Sangre Prohibida. El Pacto de la Noche (El Destino de la sangre 3) 31. TODO TIENE SU RAZÓN DE SER #5
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31. TODO TIENE SU RAZÓN DE SER #5

Erke trató de que ninguno lo reconociera, pero acabó por ser descubierto por el propio Rău. Entonces, puso en marcha el plan que había ideado con el de la casa Eide. Solo esperaba que aquello fuera suficiente para que Borg lograra huir con la vasija.

Abbadon, que los observaba luchar sin inmutarse, se sorprendió al ver a su segundo general entre ellos. Mucho más cuando lo vio lanzarse contra Rău. Había logrado subirse encima de él y lo estaba amenazando con una daga.

―¡Maldito idiota! ¡Has estropeado mi plan! ―gritó casi rozando la nariz con la suya.

―¡Erke! ―bramó su amo.

Con desprecio, lo dejó ir. Mientras el resto luchaba por salvar la vida, Borgervern trató de escabullirse. No lo logró. Dos vampiros cayeron sobre él, y no tuvo más remedio que luchar contra ellos.

―Señor ―dijo Erke, acercándose a Abbadon con arrojo―, había logrado engañarlos y estaban a punto de llevarme a su campamento. ¡A solo cuatro días de aquí!

El líder Ursu lo miró tratando de averiguar qué era lo que no encajaba con su general, pero no fue capaz de entender por qué sentía que algo en él había cambiado. Mientras tanto, la escaramuza continuaba dejando muertos de un lado y del otro.

Ante el horror de perder a todos los suyos y no volver a ver a Alana, a Yngvar se le ocurrió algo tan absurdo que supo que aquel sería su fin, pero tal vez salvara al resto.

―¡Yo soy el Elegido! ―vociferó con tal fuerza que detuvo la lucha.

Abbadon se giró hacia él, incrédulo. Un Ursu atacó a un errante. Aquello logró que su líder perdiera la paciencia.

―¡Deteneos! ―ordenó, caminando hacia Yngvar―. ¿Qué es lo que habéis dicho?

―Yo soy a quien buscas, Abbadon. Soy el descendiente de aquel que bebió Su sangre.

El vampiro se acercó para olerlo. Lo rodeó mientras lo observaba con atención. No notó nada distinto a lo que percibía en el resto.

―Mientes. Eres un errante, no puedes ser él.

―Mi antepasado nació de un humano y una errante. Lo que distingues en mí es Su legado.

―Entonces, por vuestras venas corre sangre errante.

―Y la Suya.

―¿Si bebo de vos, moriré?

―Sí. Solo Mørket podría. Él es el único suficientemente fuerte como para soportar mi parte errante.

Abbadon le enseñó los colmillos al tiempo que gruñía, molesto por sus palabras. Miró al resto de los guerreros que aún seguían en pie y a los suyos, cuyas filas habían descendido mucho más de lo que esperaba. Finalmente, se detuvo en Erke.

―¿Dice la verdad? ―le preguntó a su general.

―Sí ―continuó él con el engaño.

No sabía a dónde los iba a llevar; pero, por desgracia, su plan no había servido de mucho. Borg estaba tirado en el suelo, con un feo corte en el muslo.

―Bien…, Vidar ―pronunció su nombre con asco―, te ofrezco la oportunidad de elegir: dejáis de luchar y me llevó al joven o acabamos con todos y me llevo al joven. ¿Qué decidís, general?

Él se fijó en los suyos. Los que no habían caído, se encontraban muy malheridos. Las tropas contrarias seguían superándolos en número, así que el desenlace estaba cantado. Miró a Yngvar y este asintió, pidiéndole que aceptara el trato.

Oskar iba a protestar cuando su amigo negó despacio. La única opción que les quedaba era que él se sacrificara. Una vida por el resto.

El joven Knutsen cerró los ojos y se quebró un instante al saber que nunca volvería a ver a Alana. Pese a todo, parecía que no estaban destinados a estar juntos. Dejó aquel pensamiento enterrado y se centró en la respuesta de la mano derecha de Eirik.

―La victoria es tuya, Abbadon ―respondió el errante.

Él sonrió, pletórico. No había podido ganar a Helmet, pero su padre estaría muy complacido porque iba a entregarle al Elegido.

―Buena decisión. Ursu ―dijo mirando a Erke, dejándole claro que ya no tenía sentido quedarse con ellos―, ¡en marcha!

Rău sujetó a Yngvar del brazo y todos desaparecieron hacia el este. Vidar pensó que, probablemente, se dirigirían a Richborough para embarcar y después marcharían a Francia. Acto seguido, corrió para asistir a Borg mientras Oskar le gritaba que cómo había sido capaz de entregarlo sin inmutarse.

El de la casa Eide, colérico, lo agarró de malos modos por la chaqueta sin tener en cuenta que ahora era el esposo de una Ragnarsson.

―El padre León ha estado a punto de desangrarse.

Borg no ha podido escapar y hemos perdido a más de la mitad de los nuestros.

Dime, «príncipe» ―dijo entre dientes de forma irónica―, ¿vas a tirar por el lodo la valentía de Yngvar o vas a centrarte en volver al campamento para salvar a los que aún viven?

―Él lo matará.

―No hasta que lo lleve ante Mørket. Esperaremos el regreso de Eirik y de la Elegida. Tal vez ellos sepan qué podemos hacer.

―¿Acaso su vida es tan importante como para aparecer en una visión? ―replicó derrotado.

―Ni tú ni yo cuestionaremos Sus designios. Ahora, errante, salvemos a los nuestros.

Oskar no dijo nada más. Se acercó a un Parêzvanan y lo ayudó a ponerse en pie. Vidar bloqueó cualquier remordimiento por la elección que había tomado. La reliquia estaba a salvo. Y aunque el precio había sido el joven Knutsen, harían todo lo posible para rescatarlo.

De pronto, cayó en la cuenta de que Erke se había ido con ellos. Miró al cielo con los ojos anegados de lágrimas, que no se permitió derramar, y rezó porque eso supusiera alguna diferencia.