61 Zeth
Si los guardias de Jacob no han acudido corriendo al oír sus gritos, ha sido por una razón: no los han oído.
En el patio delantero del complejo, una retahíla de Mercedes, Lamborghinis y Harleys entran uno tras otro, compitiendo por ver cuál de ellos ruge más fuerte.
Son los invitados al encuentro de la noche, que van llegando tras cruzar el desierto.
Llevo el cuerpo frío y flácido de Alexis en brazos.
La rubia de antes no quería dejar que nos la llevásemos, pero un par de palabras cortantes de Sloane han bastado para que reculara.
Nos pasamos treinta segundos de reloj fuera, buscando mi coche, hasta que Michael lo encuentra aparcado en un lado, cubierto de polvo tras haber estado cuatro días expuesto al desierto.
Deposito a Alexis en el asiento trasero y Sloane entra tras ella y coloca la cabeza de su hermana sobre sus piernas, acunándola.
Me siento en el lado del conductor y Michael hace lo propio en el del copiloto. Cade está junto a mi ventanilla, buscando una salida entre la multitud.
—Tienes que ser rápido, tío. Llamaré a los chicos de Jacob y luego os seguiremos.
Enciendo el motor, revolucionándolo con furia. Estamos listos. Cade y yo chocamos los puños para despedirnos, y cuando está a punto de entrar, un grito agudo se superpone a todo el ruido y Alaska sale corriendo de la villa.
Los motores impiden que se oiga lo que dice, pero uno de los guardias logra enterarse y hace señas a los demás. Entran a toda prisa con las pistolas preparadas.
—Será mejor que te vayas, tío. Nos vemos pronto. —Cade le da unos golpecitos al coche y vuelve corriendo hacia la villa. Nosotros hacemos lo que nos ha aconsejado y nos largamos pitando de allí.