Sangre y rosas 1 62 Sloane
99%

62 Sloane

Tardamos dos horas en llegar al hospital de San Jacinto.

Jacob ya sabe de la existencia del de San Bernardino, así que nos vemos obligados a elegir otro destino.

Durante el viaje, Alexis está a punto de morir un total de siete veces.

Casi no tiene pulso; es débil, irregular y filiforme, y yo estoy muy cansada.

Dentro del coche, mientras Zeth conduce, reina un silencio sepulcral.

Yo trato de olvidar dónde me encuentro. De olvidar todo lo que ha ocurrido desde que me he levantado de la cama esta mañana.

Cuando llegamos al hospital, el cielo ya está totalmente oscuro.

Rompo a llorar en cuanto veo el edificio.

Hay una ambulancia aparcada en la puerta, y las numerosas ventanas del edificio están iluminadas.

Esa promesa de ayuda es más de lo que puedo soportar.

Lo hemos conseguido. No sé cómo, pero hemos conseguido traerla hasta aquí.

Zeth coge a Alexis en brazos y entramos corriendo. Michael se queda con el coche. Michael se lleva el coche. No sé qué pasa con Michael. Lo único que me importa es Alexis.

A la enfermera de recepción se le cae el bolígrafo al vernos entrar.

Debemos de parecer recién salidos del infierno, cubiertos de sangre y de polvo, con una chica medio muerta en brazos.

Empiezo a recitar las constantes vitales de Lexi antes incluso de que la chica pueda asimilar lo que tiene delante.

—Herida de bala en el abdomen, daños renales graves, hemodinámicamente inestable, taquicárdica y con hipertensión. ¡Necesita un quirófano ya!

La enfermera reacciona con rapidez y llama a todo el personal disponible.

En cuestión de segundos llegan dos médicos y un equipo de emergencias y se llevan a Alexis sin molestarse en dirigirnos a Zeth ni a mí ni una sola mirada.

Sin embargo, la enfermera se queda con nosotros.

¿Qué le ha pasado? ¿Cuál es mi relación con la paciente?

¿Qué tratamiento ha recibido? ¿Alergias?

¿Orden de no reanimación? Respondo a todas sus preguntas aturdida, agotada, presa de unos niveles tóxicos de adrenalina.

Y pasado el cuestionario, solo quedamos Zeth y yo. Solos. En la sala de espera de un hospital.

—¿Sloane?

No puedo mirarlo. Si lo hago, romperé a…

Ah, mierda. Demasiado tarde. Me abraza con fuerza y me estrecha entre sus brazos mientras lloro desconsolada durante Dios sabe cuánto tiempo.

Me siento débil e inútil. Las probabilidades de que Lexi sobreviva son tan escasas que no me siento capaz ni de calcularlas.

Y lo que pasó en el complejo… La forma en que Zeth mató a Clark…

—Se pondrá bien, Sloane. Todo irá bien.

—¿Cómo puedes decir eso? —Lo aparto de un empujón y me seco las lágrimas de los ojos—. ¿Cómo?

Zeth, que ha mantenido la compostura durante toda esta pesadilla, alarga una mano y me aparta el pelo de la cara mientras niega con la cabeza, todavía con un total control sobre sí mismo.

—Porque es tu hermana, fiera. Si es la mitad de fuerte de lo que lo eres tú, se pondrá bien.

Dios, ¿de veras lo cree? Me pongo de pie sobre mis piernas temblorosas y empiezo a pasearme de un lado a otro, rodeándome a mí misma con los brazos.

—Dudé demasiado. Tardé demasiado tiempo.

Seguro que ahora se muere, y si hubiera sido más rápida…

—Respiro hondo mientras lucho contra las lágrimas.

¿Cuántas veces les he dicho a los residentes de primer año que no pueden permitirse dudar?

¿Cuántas? Y justo en el momento en que más necesito concentrarme, soy yo la que se queda paralizada.

Lexi me necesitaba y yo me he quedado paralizada.

Tengo las piernas de gelatina; me voy a desplomar de un momento a otro.

Zeth, como si lo supiera, acude a ponerse detrás de mí y me rodea con los brazos, ofreciéndome el apoyo que me hace falta para mantenerme en pie.

—Has sido muy valiente. Y muy fuerte, joder. Has hecho lo que tenías que hacer.

El timbre grave de su voz vibra a través de su caja torácica y reverbera en mi espalda.

Cuando ha atacado a Clark en el complejo, he sentido miedo de él.

Todo ha ocurrido tan rápido… Ha pasado de sereno a letal en cuestión de segundos delante de mis propios ojos, y presenciar esa escena ha sido aterrador.

Sin embargo, lo que me ha dicho cuando le he preguntado si era necesario matar a Clark me ha estado rondando la mente desde entonces, y, por disparatado que suene, comprendo por qué me ha contestado que tenía que decidirlo por mí misma.

A pesar de lo desesperada que estaba durante el trayecto, convencida de que mi hermana estaba a punto de morir, he repasado las posibilidades una y otra vez.

He pensado un millar de veces en todo lo que podría haber ocurrido, y he imaginado cada posible resultado.

Si Zeth no hacía algo, Clark le habría disparado a Michael.

Si Zeth intentaba quitarle la pistola, se arriesgaba a que le disparase a él.

He imaginado a Zeth atacándole de mil maneras distintas, y el resultado ha sido siempre el mismo.

Alguien tenía que morir. Soy una persona horrible, pero he llegado a la conclusión de que ha hecho lo correcto.

Y como ha dejado que llegue a esa conclusión por mí misma, ahora tiene la certeza de que yo sé que esa es la verdad.

Un hombre culpable jurará ser inocente hasta que se quede sin aliento.

Jurará que todo ha sido un accidente. Que fue otra persona quien lo hizo.

Que no tuvo más remedio. Si Zeth me hubiera dicho que no había tenido otra opción, yo no lo habría aceptado.

Habría seguido teniendo miedo. Y todavía lo tengo… pero no de él.

Pongo las manos sobre las suyas, que descansan sobre mi vientre, y dejo caer la cabeza contra su pecho. Está a mi lado. Ahora está a mi lado, y lo ha estado también en la cocina de Jacob Dixon, cuando más necesitaba poder contar con alguien. Ha sido él quien me ha ayudado a seguir adelante.

—Tú también has hecho lo que tenías que hacer —susurro—. Lo sé. —No le explico a qué me refiero. Zeth ya lo sabe, y su profundo suspiro me indica que estaba esperando a que yo llegase a una conclusión al respecto.

—Gracias —murmura.

Niego con la cabeza y cierro los ojos; me niego a llorar más.

—No. Gracias a ti.

Sea como sea, Zeth en el fondo, ha matado para protegerme y me ha ayudado a salvar a mi hermana, por corto que sea el tiempo que siga con vida.

Está contraviniendo todos sus instintos, incluso ahora, que ha decidido quedarse en este hospital a sabiendas del tipo de preguntas que nos van a hacer.

Y todo eso lo hace por mí. Puede ocultarse cuanto quiera tras la violencia de su pasado, pero estoy empezando a ver su verdad, y a atisbar toda la bondad que tan desesperadamente trata de esconder.

Nos quedamos de pie largo rato sin hablar, esperando, simplemente.

Zeth deja que me apoye en él; respira con suavidad junto a mi oído.

Pasadas dos largas horas, una médica viene a nuestro encuentro.

Es joven, una residente como yo, y muestra la misma expresión inescrutable que luzco yo cuando me dispongo a dar una mala noticia.

Se me hace un nudo en la garganta al verla; las piernas me fallan por fin.

—¿Señora Romera? Es usted la hermana de Alexis, ¿no es así?

Asiento, incapaz de pronunciar palabra.

—Hemos llevado a Alexis a la Unidad de Cuidados Intensivos.

Hemos reparado dos sangrados lentos en su estómago y en su intestino delgado, pero de momento es cuanto podemos hacer.

Hay un gran riesgo de infección debido a la primera vez que la han abierto, pero confiamos en que se reponga.

Si Alexis pasa de esta noche, tiene bastantes posibilidades de sobrevivir.

Bastantes posibilidades. Los médicos no decimos palabras a la ligera.

Yo no las he dicho nunca, porque el riesgo que entrañan es demasiado alto para mí.

Esta mujer está cien por cien segura de que mi hermana va a sobrevivir y simplemente se está cubriendo las espaldas, o es una negligente consumada.

Rezo con todas mis fuerzas para que sea lo primero.

ZETH

Ninguno de los dos duerme.

Ninguno de los dos come.

Esperamos a que llegue el alba con el aliento contenido.

«Si Alexis pasa de esta noche, tiene bastantes posibilidades de sobrevivir».

Cuando sale el sol sin que hayan venido a comunicarnos la mala noticia, Sloane pierde su batalla contra el agotamiento y se queda dormida como un tronco en las incómodas sillas del hospital.

La enfermera vuelve a las diez para informarnos de que las constantes vitales de Alexis están mejorando.

Sigue inconsciente, pero esperan que despierte en las próximas horas.

He de decirle que soy el marido de Sloane para que la enfermera acceda a hablar conmigo y no tener que despertarla, y eso me hace sentir… rarísimo.

A mediodía, Cade aparece detrás del cristal de la sala de espera para familiares. Me ve a mí, ve a Sloane, que sigue dormida, y me hace gestos para que salga a hablar con él.

—Tío, os hemos buscado por todas partes. Este es el sexto hospital al que vamos. Menos mal que hemos visto ahí fuera a tu hombre.

Michael nos ha esperado. Un puto héroe.

—¿Conseguisteis escapar del complejo de Jacob sin problemas?

Cade se frota la nuca.

—Hubo un enfrentamiento, pero ninguno de los chicos ha sufrido daños graves. —Se vuelve para mirar atrás y se pone serio. Tres Widow Makers acaban de irrumpir en el hospital, y el que va delante parece dispuesto a matar—. Mierda. Le he dicho que entraría yo primero a buscarte.

Me quedo plantado donde estoy, bien erguido, preparado para liarme a puñetazos si es necesario. Después de todo lo que ha pasado, me importa una mierda que estemos en un hospital. No me vendría mal desfogarme partiéndole la cara a alguien.

El tipo que va delante de los tres es un monstruo. Ya lleva las manos magulladas y llenas de sangre; tiene pinta de que ha empezado la pelea sin mí.

—¿Es él? —gruñe mirando a Cade.

Este asiente.

—Sí, este es Zeth. —Se vuelve hacia mí con una mirada de aprensión—. Y este es…

—Ya sé quién eres —le interrumpo—. Eres Rebel.

El tipo asiente. Está más tenso que un arco, tanto, que tiembla. Respira hondo y dice:

—Gracias, tío. Gracias por ayudar a mi mujer.