Sangre y rosas 1 52 Zeth
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—¿Por qué cojones no me dijiste que eras el primo de Rebel?

Michael ya se ha quitado la ropa sucia y manchada de sangre y va vestido con un traje bien confeccionado, tal y como estoy acostumbrado a verlo.

He pensado en darle un puñetazo por haberme ocultado algo de ese calibre, pero sería malgastar mi energía.

Tiene derecho a guardarse secretos a cal y canto tan jodidos como ese, y si lo hago sangrar, solo conseguiré que tenga que cambiarse otra vez.

—No fue cosa mía, Zee. Te lo habría dicho desde un principio, pero Rebel no quiere que la gente sepa nada de su familia, ¿entiendes?

Cree que es una debilidad que se sepa que hay por ahí personas a las que pueden sacar algo secuestrándolas y torturándolas.

Es malo para el negocio, sobre todo con el tipo de negocios que él maneja.

Tiene enemigos. Enemigos que dan un miedo de cojones.

Gruño y me termino la cerveza de un trago.

—Tiene sentido. Aun así…

—Sí, ya lo sé. Ya lo sé. Podría habértelo confiado. Debería haberlo hecho.

Michael sabe que Rebel trató de comprar a Sloane para follársela en aquella habitación.

También sabe lo que pienso sobre los putos enfermos que secuestran chicas y las violan.

Suelo ser bastante discreto, pero tal vez con este tema sea con el único con el que me he mojado de verdad a la hora de dar mi opinión.

Quizá pensó que lo habría juzgado por ser de su misma sangre.

—¿Has sabido algo de él desde que Jacob lo llamó? —pregunto.

Michael asiente, coge una cerveza del cubo con hielo que hay junto a la piscina y se sienta a mi lado.

—Por eso he venido a verte. Va a venir.

Señalo el suelo.

—¿Aquí? ¿Rebel va a venir aquí? ¿Por qué?

—No sé, ¿para el evento? ¿Para joder a Jacob? ¿Para follarse a unas cuantas tías? No tengo ni idea. Solo me ha dicho que cuente con su presencia.

Una noticia fantástica. Una noticia de puta madre.

Veo la retahíla de problemas que se me presenta y me entra un dolor de cabeza instantáneo.

¿Reconocerá a Sloane? Eli, el detective privado que me cargué, debió de enseñarle fotos para que pujara tanto dinero por pasar una noche con ella.

¿Se comportará? ¿O hará algo que mi temperamento será incapaz de soportar?

Pero, al margen de todo eso, también se me presentan algunas pequeñas ventajas.

Si Rebel está aquí, el comportamiento de Jacob será intachable.

Estará demasiado ocupado intentando meterle la lengua en el culo todo lo posible como para prestarme atención a mí.

O a Sloane. O a que se lleven a escondidas a una de sus chicas.

Además… No conozco a Rebel en persona. Solo he oído su nombre en boca de los moteros y los miembros de los carteles, en susurros, como si el tío fuese un puto dios o algo así.

Es una oportunidad excelente para conocerlo y ver cómo es con mis propios ojos.

Para ponerle cara al nombre. Y para memorizar esa cara para más adelante poder cargármelo de una paliza, si fuera necesario.

—¿Me estás escuchando, tío? —Michael ya se ha bebido su cerveza y me está tendiendo otra a mí—. Pensaba que ibas a dejar a Lace con la médica. ¿Dónde está?

—Ah. Con los padres de Sloane. —Le doy un trago a la cerveza mientras pienso en ese detalle. Es todo bastante irónico. Y preocupante.

—¿No son superreligiosos?

—Sí. Su padre es pastor. Más religiosos no los hacen.

Michael sonríe con educación, aunque yo me doy cuenta de que por dentro se está partiendo de risa.

—¿Y sabe lo que a Lacey le gusta hacer con las chicas? ¿O que está decidida a suicidarse en cuanto se le presente la oportunidad?

El último comentario me lanza a una espiral de pánico.

Puede que a Lacey le haya apetecido jugar con chicas de vez en cuando, pero no es lesbiana.

A ver, tampoco me importaría que lo fuese, y lo entiendo: comer coño es adictivo.

Pero si Lacey ha estado más inclinada a acostarse con gente de su mismo sexo, es porque tiene miedo.

Miedo de los hombres. Las mujeres son más tiernas.

Más amables. Llegará un día en que Lacey vuelva a follarse a hombres, creo.

No, mi pánico tiene que ver con lo otro.

Con lo de suicidarse. Puede que Sloane les haya pedido a sus padres que no le quiten la vista de encima, pero no tienen ni idea de lo destrozada que está esa chica.

No la conocen como yo. Está decidida a conseguirlo.

Tengo que hablar con Sloane. No, mejor dicho, tengo que hablar con el puto padre de Sloane.

Si Lace se mata cuando se supone que está bajo su vigilancia…

Michael interrumpe mis pensamientos homicidas.

—¿Tiene Sloane algún problema con Lacey?

Una pregunta rara de cojones. Iba a dar un trago de cerveza, pero la botella no llega a mis labios.

—¿Qué? No. ¿Por qué lo iba a tener?

Michael se ríe y niega con la cabeza.

—No te enteras de nada. Te estás follando a Sloane, pero eres muy protector con Lacey. La médica pensará que te la estás follando a ella también. O que solías hacerlo.

Quiero a Michael como a un hermano, pero a veces es un imbécil.

—A Sloane le dan igual mis ex. Seguramente, ni siquiera le importaría que también me estuviera follando a Lacey. No es ese tipo de chica; lo único que le importa es encontrar a su hermana. Yo no soy más que un medio para llegar a un fin.

Michael me mira como si el imbécil fuese yo.

—¿Hablas en serio?

—Sí. En fin, a mí no me ha pedido nada. —Y siempre te piden algo. Un número de teléfono, una segunda cita… Una propuesta de matrimonio. Lo que me ha pedido Sloane, en cambio, es que salga de su vida de una maldita vez.

Michael alarga la mano y me da unas palmaditas en la espalda. Por extraño que resulte, parece desconcertado.

—Si crees eso, querido amigo, eres el cabrón más idiota del mundo.