Sangre Prohibida. El Pacto de la Noche (El Destino de la sangre 3) 20. NO EXISTE MAYOR… HONOR #3
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20. NO EXISTE MAYOR… HONOR #3

En cuanto se acercaron al fuego donde estaban preparando un enorme venado, un guerrero les repartió platos con trozos de carne y verduras, y, a los vampiros, unas vasijas con sangre.

Se separaron hacia otra de las hogueras para calentarse y poder sincerarse, aunque a algunos les iba a costar más que a otros.

Thyra se encargó de relatar lo que Alana había hecho. Los dos errantes no salían de su asombro, mucho menos, los dos vampiros que estaban a su lado, que corroboraron cada palabra.

―Entonces, ¿sois libres de ir a donde os plazca? ―preguntó Oskar con segundas intenciones.

―Así es ―respondió Erke, que había captado a la primera lo que le estaba insinuando―, pero mi lealtad le pertenece a Alana.

―Vuestra lealtad cambia con la misma rapidez que el viento en estas inhóspitas tierras ―se mofó, formando una sonrisa.

―¡Oskar! ―Su esposa lo criticó con la mirada.

―De acuerdo ―levantó una mano―, no ha sido muy amable por mi parte.

―No esperaba menos de un errante ―replicó Erke para fastidiarlo.

―Basta… ―intervino la Elegida con voz suave―. Entiendo que no confiéis los unos en los otros. Habéis sido enemigos más tiempo del que podéis recordar, pero ahora ÉL os necesita. «Yo» os necesito. Dejad las rencillas pasadas y entended que, si no estamos unidos, nos masacrarán.

Todos la miraron con el semblante serio, comprendiendo que sus palabras encerraban una verdad incómoda.

―Aunque os resulte muy complicado ―prosiguió―, debéis empezar a abriros a los demás.

Vais a poner vuestras vidas en mis manos, pero también en las del que estará a vuestro lado en una lucha encarnizada que no podrá compararse con ninguna de las batallas en la que os hayáis visto obligados a participar.

Por primera vez, errantes y vampiros caminarán juntos.

¿Es que no os dais cuenta? Yo os veo a todos.

Dentro de vuestro pecho tenéis corazones enormes que buscan estar en paz.

Todos anheláis algo en secreto que conozco.

―Cerró los ojos un instante―. Vida, libertad, hijos…

, amor. Os he dado lo que podía, no desperdiciéis lo que tenemos en este momento encerrándoos en los recuerdos de lo que os habéis visto forzado a hacer y que no estaba en vuestras manos controlar.

Yngvar la miró y fue incapaz de no cogerla de la mano. Thyra apoyó la cabeza en el hombro de Oskar mientras que Erke y Nîga se miraron sin saber cómo expresar delante de ellos lo que sentían el uno por el otro.

―¿Me pides que confíe en él? ―preguntó el general Ursu, mirando hacia Oskar.

―Mucho más ―entrelazó los dedos con Yngvar y le ofreció la mano a Nîga, que la aceptó sin pensárselo―.

Os pido que seáis capaces de entregar vuestras vidas por cualquiera de nosotros, no importa si es vampiro o errante.

Si llegáis hasta ese punto, si encontráis la manera de olvidar quiénes fuisteis para convertiros en un único pueblo con un único objetivo… Entonces, podremos luchar.

―Alana ―dijo Thyra―, yo daría mi vida por Nîga.

―¿Y por Erke?

La princesa lo miró y dejó la boca entreabierta, pensando qué decir.

―Aún no ―reconoció, bajando la mirada.

―No os lo reprocho ―agregó el vampiro con una sonrisa ladeada.

―Os prometo que llegará un día en que lo haréis sin dudarlo. ―Alana suspiró―. Por el momento, solo pensadlo.

Miró a Yngvar, que aún no había dado su opinión. Él entrelazó un poco más los dedos con ella antes de hablar.

―No hay nada que pensar ―dijo al fin, mostrando firmeza y una media sonrisa que llamó su atención―.

Aunque todos rechacemos la idea, démonos cuenta de que estamos sentados, unos frente a otros, comiendo y bebiendo.

Lo que hacemos era impensable hace unas pocas lunas.

Si eso no significa que hemos cambiado, no sé lo que es.

―Pero, Yngvar, ¿de verdad crees que puedes confiar en Erke? ―preguntó Oskar, aún reacio a la idea de que hubiera un hermanamiento entre las dos razas.

El joven Knutsen lo miró a los ojos y volvió a sonreír.

―Confío en él tanto como en el Creador. Si Dios ha unido nuestros caminos, ¿quién soy yo para dudar de sus decisiones?

Alargó el otro brazo y le ofreció la mano al vampiro. Erke le sujetó con fuerza del antebrazo y sintió un escalofrío.

―No puedo creer que vaya a decir esto en voz alta… Estoy de acuerdo contigo, errante. Si ÉL me ha liberado, quién soy yo para no aceptar Su mano.

Alana unió los labios y retuvo las lágrimas al sentir que sus almas se habían acercado de veras, no solo de palabra.

Oskar miró a Thyra, quien elevó los hombros en señal de que ella ya confiaba en ellos.

Aunque dudó unos instantes, se adelantó hacia el vampiro y también le ofreció su brazo.

Erke se unió a él con la sensación de que aquella noche habían sellado un pacto que iba más allá de aquel simple gesto.

Y jamás se había sentido mejor que en ese momento.

Mientras volvían a degustar la comida en sus platos y la sangre en sus vasijas, un aire renovado se coló en sus mentes y corazones. El primer paso había sido completado, ahora solo faltaba que Helmet acabase con aquella escaramuza y se preparara para la auténtica guerra.