Sangre Prohibida. El Pacto de la Noche (El Destino de la sangre 3) 23. SABES QUE ME LO DEBES #3
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23. SABES QUE ME LO DEBES #3

La vampira dejó escapar un suspiro de sorpresa al ver cómo se acercaba a él y lo besaba en los labios delante de todos.

Ahora ambos eran pareja, algo que la desestabilizó solo un instante.

La oleada de sentimientos que provocó en ella saber que estaban juntos hizo que la skyggene la mirara de forma distinta.

En su interior, Bêw mostraba estar muy complacida por atisbar el amor en ellos.

El amor tan distinto a los humanos y al de los mismos vampiros.

Como si ambos pudieran ver con sus ojos lo que estaba pensando la «No Muerta», Ønske sonrió.

―Aceptas… nuestra unión ―dijo la joven de tez azulada―. No lo comprendo. ¿Sientes felicidad por nosotros?

―Así es ―confirmó, devolviéndole la sonrisa.

―¿Por qué? Creía que no lo tolerarías, que vendrías a reclamar tu derecho sobre él ―agregó la skyggene, contrariada.

―Él nunca fue mío como yo no fui suya porque jamás nos amamos de esa manera, aunque diga lo contrario.

Dorek cerró los ojos un momento al oír de sus labios la dolorosa verdad.

En realidad, él sí la había amado tanto como su extraña naturaleza, «mitad humana, mitad demonio», se lo permitió cuando estuvieron juntos.

Ahora, su historia había quedado muy atrás, en el pasado.

Tras clavar sus fulgurantes ojos, que ahora parecían de color turquesa, asintió satisfecho al habérselo oído decir en voz alta.

Ønske miró a su compañero y después a Bêwestan. Sorprendida por lo que percibió en él, fue incapaz de callar.

―Hay alguien en tu muerto corazón, vampira ―afirmó ella, mostrando asombro―. Puedo sentirlo.

―Qiloçker ―confirmó Bêw.

Dorek se revolvió en su asiento.

―¿Y dónde está tu… «amado»? ―dijo el líder entre dientes.

Había sentido la punzada de los celos un instante. Después, solo tenía curiosidad porque no estuviera a su lado para defenderla.

―En una importante misión. Se ha marchado con la responsabilidad de formar otra alianza.

―¿Otra alianza? ―preguntó intrigado―. ¿Con quién?

―No puedo decírtelo ―respondió la Drăgoi.

―Y yo no me uniré a vosotros si no me lo dices ―la amenazó.

Bêwestan no se movió y trató de no pensar en nada para que no descubrieran que acababa de propiciar la oportunidad de cerrar el trato.

―Si lo hago, Helmet podría despellejarme.

―Lo creo. Es un riesgo que tendrás que asumir ―agregó con media sonrisa, que contrastó de forma perturbadora con sus oscuras facciones.

Expectante por saber si cedería a su exigencia, adelantó el cuerpo en el trono mientras la miraba con satisfacción por haberla puesto en aquella situación tan difícil.

―Con el rey Gunnar, de la casa Mosul ―dijo al fin.

Dorek rio abiertamente y se golpeó en la pierna, pensando que aquella batalla podría ser de lo más interesante.

―¿Alguien más? ―bromeó el skyggene.

―Ya contamos con los ejércitos del rey Athelstan y del duque Guillermo I de Normandía.

―¿Es que habéis sometido a todos los humanos?

―No, Helmet ha cerrado un acuerdo con ellos.

―No puedo creerte.

―Mira dentro de mí, sabes que no te estoy mintiendo.

Él no dudó un instante en observar su aura. Miró a Ønske, quien asintió para confirmar que lo que decía era cierto.

―Dorek, de verdad que os necesitamos ―añadió Bêw, suavizando el gesto y el tono―. Jamás te hubiera buscado si no fuera así.

―Te creo, pero Abbadon se aliará con Xerab y los tvillinger.

―Es lo mínimo que esperamos de él ―sonrió con pesar.

―Está bien. Nos uniremos a vosotros en esta batalla, aunque solo si Gunnar acepta. En ese caso, tu amo me deberá un gran favor.

―Te recuerdo que Helmet no es mi amo, es mi señor. Y, sí. Te dará lo que le pidas, puedes estar seguro.

―No lo creo, pero merecerá la pena por ver a Abbadon hundido en el barro por una vez.

―Entonces, te aseguro que podrás resarcirte. Si contamos contigo y con Gunnar, ni siquiera él podrá detenernos.

―No lo veo tan claro, y parece que has olvidado al pueblo errante. Si declaramos la guerra a los Ursu, ¿no crees que aprovecharán la ocasión para tratar de acabar con todos?

―Eso no puedo garantizártelo, aunque sí que, después de hablar con Helmet, es posible que cambies de opinión.

Bêwestan no podía contarle la experiencia que había tenido con la muchacha inglesa, pero su líder no tenía ninguna duda de que ganarían. Y eso era razón más que suficiente como para confiar en que, al menos, tenían una oportunidad.

―Pese a todo ―prosiguió―, no quiero engañarte. No tenemos seguridad de que el Mosul acepte… ―añadió, dejando en el aire la preocupación que sentía.

Dorek acabó sonriendo. Conocía demasiado bien a Gunnar para confiar en que quisiera implicarse. Sin apartar la vista de Ønske, soltó:

―¿Quién quiere vivir para siempre?

―Todos, amor ―bromeó ella.

―Cierto ―el líder se volvió hacia Bêw―, pero antes hagamos que algunos de los tuyos vuelvan al infierno a donde pertenecen junto a su amado Ketî .

―Te aseguro que los recibirá con los brazos abiertos ―añadió la vampira dibujando media sonrisa.

―Tal vez terminemos muriendo todos, pero prefiero luchar siendo libre que vivir un amanecer más bajo el yugo de Mørket.

―Así sea, Dorek ―dijo Bêw, ofreciéndole la mano.

Él se levantó del trono y avanzó hasta la vampira para estrechársela. Una nueva alianza acababa de sellarse y, con ella, el destino de ambas razas quedaba entrelazado.

Aunque ninguno sabía cuánto, alguien muy lejos de allí cerró los ojos y rezó agradecida. Ella, sin duda, ya lo había visto. Y pronto todos también lo harían.