CAPÍTULO 6
Lo Que el Mar Nunca Olvida
Elara
La niebla envuelve La Dama Negra como un manto espeso cuando anclamos a unas millas de la isla. La veo alzarse en el horizonte, como una sombra irregular coronada por montañas negras. Parece un monstruo dormido.
Camino sola hacia la proa. El viento ondea mi cabello. Escucho pasos a mi espalda y no me hace falta girarme para saber de quien se trata.
—No deberías acercarte tanto durante la noche —dice Adrian en voz baja mientras se detiene a unos pasos de mí—. Dicen que la isla susurra a quienes la miran demasiado tiempo.
—Que susurre —respondo apoyando las manos en la barandilla—. Yo también sé escuchar… y responder.
Siento su mirada clavarse en mi espalda y me mira con esa mezcla peligrosa de fascinación y furia que siempre desperté en él.
—No hablas como alguien que quiera gobernar todos los mares —dice finalmente—. Hablas como alguien que está dispuesta a perderse.
Me giro despacio para mirarlo.
—¿Eso es lo que crees que hice? —pregunto alzando una ceja—. ¿Perderme?
Adrian niega lentamente con la cabeza.
—Creo —responde en voz baja mientras se acerca un paso— que te encontraste.
Hace una pausa.
—Y eso es lo que más me asusta de ti. — añade.
El silencio entre nosotros es pesado, está cargado de años y problemas no resueltos.
—Dime la verdad, Elara —insiste Adrian apoyándose en la barandilla—. ¿Por qué esa isla?
Sus ojos azules buscan los míos.
—No me digas que es solo ambición o mapas antiguos. Te conozco mejor que eso.
Aprieto la barandilla. El recuerdo me golpea sin pedir permiso. No respondo. No porque no quisiera… sino porque lo recordaba demasiado bien.