Sangre Prohibida. El Pacto de la Noche (El Destino de la sangre 3) 19. TE FALTA FE #3
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19. TE FALTA FE #3

Alana las saludó de lejos y ellas fueron a su encuentro.

―¿Ya se han instalado? ―preguntó Thyra.

―Sí, les agradezco mucho a los amables y serviciales Drøm la preciosa y acogedora tienda que les han preparado. Incluso tiene una pequeña habitación separada para Wade.

―¿Y para ti?

―Yo prefiero quedarme con Nîga. Así les dejo un poco más de intimidad. Lo importante es que ya están a salvo.

De pronto, por delante de las tres, pasaron los vampiros Ursu.

Los cuatro asintieron con sobriedad y se marcharon hacia la tienda principal, donde ya los esperaba Eirik con sus generales.

En el último momento, Erke giró la cabeza.

Miró a Nîga de tal forma que las dos no tuvieron más remedio que morderse la lengua hasta que el joven desapareció detrás de los suyos.

En cuanto las tres estuvieron a solas, Alana y Thyra comenzaron a acribillarla a preguntas.

―¿Disculpa…? ¿Y esa miradita del general a qué ha venido? ―soltó la princesa sin respirar.

―¡Eso! ―se unió la Elegida.

―No sé de qué estáis hablando ―respondió muy seria, dejándolas con la palabra en la boca y adelantándose unos pasos.

Nada más quedar fuera de su alcance, Nîga no tuvo en cuenta la rapidez sin precedentes a la que la Elegida podía moverse y cometió el error de sonreír. Alana apareció tres pasos por delante de ella y la miró burlona.

La Drăgoi no se asustó, aunque se dio un coscorrón mental por no prever que a su joven amiga se le iba a ocurrir hacer eso.

―¿Nîga…? ―La detuvo mostrándole la palma de la mano―. ¿No has olvidado decirnos algo?

―No vais a parar hasta que os lo cuente, ¿verdad? ―se quejó, cruzando los brazos.

―¡Cómo nos conoces! ―añadió Thyra, obligándola a descruzarlos para cogerla de uno.

―¿Y no os parece que ahora no es el mejor momento para hablar de esto? Además ―señaló a la princesa con un dedo―, tú aún no le has contado nada de tu sjevemener… slevekener…

― Sjelevenner ―puntualizó Thyra con musicalidad.

―¡Lo que sea! ―exclamó, exasperada.

―Eso para luego ―la cortó la princesa, divertida―. Ahora nos interesa mucho más la mirada de «más tarde voy a desnudarte y hacerte mía» que te ha dedicado Erke.

―Vaya, sí que te has aprendido bien su nombre.

―¡Todavía no te has dado cuenta de que no se me escapa una!

Alana y Thyra se echaron a reír. La «No Muerta», en cambio, se ciñó a torcer la boca, mostrando su disgusto por aquel interrogatorio.

―¡Está bien! ―masculló―. Hace mucho, tuvimos algo.

―Ahhh ―dijo Thyra, apretándole el brazo.

―¿Y…? ―insistió la inglesa, que, durante ese corto tiempo, volvió a ser solo una muchacha más de dieciséis años.

―¡Sois dos verdaderos fastidios! ―Resopló―. Vale, sí, estamos tratando de recuperar nuestra relación. ¿Contentas?

Thyra saltó varias veces, transmitiendo con su risa la alegría y el entusiasmo que sentía al haberse enterado de que Nîga por fin tenía a alguien en su vida. Alana, visiblemente emocionada, no pudo evitarlo y le dio un fuerte abrazo.

―No me puedo creer que estemos hablando de esto con la reunión tan importante que tenemos ―dijo la vampira, enfurruñada.

―Ya lo sabemos ―soltó Thyra―, pero es que no podíamos quedarnos con la intriga de averiguar si había algo entre vosotros. Aunque ha sido muy evidente por su parte, también hay que decirlo.

―Voy a matarlo… ―dijo sin separar casi los labios.

―Venga, Nîga, no te enfades con nosotras ―agregó Alana―. ¡Si ya somos las tres casi como hermanas!

―¡Yo antes le he dicho lo mismo! ―intervino Thyra aún más emocionada.

―Pues muy bien, casi hermana ―empleó la vampira un tono de burla―, ya que estamos…, ¿por qué no nos cuentas qué ha pasado entre Yngvar y tú?

El rostro de Alana se iluminó con una sonrisa desbordante. Con todo lo ocurrido en los últimos días, no había tenido ocasión de decirle nada a Thyra, y la vampira solo sabía que su acercamiento había comenzado la noche anterior a volver a Felsted.

―Nos besamos ―soltó de sopetón.

―¿¡Qué!? ―preguntaron las dos a la vez.

―Shhh… Nadie más lo sabe. ―Hizo un gesto con la mano para que bajaran la voz.

―¿Y qué ha pasado con Alistair? ―quiso saber Thyra.

―¿No le has dicho nada de lo que ocurrió en el castillo? ―preguntó Alana a la Drăgoi.

―Eso es algo que te correspondía a ti ―se defendió Nîga.

―Entonces, hay mucho de lo que hablar. Pero lo haremos más tarde, tu padre nos espera ―agregó mirando a la princesa.

―Aguarda, ¿y no puedes adelantarme nada? ―preguntó Thyra, a la que la curiosidad le pudo.

―Está bien. El príncipe va a desposarse con su prometida normanda e Yngvar es mi «pareja designada» ―aclaró la Elegida.

Las dos se quedaron en silencio porque aquello no podía ser posible.

―Después os lo contaré ―se puso mucho más seria―, ahora he de hacer de lo impensable una realidad.

Sin añadir nada más, se dio la vuelta. Con un gesto de la mano, las animó a seguirla. Una vez más, le había sido revelada la manera de desequilibrar la balanza hacia el lado del Bien.

Aquella tarde iba a reescribirse la historia entre vampiros y errantes, y ambos quedarían marcados para siempre por ser testigos de un verdadero acto de fe.