13 Zeth
Pippa, recibido a las 11:33:
Espero que me hayas hecho caso, Sloane. ¡Aléjate de ese tío! ¡En serio!
Cuando leo los mensajes de Sloane, siento un cosquilleo de satisfacción.
Sí, lo sé, estoy mal de la puta cabeza, pero estoy así de obsesionado conmigo mismo.
Me hincho como un pavo al ver que ha estado hablándole de mí a su amiga.
Yo no la he mencionado con ni una sola persona sobre la faz de la tierra, pero bueno, es lo que hacemos los tíos.
Nos tragamos nuestra propia mierda, no soltamos prenda.
Las tías no son así. Parlotean como gallinas.
Me estoy preguntando distraídamente si le habrá contado a la tal Pippa lo grande que tengo la polla, si es que se acuerda de lo grande que la tengo (pues claro que se acuerda) cuando vibra el teléfono.
(206) 555-0142, recibido a las 21:32:
Capullo.
Sé que es ella. Y sé que es para mí. Hago una mueca y contesto:
Yo:
Zorra.
(206) 555-0142, recibido a las 21:32:
Ese móvil lo tengo por contrato. Haz el favor de devolvérmelo.
Yo:
Pues tendrás que venir a buscarlo, ¿no?
Estoy jugando con fuego. No debería intentar verla. Debería cortar todos mis vínculos con ella. Desde que me traje a Lace del hospital y la obligué a meterse en la cama, la he interrogado de ochocientas maneras posibles.
¿Le diste alguna dirección?
«No».
¿Le dijiste dónde trabajo?
«No».
¿Le dijiste cuál era tu verdadero nombre?
«No».
¿Le dijiste mi verdadero nombre? ¿Lace? ¿Le dijiste mi verdadero nombre o no?
«Sí».
En fin, no es culpa suya. La chavala iba drogada hasta las cejas y no tuve ocasión de decirle cuál era la historia que tenía que contar, pero de todos modos…
Estoy furioso porque Sloane sepa cómo me llamo.
No sé por qué, pero ahora me parece que hay un gran desequilibrio de poder.
Yo lo sé todo sobre ella. Pero hasta ahora, ella no sabía nada de mí, y me gustaba ser la parte anónima en todo este circo.
(206) 555-0142, recibido a las 21:41:
Dame la dirección. Mandaré a la policía a buscarlo lo antes posible.
Está más peleona que cuando nos encontramos en el pasillo del Saint Peter’s.
Pero es fácil ser una capulla vía mensaje.
Cara a cara es otra historia. Cuerpo a cuerpo.
Todavía no tengo bien calada a la chica, pero me preocupa que no sea tan lista como creo que es.
Es médica, así que sería de sentido común pensar que tiene cerebro.
Que se olvidará de todo esto y se olvidará de mí, como le he dicho que hiciera.
Sin embargo, sé de primera mano cuánto desea encontrar a su hermana, y dudo que eso cambie por mucho tiempo que pase.
Yo:
515 West Ave, Apartamento 12C. Mañana a las ocho de la tarde. Ponte algo bonito y corto. Y te recomiendo que te dejes a la policía en casa. No nos llevamos muy bien.
Pulso el botón de enviar mientras esbozo una sonrisilla.
No le he dado la dirección de la nave industrial.
Le he dado la dirección del apartamento que tengo en el centro, donde celebro mis pequeñas reuniones.
«Reuniones» tampoco es el mejor término para estos encuentros, pero a Lacey le parece mejor que el que utilizaba antes: la follafiesta.
El primer sábado de cada mes siempre es igual en el 515 de la West Avenue, y mañana por la noche no será ninguna excepción.
Se me pone tiesa la polla dentro de los pantalones solo de imaginarme a Sloane llamando a la puerta, sin tener ni idea de lo que la espera al otro lado.
No es más que una medida de precaución. Si no sigue el consejo de la tal Pippa y mañana por la noche se presenta allí, me aseguraré de que, por mucho que quiera encontrar a Alexis, salga corriendo nada más oír el sonido del nombre que ahora sabe que me pertenece.