55 Zeth
De poco ha servido ser cuidadoso y dormir en el suelo. No debería haberme molestado. Mis pensamientos me tienen en vela, sugiriéndome un sinfín de posibilidades mientras el alba va iluminando la habitación. Al final, renuncio a la idea de dormir. Me levanto, salgo de la habitación y voy fuera.
Durante el día hace un calor de cojones, pero por la noche el clima del desierto es gélido.
Mientras paseo, mi aliento cálido forma pequeñas nubes.
La hilera de motos aparcadas por la villa es preocupante.
Las cuento una a una, hasta once. Once putos Widow Makers.
Había contado con muchos posibles marrones, pero que Rebel se presentara aquí con sus hombres no estaba en la lista de putadas a las que tal vez tuviera que enfrentarme durante mi estancia aquí.
No es buena señal. Pasarse trece horas con las pelotas aplastadas contra el depósito de gasolina cabrea a cualquiera.
Y, por lo que me han contado de Rebel, no le cuesta mucho cabrearse.
Pero, claro, a mí tampoco.
Cuando vuelvo a la habitación, Sloane sigue dormida.
Tiene el pelo tan alborotado que parece que un pájaro haya hecho un nido en su mejilla, que además tiene llena de marcas de las arrugas de la almohada.
Es preciosa, joder. Me siento como un idiota aquí plantado mirándola, así que empiezo a dar zancadas por la habitación, haciendo ruido suficiente como para despertar hasta a los muertos.
—¿Zeth?
Abandono mi tarea, suelto el edredón, que se cae al suelo, y ahí está ella, medio incorporada, mirándome y parpadeando con ojos soñolientos.
—Lo siento. No quería despertarte. —«Ya lo creo que quería despertarte»—. Pero, ya que estás despierta, tenemos que hablar de lo de esta noche.
Esta noche. Jacob y Rebel, dos peces gordos, encerrados en un edificio con un montón de criminales más, ninguno de los cuales tiene buenas intenciones.
Y luego estamos ella y yo en medio de todos ellos.
Estoy enfermo, joder. ¿Por qué? Porque es bastante probable que Jacob me mande al otro barrio.
Tan probable como que Rebel reconozca a Sloane.
Y aun así, cuando pienso en llevarla a este evento, se me pone dura.
—¿Sí? ¿Cuál es el plan?
—El plan es que te vistas y bajemos a desayunar.
Nadie estará despierto todavía. Podemos comer y hablar mientras tanto.
—Mi estómago se está quejando como un animal.
Necesito sustento, y necesito salir de esta habitación antes de perder el poco sentido común que me queda y acabar metido en esa cama con Sloane.
Se toca la cabeza, y debe de darse cuenta de cómo tiene el pelo porque abre los ojos como platos, pero su única reacción es encogerse de hombros. Me encanta eso de ella. Le importa una mierda su aspecto.
—Vale —accede, y sale de la cama. Lleva una camiseta larga y unas bragas, y solo de verle la piel desnuda noto un espasmo en la polla dentro de los pantalones. La chica tiene unas piernas de infarto.
—¿Habrá café? —pregunta.
—Por supuesto. Ya me encargo yo de eso.