19 Zeth
Me suplica. Soy testigo del instante en que se entrega a mí, y es hermoso, joder.
Se le mueven las tetas arriba y abajo, tiene los ojos como platos y los labios carnosos e irritados, deseando ser besados.
Me sorprendo a punto de romper mi propia regla para hacer justo eso.
No he besado a una mujer en la boca desde…
en fin, a saber. Hace tanto tiempo que ni me acuerdo de la cara de la última persona que tuvo el gusto.
Es algo demasiado íntimo. Y ya estuve a punto de hacerlo en el hospital; joder, vaya puto susto.
Con esta chica me comporto como un insensato, aunque no tengo ni idea de por qué.
En cuanto Sloane pronuncia esas palabras, aparto a la rubia de encima de ella y le desabrocho las esposas de los tobillos.
El tío sigue follándosela como si nada. Mis invitados están perdidos en el momento, pero Sloane es muy consciente de todo lo que está ocurriendo.
La cojo en brazos y me la llevo de la habitación, y cuando se aferra a mí, rodeándome el cuello con los brazos, el corazón empieza a martillearme dentro del pecho.
Es como si hubiera estado dormido hasta ahora, como si se hubiera pasado los últimos treinta y tres años siendo un objeto inútil, como un pisapapeles que no hace más que acumular polvo, y este fuera el momento en que ha decidido volver a latir.
Me preocupa. Me preocupa muchísimo. No sé qué hacer con esa sensación, más allá de esconderme de ella.
El pasillo está lleno de luces y de grupos de gente que se restriegan los unos contra los otros.
Al verlo, Sloane entierra la cara en mi pecho, como si tuviera miedo de que la haya traído aquí para ofrecérsela a los demás.
No, no sería la primera vez que lo hago, claro, pero eso no va a pasar con ella.
Ella es mía. La llevo hacia una puerta que hay enfrente, una que siempre siempre permanece cerrada.
Es la primera vez que traigo a alguien aquí.
Introduzco el código en el panel de seguridad —algo muy conveniente cuando no llevas bolsillos donde guardar las llaves—, la puerta se abre y entramos.
Aquí es donde duermo cuando me quedo a pasar la noche.
Una vez la tengo dentro del cuarto, las cosas van un poco más rápido de lo que me habría gustado. Si Sloane no fuese más que otro juguetito con el que entretenerme, me habría pasado horas posponiéndolo, torturándola, pero… no soy capaz.
Conque quería hacer que se cagara de miedo, ¿eh?
Pues soy yo quien está cagado de miedo por el modo en que me estoy comportando.
Para empezar, ni siquiera la ato, y eso para mí es una especie de requisito previo para follarme a alguien, pero no sé qué me impulsa a tenerla abrazada a mi cuello que me está volviendo loco.
La tiro sobre mi cama en la oscuridad y hago lo que me estoy muriendo por hacer desde que ha entrado por la puerta con ese vestidito negro y su maletín de médica en la mano.
Giro su cuerpo desnudo para atraer sus caderas hacia mí, le aferro las manos y se las inmovilizo detrás de la espalda…
y se la clavo tan hondo que se le corta hasta la respiración.
—¡Joder! ¡Zeth! —chilla mi nombre con la cabeza girada hacia un lado, apretujada contra el colchón, mientras yo la embisto desde atrás. Y juro por todo lo bueno que hay en este mundo que es como música para mis oídos.
Hecho esto, ya no me puedo contener. Lo hago.
Me la follo con tantas ganas que hasta me pitan los oídos, lo que ni siquiera sabía que era posible.
El olor que emana de ella es puro sexo, puro deseo, tan embriagador que he de clavarle los dedos en la carne para reprimirme, para no correrme demasiado pronto.
Cuando por fin me abandono, y permito que ambos lleguemos al clímax, me entran ganas de aullar.
Pero en su lugar suelto un rugido, una descarga de sonido que sale despedida de mi pecho con la misma fuerza que la bala de un revólver.
Solo que yo no soy el revólver. Soy la víctima.
Cuando me tumbo, jadeante, encima de su cuerpo, me siento como si me hubieran vuelto a disparar.
Es como si estuviera fuera de mi propio cuerpo y ella fuese lo único que impide que salga flotando hacia el techo.
Le suelto las manos, me dejo caer en la cama y me quedo con la mirada perdida en la oscuridad, conmocionado.
Sloane se pone de lado y exhala con una satisfacción que me indica que he rendido de puta madre.
Y yo estoy tan furioso que podría explotar.