Sangre y Tempestad (Hijos de la Sal 1) Capítulo 38
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Capítulo 38

Primer Choque

Elara

El viento ruge como una bestia enfurecida, arrancando las velas con una violencia que hace crujir cada tabla del barco. La ruta marcada nos lleva directo al corazón del peligro, y la niebla nos envuelve como un sudario espeso, cargado de presagios.

—Recordad el plan —grito, alzando la voz por encima del vendaval—. Entramos en el estrecho. Nadie se separa. Nadie duda. No hay margen para el miedo.

Adrian está a mi lado, la espada desnuda reflejando destellos pálidos de luna. Frente a nosotros, el barco negro emerge de la niebla como un espectro hambriento. Sus velas no brillan. Su estandarte ondea lento, como si ya supiera el final de esta caza.

—Están demasiado cerca —murmura Adrian—. No se comportan como un barco normal.

—Porque no lo son —respondo, sin apartar la mirada—. Y porque creen que ya han ganado.

El primer disparo llega sin aviso. Un cañonazo sacude la proa. La madera grita. El barco entero se estremece bajo nuestros pies. Gritos, pasos apresurados, el olor acre de la pólvora mezclándose con la sal.

—¡Fuego de respuesta! —ordeno—. ¡No les deis tregua!

Nuestros cañones rugen, iluminando la niebla con destellos breves y violentos. El enemigo responde al instante, maniobrando con una precisión inquietante, como si leyera mis pensamientos antes de que yo misma los complete.

La luz arde contra mi pecho.

—Se están anticipando —dice Adrian, acercándose—. Como si supieran exactamente cuándo y dónde vamos a girar.

—Lo sé —susurro—. Por eso vamos a seguir adelante.

Aprieto los dientes y alzo la mirada hacia la grieta entre corrientes. Mi pecho proyecta una línea de luz tenue, serpenteando entre arrecifes afilados como colmillos.

—¡Por ahí! —grito—. ¡Seguid la marca! ¡Ni un palmo fuera del trazo!

La Dama Negra se desliza entre las rocas con una precisión casi imposible. El casco roza piedra. El agua golpea con furia. Siento el miedo de la tripulación… y también algo más.

Adrian me sostiene del brazo cuando una sacudida casi me hace perder el equilibrio.

—Confío en ti —me dice, sin apartar los ojos del frente.

Lo miro solo un segundo.

El barco enemigo nos sigue. Cae en la trampa con la arrogancia de quien cree dominar al monstruo que despierta. Las corrientes empiezan a azotar sus flancos, retorciendo sus velas, empujándolo fuera de su línea perfecta.

La niebla se cierra sobre ellos.

—Un poco más… —murmuro—. Solo un error más.

Y lo cometen. Un disparo apresurado. Un cañón mal calculado. La bala impacta contra la roca señalada por la luz y el mar ruge.

—¡Ahora! —grito—. ¡Virad!

Nuestros cabos se sueltan. El timón gira. La Dama Negra escapa por un suspiro, mientras el barco enemigo queda atrapado entre dos corrientes asesinas. El agua se levanta a su alrededor. Las olas golpean su casco con una furia que no es natural.

—Perfecto… —susurro, con una sonrisa oscura—. Que sientan lo que es ser cazados.

Adrian se acerca, respirando agitado, con brillo en los ojos, con una mezcla de adrenalina y asombro.

—Esto funciona —dice—. Porque tú lo entiendes. Porque tú eres parte de esto.

Miro al barco enemigo luchando por no ser devorado.

—No —respondo—. Funciona porque llevo más de diez años esperando este momento.

La batalla acaba de empezar. Los observo luchar contra el mar. Sus hombres corren por cubierta. Gritan órdenes. Intentan controlar un monstruo que no comprenden. Igual que hace diez años.

Mi pecho se endurece. Esos hombres creen que esto es una simple caza.

Que soy una presa. Que soy la niña que sobrevivió aquella noche.

No saben nada. No saben lo que es crecer con el recuerdo de tu madre muriendo delante de ti.

No saben lo que es vivir sabiendo que alguien vendrá a terminar el trabajo.

Durante diez años me escondí. Pero ahora los miro y ya no siento miedo. Solo siento algo mucho más peligroso. El mar ruge contra su casco. Y por primera vez en una década pienso lo mismo que pensé aquella noche en el muelle:

El pasado no me persigue. Esta vez… yo lo he llevado directo a la tormenta y si quieren terminar con mi linaje… tendrán que hundirse conmigo.