Sangre Prohibida. El Pacto de la Noche (El Destino de la sangre 3) 12. NO ME HAGAS CONTARLO #3
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12. NO ME HAGAS CONTARLO #3

―Helmet, Dorek me odia ―se justificó ella―. Después de lo que ocurrió, sabes que jamás volverá a confiar en mí. En ninguno de nosotros.

Él le sostuvo la mirada con aire reflexivo.

―Sabes que tú eres la única a la que permitirá acercarse.

Resopló fastidiada, apoyando las manos en las caderas. Frunció los labios y chasqueó la lengua. Los ojos de Xwînxwar y Wêranker se encontraron. Con solo ese gesto, ambos supieron lo que opinaba el otro.

―¡Maldita sea! ―refunfuñó Bêw antes de aceptar―. Está bien, ¿en qué has pensado?

Helmet asintió y, por primera vez, se guardó lo que opinaba de la actitud de su general.

Parecía que todos estaban cambiando más de la cuenta.

De hecho, la respuesta que acababa de tener ella se asemejaba más a la joven que fue que a la vampira que había sido hasta entonces.

Pero aquel no era el mejor momento para detenerse a analizar qué estaba sucediendo.

Aunque, no hacía falta engañarse. Él mismo se sentía muy diferente desde que se cruzó con la muchacha inglesa y tocó su piel.

Pronto tendría que ir a buscarla, solo que ahora era primordial centrarse en encontrar a los skyggene, fuese como fuese.

―Esta misma noche partirás a Cornualles.

De ahí, te dirigirás a St. Ives. Se encuentra un poco más lejos que Tintagel, pero hay muchos más barcos.

Busca un Knarr [10] que parta a la costa este de Éire, a Wexford.

Son barcos mercantes, así que paga lo que te pidan sin regatear para que no hagan preguntas.

Esto te llevará al menos ocho o diez días.

En cuanto desembarques, te dirigirás a Whiterock.

Allí buscarás a un druida llamado Eochaid.

Me debe un favor y sabe que no puede negarse.

Él te dará norte de cómo encontrar a Dorek.

Lo tienes todo en este documento ―dijo, entregándole un sobre lacrado con su sello.

―¿Cuánto tiempo has invertido en preparar esto, Helmet? ―preguntó ella, escudriñando lo que acababa de darle.

―Demasiado.

―Me imagino… ―Se mantuvo en silencio―. Está bien, lo haré; pero me llevaré a mi propia patrulla. Confío plenamente en ellos.

―Lo que necesites.

―Voy a avisarles ahora mismo. Dudo mucho de que Abbadon no se haya marchado ya. O puede que le esté arrancando la piel a Rău mientras se prepara para partir ―sonrió.

―Espero que tarde en regenerarla ―agregó Xwîn.

―Mi hermano no va a perder el tiempo en eso. Le golpeará un par de veces y se follará a alguna pobre humana mientras la desangra. No tiene imaginación, nunca la ha tenido. Solo ha contado con mi temor, y eso fue lo que lo hizo invencible ante mis ojos.

―Espero que no te equivoques ―dijo Bêw, inclinando la cabeza.

Seguidamente, se despidió de Xwîn y Wêr, a quien le guiñó un ojo, cómplice. Después, se retiró con un silencioso juramento en los labios.

Tras verla salir, Wêranker sintió un destello de preocupación en su pecho.

No deseaba que le ocurriese nada a su compañera, algo extraño incluso para ella.

Supuso que confesarle la verdad de su origen la había sensibilizado más de lo que esperaba, pero ahora debía volver a ser ella misma.

O lo que pensaba que era desde su conversión.

―¿Tienes algo que decir, Wêr? ―preguntó Helmet al ver la duda reflejada en sus ojos.

―Ella lo logrará, solo que no sé a qué precio.

―¿A qué te refieres?

―Vamos, Helmet. Dorek se sintió traicionado, despechado. Jamás pensó que se enamoraría de una humana, y su decepción fue aún mayor al saber que ella era una vampira.

―De eso hace mucho. Estoy convencido de que ya lo ha olvidado y perdonado.

―¿Perdonado? ¿De qué estás hablando? La retuvo durante dos años tras averiguar que le había mentido y traicionado. La rescatamos a duras penas en el sur de Iberia después de buscarla durante veinte lunas. Y solo porque atrapamos a uno de los suyos y logramos sonsacarle.

―Estás preocupada por ella ―susurró maravillado.

―No, yo…

―Yo también lo estoy, Wêr ―admitió Helmet―. No somos débiles por preocuparnos los unos de los otros. Al contrario, somos débiles cuando no lo hacemos. Si no cuidamos de los nuestros, no habrá ninguna razón por la que luchar.

―Jamás te había oído hablar de ese modo ―reconoció contrariada.

―Jamás había tenido motivos para hacerlo.

―La inglesa te ha cambiado.

―Lo sé. Puede que haya hecho mucho más que eso, pero aún es pronto para estar seguros. Centrémonos en hacer acopio de armas, humanos y fortificar el castillo. Esperemos que Qil llegue pronto a mi hogar, y que Gunnar acepte lo que le he propuesto. Bêw tardará menos de una luna en regresar.

―¿Tanto? ―preguntó Wêr.

―Dorek la retendrá unos días.

―¿Crees que le hará daño? ―intervino Xwîn, que se acercó a ella y rozó el dorso de su mano con la suya sin importarle la expresión de sorpresa que le acababa de dedicar Helmet.

―Tal vez, pero Bêwestan podrá soportarlo ―respondió su señor.

―Eso me temo ―agregó ella.

Los tres se quedaron en silencio recorriendo con la mirada el camino en el mapa. La rueda del Destino había comenzado a girar, solo faltaba por descubrir si lo haría a su favor.

Y Helmet estaba convencido de que así sería.