Sanguinaria (El Corazón 1) 14. Ya conoces las reglas #4
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14. Ya conoces las reglas #4

—Te lo voy a decir sin rodeos, y sé que hay motivos de fondo que explican tu papel y por qué lo haces, así que no te enfades conmigo.

Ella tiene todas las razones del mundo para odiarte, para odiar a la familia Serel.

Pero a ti en concreto, por lo que haces en ese cadalso.

—Callum hizo una pausa para analizar cómo habían caído sus palabras, tanteando el terreno antes de seguir diciendo más verdades.

Al ver que Greyson no replicaba, siguió—: Entiendo por qué ella te quiere muerto.

Si yo fuera del Perímetro, si no te conociera y solo viera al hombre en el cadalso que aprieta el gatillo, seguramente sentiría lo mismo que ella.

Tú también tienes todos los motivos del mundo para odiarla, por lo que los sanguinarios le hicieron a tu hermano.

Pero no sabes si fue ella, y esta puede ser tu oportunidad de averiguar por fin el nombre de su asesino.

Greyson levantó la cabeza despacio y la ladeó para mirarlo a los ojos.

—¿Qué quieres decir? —La pregunta tenía el tono cortante de una amenaza.

Callum se inclinó hacia delante y dejó su vaso de whisky sobre la mesa que los separaba con un suave tintineo. Enfrentó la mirada de Greyson sin titubear.

—Lo que quiero decir es que tienes que aprender a convivir con ella, por lo menos de momento.

Acércate a ella. Haz que se sienta lo bastante cómoda como para compartir lo que sabe sobre Brooker, sobre Jaeger.

Luego la desenmascararemos públicamente por traicionar a los sanguinarios y formar parte del complot para acabar con los Serel, para acabar con el Corazón.

Greyson frunció el ceño detrás de la máscara mientras sopesaba las palabras de Callum.

—Se ganará el odio de ambos bandos. Maximus no tendrá más remedio que ejecutarla cuando se haga pública esa información, y así se resolverán todos tus problemas. Sabrás quién mató a Brooker y quedarás liberado de tus votos con ella.

Lira se inclinó hacia delante, con los codos apoyados en las rodillas, mientras miraba a su hermano.

—Podría funcionar. Si lo hacemos bien, la convertiremos en una carga y pondremos a padre entre la espada y la pared.

—Aparte de los Daunt y de los Veyra, ¿hay alguien en el Corazón que sepa quién es? ¿Que sepa que es una sanguinaria o que intentó matarlo? —le preguntó Callum a Lira.

Ella guardó silencio un momento, como si estuviera poniendo en orden sus pensamientos.

—No, no lo creo. Que yo sepa, nadie ajeno al consejo está al tanto siquiera de que hubo un intento de asesinato.

—¿Y los prisioneros con los que estaba encerrada? —preguntó Greyson, con un tono cada vez más tenso en la voz.

—Muertos —contestó Lira en voz baja—. O murieron ayer en la cárcel, o… —Dejó la frase en el aire, porque no había necesidad de que dijera lo que todos sabían.

«O Greyson les metió una bala en la cabeza en ese cadalso antes de que pudieran contárselo a alguien».

Callum asintió despacio con la cabeza, alejando ese pensamiento de su mente mientras las piezas empezaban a encajar.

—Vale. Tenemos que mantenerlo en secreto, porque eso nos otorga poder.

Greyson se bebió el resto de su whisky y dejó el vaso en la mesa.

—¿Y qué pasará cuando los sanguinarios la vean conmigo? ¿Cuando se nieguen a creer que ella ha tomado los votos por propia voluntad, o que se ha rebelado contra ellos y eso provoque un levantamiento?

Una preocupación válida, se vio obligado a admitir Callum.

Había trabajado con muchos de ellos a lo largo de los años, cuando tenía que conseguirles artículos en el mercado negro a sus clientes.

Los mercenarios de Jaeger tenían una lealtad feroz con los suyos.

La idea de que uno de sus mejores efectivos no solo fracasara a la hora de matar a su objetivo, sino que acabara casándose con él, se recibiría con escepticismo en el mejor de los casos y con una violenta represalia en el peor.

Tamborileó con los dedos sobre su muslo mientras su mente repasaba las contingencias y los posibles escollos.

—Ya cruzaremos ese puente si llega el caso —dijo al cabo de un rato—. Pero, si lo hacemos bien, ella estará muerta antes de que puedan movilizarse.

Greyson apretó los dientes, y Callum lo vio darle vueltas al plan en la cabeza.

—¿Y ahora qué? —preguntó, sin molestarse en ocultar la amargura de su voz—. ¿Interpreto otro papel sin más, finjo que realmente quiero conocerla? ¿Que soy un prometido cariñoso y no estoy imaginando de cuántas formas podría acabar con su vida cada vez que la miro?

Callum ladeó la cabeza, observando el rostro de su amigo a través de las rendijas de su máscara.

—¿Qué aspecto tiene, por cierto? Siendo objetivo. ¿Es atractiva por lo menos?

Greyson no contestó, se limitó a mirarlo fijamente con esa expresión impasible e indescifrable que había perfeccionado a lo largo de los años. Esa que podía helar la sangre hasta del Veyra más curtido.

—No me he fijado —contestó al final.

Callum esbozó una sonrisa elocuente.

—Claro que no. Pues intenta fijarte. Quizá te resulte un poco más fácil interpretar el papel si encuentras algo atractivo en lo que centrarte. Pero ten cuidado, Grey. No te enamores de tu falsa esposa.

Lira soltó una risa burlona por el comentario mientras Greyson hacía una mueca, con una expresión de asco en la cara.

—Nunca tocaría a una sanguinaria.

—Bien. Entonces debería ser sencillo. Haz que confíe en ti.

Haz que piense que estás de su lado, que te estás enamorando de ella y que entiendes su odio hacia el Corazón.

Consigue que te cuente cosas sobre los sanguinarios, sobre sus operaciones, sus contratos.

Si consigues que hable, puede que se le escape información sobre el asesino de Brooker.

—Mantuvo un tono despreocupado, como si estuvieran hablando del tiempo y no de un complot para manipular y destruir a una mujer.

—Vale —dijo Greyson en voz baja después de una larga pausa—. Lo haré. Pero, para que esto resulte creíble, necesito que me acompañes al apartamento. Ayúdame a eliminar la vigilancia de mi padre; necesitamos que el lugar esté limpio si quiero que esto resulte convincente.

Callum asintió con la cabeza y se apartó del borde de su escritorio antes de estirar el cuello para aliviar la tensión que se le había acumulado.

—Vamos. Cuanto antes terminemos con esto, antes podrás ponerte manos a la obra con tu mujercita sanguinaria.

Necesitaba que Greyson se concentrara, no que mirase a todas horas por encima del hombro preguntándose qué podría estar escuchando su padre.

Los hermanos se pusieron en pie a la vez y Lira los miró, primero a uno y luego al otro.

—¿Cómo puedo ayudar?

—Consíguele una máscara —contestó Greyson, con tono resignado a esas alturas—. Algo que le guste a una sanguinaria. Algo que le guste a ella.

Lira frunció el ceño detrás de su máscara.

—¿No le van a dar una antes de la ceremonia? Padre probablemente ya ha encargado una para ella.

—Será mi primer regalo para ella —respondió Greyson—. Antes de la cena familiar de mañana. —Soltó un profundo suspiro y luego le pasó el brazo por los hombros a su hermana y la pegó a él—. Gracias, Li. Y lo siento, no debería haber descargado mi ira contigo.

Callum sonrió al ver que Lira le daba un apretón a Greyson en el antebrazo mientras él la estrechaba contra sí.

No tenía hermanos, ni una familia que se preocupara por él como ellos se preocupaban el uno por el otro.

Greyson era lo más parecido a un hermano que jamás tendría, y haría cualquier cosa por él… Por los dos.

Ese plan, por muy perfecto que sonara en teoría, parecía frágil. Demasiadas variables, demasiadas formas en las que podía fracasar.

Greyson iba de camino a la puerta, con paso decidido. Cal­lum lo siguió, pero le dirigió una última mirada a Lira. Ella se había tensado de nuevo, y la máscara de la viva imagen de la perfección del Corazón volvió a colocarse en su sitio mientras bajaba la barbilla.

El ritmo de la música del club y las luces de neón parpadeantes los envolvieron al salir de su despacho y bajar la escalera.

Greyson se movía entre la multitud como un tiburón en el agua, abriéndose paso con su mera presencia.

Callum le siguió el ritmo, aunque continuaba dándoles vueltas a los detalles de su plan en la cabeza.

Lograr que la sanguinaria confiara en Greyson.

Que se abriera a él. Que bajara la guardia lo justo para revelar sus secretos.

Parecía sencillo, pero sabía que no lo era.

Esa mujer había intentado matar a Greyson, había estado más cerca de conseguirlo que nadie.

Era peligrosa, impredecible. Y en ese momento vivía en casa de Greyson, dormía bajo su techo.

Los nervios que le atenazaban el estómago se intensificaron.

Conocía a Greyson, conocía la oscuridad que moraba tras los ojos de su amigo.

La violencia que se agitaba justo debajo de la superficie, siempre a punto de estallar.

Dejarlo en un espacio reducido con una sanguinaria era como encerrar a un lobo y a un león en la misma jaula.

Habría un derramamiento de sangre. La única pregunta era de quién.