Sangre Prohibida. El Pacto de la Noche (El Destino de la sangre 3) 17. TU LOCURA TE DESTRUIRÁ #3
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17. TU LOCURA TE DESTRUIRÁ #3

Ella volvió a inclinar la cabeza, aunque esta vez una chispa de insatisfacción se vio reflejada en su rostro.

―Entonces, ya veremos quién cede primero, mi rey.

El silencio que siguió fue denso. Thyra se apartó lentamente del campo de fuerza con la mirada aún clavada en Nessa.

―No nos doblegarás ni conseguirás lo que quieres. Pronto no tendrás elección. Si no cesas en tus desvaríos, estoy segura de que ÉL te obligará a cumplir con tu deber. Naciste errante, y no hace falta que te recuerde que Le debes tu vida y tu alma.

―¡No te atrevas a blasfemar! Mi «deber» con Dios y sus designios supera tu entendimiento, muchacha ―agregó con desprecio―. Aún no ha llegado el día. Lo sé muy bien.

―Eres tan soberbia que no ves lo que tienes delante, ¿verdad? ―la criticó Brina.

―No sé a qué te refieres.

―Exacto, hermana. ¿Quién es ahora la ignorante?

Nessa entrecerró los ojos, como si tratara de observar con más detenimiento lo que parecía que se le estaba escapando.

Sonrió al pensar que no había nada que le llamara la atención más allá de los dones que parecía poseer Thyra, y eso podía ser un ardid del propio Leifur.

Se convenció de que le estaban mintiendo y la miró con la certeza de quien cree tener una última baza con la que ganar.

―No te creo, «hermana» ―respondió con retintín―. A ninguna de las dos. ―Señaló a una y a otra con el dedo―. No importa, soy paciente. Muy paciente. Nos veremos cuando nazca tu hijo, princesa.

Thyra se volvió hacia Oskar, quien negó con la cabeza y le ofreció la mano. Ella se giró sobre sus talones y se aferró a su contacto. Ambos salieron de la zona de las celdas con paso firme.

Brina, indignada y decepcionada por la actitud de su hermana pequeña, le lanzó una última mirada de advertencia antes de marcharse.

Eirik se detuvo un instante para enfrentar la sonrisa indescifrable de la prisionera y le susurró:

―No subestimes el poder de una madre; y, menos aún, el de mi hija. Recapacita y pide perdón. Tienes una última oportunidad antes de que decida dejar que te pudras aquí.

―¿Qué es lo que no he visto, Eirik? ―preguntó, temiendo estar equivocada.

―Tus errores y tu codicia. Nuestro paso por la tierra es efímero… y está llegando a su fin.

―¿La guerra contra Mørket? ―dijo con un tono de ironía―. Vamos, por favor. Para eso debería haber nacido la Elegida. Y si ella estuviera entre nosotros, ¡yo lo sabría! ―añadió con arrogancia.

Él la miró y después se detuvo en Leifur, cuya expresión no dejó entrever ni una mínima pista.

―Tienes razón. Si ella existiera, tú, tan superior al resto, lo sabrías. Pobres de nosotros que sin tu estimable ayuda no seríamos capaces de sobrevivir.

―Deja el sarcasmo, Eirik. No te pega nada.

―Y tú deja la altivez para otro momento en el que no te encuentres presa, cuñada.

―Eso me ha dolido.

―Era mi intención. Ahora, escúchame bien. No voy a permitir que sigas tratando de extender una mentira que solo resquebrajará los nobles corazones de los que creen en ÉL.

―¡Yo creo en ÉL!

―Por eso engañas, manipulas, tratas de imponer tu voluntad y quieres robarle a mi hija su primogénito.

―Todos tenemos defectos. De algún pecado me tengo que arrepentir, ¿no te parece?

―De muchos, Nessa. ―Inspiró profundamente―. Sopesa tu situación antes de que seas juzgada por alguien que puede que no tenga la paciencia de oír tus mentiras.

―Bueno, hasta que llegue quien dices, disfrutaré de las vistas.

―Tu locura te destruirá. Quedas avisada.

Ella frunció el ceño ante aquella solemne sentencia.

Después, Eirik se retiró tras despedirse de Leifur, quien ni echó la vista atrás para no caer en la tentación de querer ajusticiarla por su propia mano.

Brina, su hija y Oskar lo esperaban a la salida.

Su hija tenía los ojos enrojecidos y su madre trataba de consolarla.

En cuanto lo vio salir, Thyra se limpió las lágrimas y fue hacia él.

―Dime que vas a matarla ―soltó sin contenerse.

―Desearía hacerlo, pero no está en mi mano.

―¡Eres el rey!

―Sí, pero el pueblo errante tiene la última palabra. Se le ha concedido una oportunidad más. Y no seré yo quien se la niegue.

―¿Es que de verdad crees que va a arrepentirse? Tratará de embaucaros con bellas palabras, pero luego hará lo que sea para conseguir su propósito.

―Hija mía ―agregó con vehemencia―, no ha reconocido la llama de la Creación en tus ojos. Tal vez Alana pueda hacer que entre en razón antes de que sea demasiado tarde.

Los tres se mantuvieron en silencio al recordar los escritos antiguos. Si ella contaba con Su poder, ¿qué no podría conseguir?

―¿Crees que ella…? ―Thyra dejó la pregunta en el aire.

―Hay mucho más de lo que no vemos.

Erik cayó en la cuenta de algo que hizo que perdiera el aliento un instante.

―He sido un necio y he estado ciego por mi orgullo ―reconoció en voz alta delante de los tres.

―Padre…

―Eirik…

Oskar se mantuvo en silencio porque no le pareció adecuado decir nada ante aquel autorreproche.

―Cuando Alana regrese…

―¿Qué ocurrirá padre?

―Prodigios, hija. Y todos seremos testigos de ellos.