. Casi se le olvida a uno que trató de meterte una bala en la cabeza hace menos de una semana. Casi.
La mano de Shadera se tensó alrededor del tenedor, y, más que ver, Greyson sintió que se estaba preparando para responder. Le dio un toquecito con la rodilla por debajo de la mesa: una advertencia, una petición de cautela.
—Bueno, señorita Kael —siguió Maximus removiendo el vino en la copa—, tengo entendido que eres muy capaz en tu oficio. Catorce asesinatos confirmados de agentes del Corazón, si mis datos son correctos. Menudo currículo.
Shadera detuvo el cuchillo sobre su plato.
—No es cierto, en realidad —dijo en un tono frío y calculado—. El número es mucho mayor.
Greyson se puso en tensión, pero Maximus se limitó a soltar una risilla, un sonido desprovisto por completo de humor.
—Fallos de mi sistema, tendré que investigarlo. —Tomó un bocado con delicadeza y masticó concienzudamente antes de tragar—. Cuéntame, ¿qué te parece la hospitalidad del Corazón en comparación con tu residencia del Perímetro?
—He de admitir que está más limpio —respondió Shadera con despreocupación—. Los cuchillos están más afilados. La gente no tanto.
Lira tosió con discreción en su servilleta y Greyson captó un destello de lo que tal vez era diversión en sus ojos. Maximus, en cambio, no reaccionó más que con un leve movimiento de cabeza.
—Qué graciosa —comentó, en un tono que decía de todo menos eso—. ¿Cómo crees que le va a tu amante en tu ausencia? Jameson Vine, ¿no se llama así?
Greyson notó que Shadera se quedaba totalmente inmóvil a su lado; el nombre la había dejado sin palabras. Él nunca lo había oído, ni tampoco sabía que había alguien especial en su vida. No debería haberle importado, pero lo hizo.
Su padre continuó.
—Le llaman Fantasma, ¿no es cierto?
A Greyson le dio un vuelco el corazón.
Fantasma .
Ni siquiera se había planteado que hubiera una conexión. No llegó a verle la cara cuando intercambiaron información, solo le comunicaron su nombre. Fantasma, el líder de los rebeldes. Su contacto en el Perímetro.
Empezaron a temblarle las manos y las escondió debajo de la mesa mientras Shadera arrastraba lentamente la mirada hacia su padre.
—No sé de quién me está hablando —respondió, pero la mentira era transparente; su voz resultaba demasiado medida, demasiado cautelosa.
—Venga ya. —Maximus soltó el tenedor con un gesto preciso—. No insultemos nuestra inteligencia.
Los criados regresaron para llevarse los platos en silencio. Greyson miró el perfil de Shadera, vio que tensaba y relajaba el músculo de la mandíbula, una y otra vez. Ella también había escondido una mano debajo de la mesa, y sospechaba que tendría el puño apretado sobre el muslo.
Quiso consolarla. Hacerle saber que él la apoyaba, que la violencia ahí, en ese salón, no les llevaría más que al cadalso. Pero se quedó quieto mientras su corazón empezaba a acelerarse rápidamente.
—Tengo curiosidad —siguió Maximus mientras servían el segundo plato— por saber cómo reaccionará cuando descubra que eres la puta del verdugo.
El insulto impactó de pleno en el pecho de Greyson, como si prendiera un detonador. La rabia se extendió hacia fuera, surcando sus venas, mientras Shadera se desplazaba hacia delante en su asiento, preparándose para saltar.
Sin embargo, Greyson habló antes de que se moviera.
—Trátala con respeto —dijo, marcando cada palabra con una advertencia.
—Respeto. —Su padre saboreó la palabra—. ¿El mismo que me has mostrado permitiendo que se pasee por el Corazón, trayéndola a mi mesa con esa abominación? —Señaló la máscara.
—Quería algo que honrara ambas tradiciones —explicó Lira con delicadeza—. Las leyes de las máscaras del Corazón y el pasado de Shadera.
Los ojos de Maximus se posaron en Lira, que le mantuvo la mirada sin inmutarse.
—Su pasado —repitió Maximus—. Señorita Kael, por favor, háblanos de tu pasado. Estoy seguro de que mi mujer quedará fascinada al oír cómo sobreviven los menos afortunados.
La máscara de Elara se giró hacia Shadera, pero permaneció en silencio, con las manos totalmente quietas sobre la mesa. Hacía mucho que Greyson había dejado de intentar interpretar el silencio de su madre; si obedecía a conformidad, a miedo o a supervivencia.
—Es complicado —respondió Shadera con cautela—. Los recursos son limitados.
—Aposta —asintió Maximus como si nada, como si eso no fuera a enfurecerla—. Los recursos limitados generan dependencia. La dependencia genera control. Estoy convencido de que, siendo una sanguinaria, comprendes el valor del control, ¿verdad?
Greyson observó la garganta de Shadera, que subió y bajó al tragar saliva.
—Lo entiendo perfectamente. Entiendo que, mientras el Perímetro se muere de hambre y en el Cardinal trabajan como esclavos para que la élite no tenga que mover un dedo, el Corazón nada en lujos.
Greyson contuvo un jadeo. «No te pongas a su altura —le pidió en silencio—. Eso es lo que quiere».
—Ah, la típica perspectiva del Perímetro —replicó Maximus antes de suspirar—. Hay que gestionar los recursos. Se distribuyen según contribución. ¿A qué exactamente contribuye el Perímetro, más allá de la violencia y el descontento?
—¿Contribuir? —respondió Shadera—. Usted ha creado una escasez artificial para…
—He creado orden en el caos —la interrumpió Maximus en un tono más cortante—. Antes del régimen Serel, ¿sabes qué era New Found Haven? Facciones en guerra. Sobrepoblación. Hemos traído la estabilidad.
—Han traído la subyugación.
El tenedor de Shadera tintineó contra el plato cuando lo soltó con demasiado ímpetu.
Greyson vio que su padre entornaba los ojos; un depredador percibiendo debilidad.
Sin darse cuenta de su reacción, Greyson metió por debajo de la mesa el tenedor que tenía en la mano y lo clavó en el muslo de Shadera para impedir que siguiera provocándolo.
Ella se puso rígida y contuvo la respiración, pero no profirió sonido alguno. Le miró a los ojos con un brillo asesino tras la máscara. Permaneció en silencio, estiró la mano para sacarse el tenedor y lo empleó para dar su siguiente bocado.
—Bueno —empezó de nuevo su padre—, volvamos a la máscara. ¿Entiendes en qué tesitura me has puesto? O apoyo públicamente este desdén flagrante hacia la tradición o admito que no puedo controlar a mi familia.
—Y eso no lo podemos permitir —comentó Lira entre dientes con una buena dosis de sarcasmo.
—¿Qué acabas de decir? —gruñó Maximus.
—Pensé que te gustaría —intervino rápido Greyson para redirigir la rabia de su padre—. Un acto de unidad con mi futura esposa llevando mi marca.
El ambiente del salón se había transformado, era un cambio sutil pero palpable que hasta los criados parecieron notar, ya que empezaron a moverse con más cautela al pasar entre las habitaciones.
Maximus apretaba la copa de vino y, por un instante, Greyson pensó que la haría trizas.
—Una perspectiva interesante. Aunque me pregunto si la población lo percibirá de la misma forma.
—¿No tenemos a Lira para eso? —preguntó Greyson con cautela—. ¿Para asegurarnos de que la población percibe lo que queramos que perciba?
Un destello de algo (aprobación, tal vez, o un mero reconocimiento) apareció en los ojos de su padre.
—Cierto. Aunque me pregunto si esta narrativa en concreto podemos moldearla para mi beneficio.
—Se puede —repuso Lira—. Ya he empezado a redactar el anuncio. Presentaremos la máscara como un símbolo de la nueva lealtad de Shadera, que ha aceptado las tradiciones del Corazón algo modificadas para honrar su vida en el Perímetro. Para mostrar que los anillos pueden estar unidos.
Maximus lo consideró con la cabeza ladeada. Después se giró hacia Shadera.
—¿Y qué me dices de tu lealtad al Perímetro? ¿Y de la lealtad a los sanguinarios? ¿Los dejas a un lado tan rápidamente por un vestido bonito y un apartamento cómodo?
Shadera enderezó los hombros y alzó el mentón.
—Mi situación actual no tiene nada de cómodo.
—¿No? —La voz de Maximus adoptó el tono engañosamente amable que siempre precedía a sus mayores crueldades cuando Greyson era niño—. ¿Ni siquiera la cama de mi hijo?
—Padre —le espetó Greyson, incapaz de seguir conteniéndose.
—¿Estás protegiendo a esta escoria? —La risa de Maximus era fría, cortante—. ¿A la basura que intentó asesinarte? ¿Cuyo clan mató a tu hermano, a mi hijo? Qué bajo has caído. Qué decepción que te hayas vuelto tan débil.
—Tratar a la gente con dignidad no es debilidad —contraatacó Greyson, que trataba de mantener a raya su odio—. Es algo que nunca has entendido.