Sangre Prohibida. El Pacto de la Noche (El Destino de la sangre 3) 21. NO PUEDES ESTAR HABLANDO EN SERIO #3
66%

21. NO PUEDES ESTAR HABLANDO EN SERIO #3

Las tres se dirigieron a la tienda principal.

Thyra le había prometido a Oskar que primero lo consultaría con su padre, y eso era justo lo que pensaba hacer.

Caminando hacia allí, se sintió distinta; arropada.

Lo que Alana le había asegurado a Nîga debía de ser cierto.

No. Era cierto. Ellas, de alguna forma, eran parte de Su plan.

Puede que esa unión hubiera sido orquestada desde el principio de los tiempos, ¡qué más daba!

Por supuesto, Asvoria siempre sería su hermana de sangre, pero Alana y Nîga habían sido un ayuda inestimable en los peores momentos hasta la fecha.

Incluso ahora se había apoyado en ellas para enfrentarse a Nessa.

Tal vez el Destino estuviera jugando una vez más con todas, y estaban a punto de averiguarlo.

Al llegar, los guardias saludaron a la princesa y a la Elegida. En cuanto a la Drăgoi, sonrió al ver cómo su expresión cambiaba. Para su sorpresa, uno de ellos sí cabeceó con decisión. Ella le devolvió el gesto sintiéndose extrañamente agradecida.

Eirik, acompañado de su familia y los generales, las saludó. No tenían programada la reunión hasta bien entrada la mañana, así que se sorprendió de verlas allí.

―Bienvenidas ―las saludó el rey―. Creía que nos veríamos más tarde ―agregó, mirando a la Elegida.

―Padre, estoy aquí para que nos permitas hablar con mi tía. Las tres… solas.

―Thyra, sabes que eso es muy peligroso ―dijo reticente.

Eirik apoyó las manos sobre la mesa de madera maciza. Sus nudillos se volvieron blancos por la presión que les imprimió.

―Así es. Si quieres acompañarnos o que todo nuestro ejército nos proteja, me parecerá bien. Pero te pido que solo nos vea a nosotras.

―¿Por qué? ―intervino Brina, acercándose a su hija.

Vang, Thorkell y Asvoria la miraron sin comprender del todo el motivo. Vidar y Gudrun, después de lo que ya habían presenciado, lo comprendieron al instante.

―No busco tener una charla amable con Nessa ―soltó Thyra sin filtro―, sino que reconozca quién es ella ―añadió, mirando a Alana― y lo que implicamos las tres.

Eirik, temiendo que pudiera hacerles daño de alguna manera, se cruzó de brazos y miró fijamente a la Elegida.

―¿Qué pensáis vos?

―Ha llegado el momento de liberarla, Eirik.

―No puedo permitirlo.

―Eso no está en vuestra mano, sino en la Suya. Iremos las tres porque es nuestro deber salvar su alma, y está destinada a hacer grandes cosas que aún no se me han mostrado, pero que sé que llegarán.

Ella se adelantó un par de pasos y su aura de poder infinito llenó la tienda y los corazones de todos los presentes.

―Soy la única que puede poner fin a esto ―agregó―, aunque ella no cederá hasta ver la Verdad en nosotras.

El rey sostuvo su mirada y, tras un tenso instante, asintió con un suspiro.

―Haced lo que debáis, pero estaré cerca. Temo lo que se le pueda ocurrir a esa desquiciada o lo que sea capaz de crear con sus dones.

―La creadora de realidades será nuestra mayor baza, Eirik ―dijo Alana, convencida por completo―. Considerad acompañadnos. Incluso vuestros generales e hijos pueden venir.

―¿Es una orden? ―preguntó, sintiéndose algo molesto por perder cierta autoridad.

―Aún no ha llegado el momento de que acatéis Sus órdenes sin vacilar. Esto solo es una invitación y un agradecimiento por permitir que podamos solucionar este problema.

―Os pido disculpas, Elegida. Llevo demasiado tiempo siendo el líder de mi pueblo. Mi deber es protegerlos a toda costa.

―Lo sé, pero ahora habéis de dejar esa responsabilidad en Sus manos a través de mí.

El rey sintió cómo Brina le apretó con suavidad el antebrazo. Cerró los ojos y asintió con solemnidad.

―Tenéis mi permiso para tratar de devolverle la sensatez, pero todos estaremos presentes. Mis hijos, mis generales, la reina y yo. ¿Os parece bien? ―preguntó a la joven inglesa.

―Por supuesto.

Él miró a su hija. Con voz firme, le pidió:

―Hija mía, recuerda nuestro lema: «Hielo por corazón y mente serena». No pierdas la templanza o ella habrá ganado.

―Ten por seguro que no lo haré, padre.

Thyra los miró y al momento se dio cuenta de que se había equivocado. Su amado esposo debía estar presente o jamás se perdonaría el haberlo apartado de aquel momento tan importante para sus vidas.

―Si todos venís, me gustaría avisar a Oskar.

―Claro, hija. Él, más que nadie, debe estar presente ―intervino Brina, acercándose a ella.

―Mandaré a buscarlo ―agregó el rey―. Ahora, vayamos a ver a Nessa. Alana, os ruego que no os fieis de ella. Sus dones la han corrompido tanto que hace mucho que perdió el juicio.

―Estaré muy atenta. No os preocupéis.

Eirik asintió y ella sonrió levemente antes de darse la vuelta seguida de todos.

Repitió en su mente el lema y se dijo que aquella situación requería justo lo contrario de lo que había dicho el líder errante.

Ahora necesitarían más corazón que nunca y dejar que la mente fluyera sin restricciones.

Traer de vuelta a Nessa de las tinieblas no sería una tarea sencilla; pero su regreso al lado de los suyos era clave para ganar la guerra, aunque eso no lo confesaría hasta que lograran hacerla volver al camino de la Luz.

Sabía que ÉL, una vez más, le mostraría cómo conseguirlo porque, sin aquella errante, el futuro iba a convertirse en el caos que deseaba Mørket. Y eso no iba a permitirlo jamás.