Sanguinaria (El Corazón 1) 11. Algo va mal #5
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11. Algo va mal #5

Jameson se enderezó mientras la determinación se instalaba, fría y pesada, en su pecho.

—Pues iré solo.

Las palabras se quedaron flotando en el aire, absurdas por su audacia. Varios sanguinarios se rieron a carcajadas, un sonido agudo y despectivo.

—¿Tú? —se burló Reeve—. ¿Contra toda la guardia Veyra? ¿Contra los sistemas de seguridad de la Torre Haven? No pasarías del primer puesto de control.

—Llevo quince años pasando de contrabando a personas y bienes de un anillo a otro —replicó Jameson sin mirarlo—.

Conozco caminos hacia el Corazón que ni siquiera tus exploradores han cartografiado.

Rutas que evitan por completo los puestos de control.

—Se inclinó hacia Jaeger—. Tú y tus sanguinarios tenéis que sacarla de ahí —dijo con una amenaza implícita en sus palabras—.

Si no lo hacéis, entraré en el Corazón y lo haré yo mismo.

Jaeger hizo una mueca burlona.

—Morirías en el intento.

—Puede —admitió Jameson—. Pero moriría sabiendo que no la abandoné como tú.

La convicción de su voz silenció a los presentes. Los asesinos allí reunidos se miraron entre sí, reevaluando a ese hombre al que habían desestimado como una simple distracción temporal más de Shade.

Jaeger se acomodó en su silla, sin apartar la mirada de la cara de Jameson.

—Lo harías de verdad, ¿no? Te meterías de lleno en el Corazón para una misión de rescate improvisada. Morirías intentando salvarla.

La respuesta de Jameson fue inmediata.

—Sin titubear.

—¿Incluso sabiendo que quizá ya la han doblegado? ¿Que la mujer que encuentres tal vez no sea la misma que perdiste?

Jameson apretó los dientes.

—Ella no es tan débil.

—Todo el mundo acaba rompiéndose —repuso Jaeger en voz baja, y sus palabras destilaban su experiencia personal—. El Corazón tiene métodos capaces de quebrar incluso las mentes más fuertes. Si desean lo bastante sonsacarle información, la obtendrán. Y lo que quede después ya no será Kael.

—Pues daré con lo que quede de ella y la traeré a casa —replicó Jameson sin pensárselo—. Y la querré sin importarme en quién se haya convertido.

Nunca una respuesta fue más fácil. Jameson hablaba en serio. Nunca la dejaría morir. Nunca la abandonaría. Lo daría todo si eso le garantizaba a Shadera la oportunidad de sobrevivir.

Un pesado silencio se apoderó del bar. Incluso los mercenarios más curtidos parecían conmovidos por la cruda convicción de su voz. Jaeger tamborileó con los dedos sobre la mesa una vez, dos, tres. Luego cogió la botella y se sirvió otro trago.

—Tres días —dijo al cabo de un rato—. Dame tres días para conseguir más información, para trazar un plan como es debido.

Mis contactos en el Corazón están trabajando para localizar su posición exacta en la torre, los protocolos de seguridad, los turnos de guardia.

Si vamos a hacerlo, hay que hacerlo bien.

Jameson titubeó, sopesando la oferta frente a su desesperada necesidad de actuar de inmediato.

—Tres días —accedió después de una larga pausa—. Ni una hora más.

Jaeger asintió una vez y luego levantó su vaso.

—Por Kael. Que siga siendo Shade cuando la encontremos.

Jameson enderezó los hombros.

—Lo será. —Se dio media vuelta para marcharse, sintiendo el peso de la mirada de Jaeger en la espalda. En esa ocasión, nadie se burló de él, solo se hicieron a un lado para dejarlo pasar. Cuando llegó a la puerta, la voz de Jaeger lo detuvo.

—Vine.

Jameson se detuvo y miró hacia atrás por encima del hombro.

—Como intentes entrar solo antes de que pasen los tres días —dijo Jaeger, con una voz que resonó con claridad en el silencioso bar—, ordenaré que te maten antes de que llegues al puesto de control del Cardinal. Por su bien, no por el mío. Un intento de rescate fallido solo garantizará su ejecución.

Se miraron a los ojos desde los extremos opuestos de la estancia, un depredador que reconocía a otro.

—Tres días —repitió Jameson—. Después de eso, pienso entrar… con o sin tus sanguinarios.

Cruzó la puerta sin esperar respuesta y salió a la fría noche del Perímetro. Dejó que se le escapara de entre los labios un profundo y entrecortado suspiro, y por fin se permitió sentir el miedo por lo que iba a suceder a continuación.

Alzó la vista hacia el Corazón, cuyas agujas brillaban contra el cielo nocturno como dagas suspendidas sobre la ciudad, mientras se fundía con las sombras, tramando ya su siguiente movimiento.

En algún lugar de esa jaula dorada, Shadera esperaba. Viva, pero cautiva, convertida en un símbolo contra su voluntad, atrapada en la red de Maximus Serel.

Tres días para planear. Tres días para prepararse. Tres días para imaginar lo que podrían estar haciéndole en esa torre de cristal y metal.

Tres días para cumplir la promesa que le había hecho a Jaeger.

Pero, si a ella le ocurría algo antes de ese momento (si llegaban noticias de que la estaban maltratando, torturando, preparando para la ejecución), no habría fuerza alguna en New Found Haven que pudiera impedirle reducir el Corazón a cenizas para encontrarla.

Algunas promesas estaban hechas para romperse. Y algunas personas merecían que se muriera por ellas.