Sangre Prohibida. El Pacto de la Noche (El Destino de la sangre 3) 24. ¡ESO ES TRAICIÓN! #3
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24. ¡ESO ES TRAICIÓN! #3

―¡Ni que fuera asunto tuyo! Además, siempre hemos sido muy cuidadosos; lo hacíamos a escondidas.

Ambos somos generales por una buena razón, ¡inútil!

Íbamos a vernos en la próxima luna… ―Simuló un gruñido de fastidio por estar allí dentro―.

Te aseguro que estoy deseando volver a follármelo encima de una pila de cadáveres desangrados ―agregó, mordiéndose el labio inferior en un gesto lascivo, como si recordara los buenos momentos disfrutados con él.

Aquellas palabras hicieron que Taiat se acercara un poco más al campo de fuerza. Había compartido muchas orgías con su amo y esa descripción tan exacta no le dejaba dudas de que quizás ella no mentía.

―¿Por qué estás aquí? ―acabó preguntándole.

―Los errantes nos emboscaron cerca del campamento. Mataron a toda mi patrulla. Yo solo sigo existiendo porque buscan desesperadamente cierta información. No sé cuántos días llevan torturándome… Y no dejan de preguntarme lo mismo una y otra vez.

Él palideció un poco más de lo que su naturaleza ya le daba.

―¿Y qué quieren saber?

Nîga sonrió para sí, no esperaba que él se abriera tan pronto.

―Están como locos tratando de averiguar dónde está el Elegido ―dijo apenas en un susurro para que solo él lo oyera.

El vampiro tragó saliva, pero no dijo nada.

Volvió a observarla con cierta cautela, desconfiando de nuevo.

Regresó al centro de la celda y también se sentó en el suelo.

El silencio entre ellos se hizo espeso. Nîga trató de no perder el control.

Disimuló lo mejor que pudo la necesidad de sonsacarle cuanto sabía y se ciñó a doblar las piernas.

Se las abrazó y acabó apoyando la cabeza.

Aquel gesto de indolencia le resultó curioso al preso.

De hecho, fue tranquilizador ver que ella no se rompía.

Su actitud era la de no importarle permanecer en aquella cárcel, de la que era imposible escapar.

Cargado de dudas, decidió averiguar qué sabía.

―¿Acaso Helmet os ha revelado algo?

Ella permaneció un momento en la misma posición antes de levantar la cabeza con extrema lentitud.

―¿Helmet? ―Escupió en el suelo al pronunciar su nombre―. Ese necio no es capaz ni de ponerse las botas, ¿qué va a saber él? Yo soy fiel al primogénito de Mørket, nuestro amo por siempre, Abbadon.

―¡Si tú eres una Drăgoi!

―Yo… ―Suspiró antes de proseguir―. Taiat, sé que nunca hemos hablado y que no confías en mí como yo no confío en ti.

La verdad es que me importa una mierda si me crees o no.

Solo te pido un favor y es que, si muero aquí y tú logras escapar, quiero que le digas a Rău que siempre lo he amado.

―Cambió la expresión a una mucho más solemne―.

Nunca se lo he confesado porque sé que él es un ser libre.

Tampoco deseaba importunarlo con sentimientos ni ataduras, pero lo amo ―repitió con la voz compungida―, y creo que él merece saberlo.

El «No Muerto» la miró con recelo, sopesando si aceptar que lo que decía era cierto. Ella se pasó el dorso de la mano por los ojos. Él sabía que no estaba llorando. Era absurdo. Pero ese gesto, que le pareció demasiado humano, le recordó inevitablemente al que tendría una hembra enamorada.

Sonrió para sí al ser testigo una vez más de que los Drăgoi eran mucho más débiles que los Ursu. Por el momento, decidió que no lo estaba engañando.

―¿Y cómo habéis podido mantenerlo oculto tanto tiempo? ―dijo al darse cuenta de los años transcurridos.

―Eso no es asunto tuyo, capitán; pero es obvio: ¡Erke es el más inteligente de todos! Él hace y deshace. Jamás le preguntaría por qué ha tomado una elección u otra. Confío en su criterio y venero sus métodos.

Sin esperarlo, Yngvar reapareció y comenzó a golpearla sin medida mientras le exigía que confesara cuanto sabía sobre el Elegido.

Cuando Taiat vio cómo estampaba su cabeza contra la pared invisible, se dio cuenta de que el siguiente sería él.

Al dejarlos solos, el vampiro quiso saber cómo se encontraba ella, que aún permanecía hecha un ovillo en el suelo tras haber recibido una buena paliza.

―¿Por qué no le has devuelto ni un solo golpe? ―soltó sin entender su actitud pasiva.

―Tienen a alguien que me ciega cada vez que se me acerca. No puedo responder porque no lo veo.

―¿Quién tiene ese poder?

―No lo sé. Puede que sea el maldito Elegido del que no paran de preguntarme.

Temiendo que su destino fuera el mismo, se acercó de nuevo al borde de la celda y le hizo un gesto para que se aproximara.

―¿Qué sabes del Elegido, Drăgoi?

―Solo sé que Helmet nos ordenó encontrar al pobre desgraciado, pero desconozco quién es.

―Es alguien mucho más importante de lo que crees. ―Volvió a mover la mano para que se acercara todo lo posible―. Xerab se lo dijo a Abbadon y Rău estaba presente. Parece ser un descendiente de Cristo. Mørket quiere su sangre porque cree que lo hará invencible.

―¿Por qué me lo cuentas?

―Si se lo dices tú, me libraré de sus torturas.

―¿Es que crees que no van a hacerlo cuando acaben conmigo?

―Eso dependerá de si quedan satisfechos con lo que les cuentes ―agregó con media sonrisa―. Tú diles que sabemos que el Elegido nacerá en estas tierras ―susurró―, pero que no tenemos la fecha exacta.

Ella entornó los ojos mientras lo miraba con la boca entreabierta, simulando sorpresa.

―¿Pero lo habéis encontrado?