Sangre y Tempestad (Hijos de la Sal 1) Capítulo 18
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Capítulo 18

Lo que nunca le dije

Adrian

Elara no retrocede. Podría hacerlo. Cualquiera lo haría.

El mar se abre ante nosotros como una herida viva y esa cosa —esa sombra sin nombre— la señala como si el mundo entero hubiera sido construido para este instante.

Pero ella permanece firme. Siempre ha sido así. Y eso… eso es lo que más me duele. Porque la conozco. Porque sé que, incluso ahora, está pensando en cómo proteger a su tripulación antes que a sí misma. Y porque soy yo quien la puso en este camino.

La luz de la luna dibuja su perfil con una precisión cruel. Reconozco cada gesto: la tensión en su cuello, la forma en que alza los hombros cuando se obliga a ser capitana y no mujer. Cuando se protege escondiéndose detrás del mando.

Lo primero que pienso no es en la isla. Es en perderla.

El mapa palpita bajo su chaqueta. Puedo sentirlo incluso desde aquí, como si respondiera a su sangre. Como si la reconociera. Como si hubiera estado esperándola desde antes de que yo existiera.

Maldito sea el día en que lo encontré. Maldito sea yo por no haberlo destruido cuando aún estaba a tiempo.

La sombra del agua se inclina levemente. Un gesto casi… respetuoso. Un escalofrío me recorre el cuerpo.

—No — murmuro sin voz suficiente —. Otra vez no.

Pero el pasado no escucha ruegos.