Sangre Prohibida. El Pacto de la Noche (El Destino de la sangre 3) 1. NO ES POSIBLE #3
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1. NO ES POSIBLE #3

―¿Confirmó? ―Bêwestan dio un paso hacia adelante, sus ojos chispearon con una mezcla de ira y algo más―. ¿De verdad intentas que aceptemos que ella es tu descendiente? ¡Es absurdo! No hay pruebas, ¡es su brujería la que habla por ti!

Wêranker levantó una mano, pidiendo calma.

―Bêw, espera. No te precipites. Escuchémoslo una vez más antes de sacar conclusiones. Mi señor, cuéntanos de nuevo lo que recuerdas.

Helmet se pasó una mano por el cabello, intentando ordenar sus pensamientos antes de hablar. Cuando por fin lo hizo, su voz estaba cargada de consternación.

―He visto mi vida pasar, desde que era un niño hasta el día en que Mørket destruyó mi aldea.

Puedo describiros a mi esposa, Hetaw, y a mi hija, Ashti.

Mi pueblo fue arrasado. Mi hogar, mi familia…

Todo se perdió en una noche de sangre y fuego.

Os puedo asegurar que Nîga es descendiente de mi hija, puesto que es su viva imagen.

Ella debió de sobrevivir. Quizás huyó con su madre. Al menos tengo ese consuelo.

El impacto de sus palabras pareció sacudir la habitación. Xwînxwar se llevó una mano a la barbilla, reflexionando. Había algo en la mirada de Helmet que no podía ignorar. Una intensidad que no había visto antes.

―Si eso es verdad… ―comenzó el primer general con un tono más bajo―. Si son tus recuerdos, ¿qué va a significar para nosotros? ¿Qué planeas hacer?

Wêr miró al vampiro del que se había enamorado y al que podía confiar su existencia sin dudarlo.

Bêwestan, incrédula, cruzó los brazos. De este modo, mostró su rechazo a aceptar que aquello no fuera otra cosa sino una invención.

Un engaño orquestado por la bruja que había embaucado al príncipe y la traidora, que ahora tenía delirios de grandeza al presentarse como la descendiente de su amado líder.

―Encontradlas ―agregó Helmet con convicción.

―¿Es que acaso vas a dejar que dos mentirosas confundan tu juicio? ―replicó Bêw, incapaz de entender qué lo había llevado a pensar que lo que le había mostrado la campesina fuese cierto―. Sabes que esto no cambia nada. Seguimos siendo «No Muertos» bajo el mando de Mørket. Esa es nuestra realidad.

Helmet golpeó el reposabrazos con fuerza, haciendo que todos se pusieran tensos. Su voz, oscura y cargada de ira, resonó en la alcoba como un trueno.

―¡Esa no es mi realidad, Bêwestan! Ya no. Todos hemos sido esclavos de sus mentiras durante milenios. Nos ha usado, manipulado y despojado de lo que éramos. Yo hice lo mismo con vosotros y me arrepiento de ello. ¡Ya no somos sus vampiros!

―La sangre nos tiene encadenados a él ―dijo ella en un tono más conciliador―. Podemos quejarnos cuanto desees; en cualquier caso, al final del día, seguiremos siendo sus esclavos.

Wêranker dio un paso adelante. Su expresión era grave pero llena de determinación.

―¿Crees que, de algún modo, podríamos romper sus cadenas? Si es así, juro que estaré a vuestro lado.

―No lo sé, Wêr. No obstante, siento que solo ella tiene la clave para que podamos hacerlo.

Bêw negó con la cabeza. Su descontento era evidente.

―¡Esto es un error! ―gritó frenética ante tanta locura―. Cada vez estoy más convencida de que esa campesina y Nîga te han hechizado con alguna hierba que no conocemos. No permitiré que nos arrastres al resto por un camino de autodestrucción. ¿Qué ocurrirá si nos revelamos? ¿Y Qil? ¿Qué será de él?

Helmet la miró mientras se ponía en pie. Bajó su voz a un tono peligrosamente sereno.

―No te estoy pidiendo permiso, Bêwestan. Te estoy pidiendo lealtad. Si no puedes darme eso, decide ahora dónde está tu lugar.

El silencio que siguió a continuación fue pesado, lleno de tensión.

―Necesito un día para pensarlo, señor.

―Concedido. No hace falta decir que lo que os he contado…

―Jamás te traicionaría, Helmet ―aseguró con el mentón elevado.

―¿Alguno de los dos quiere seguirla? ―agregó él mirando a la pareja. Ellos negaron.

Sin decir una palabra, Bêwestan ladeó la cabeza, dio media vuelta y salió de la habitación.

Wêranker la siguió con la mirada antes de girarse hacia Helmet.

―Volverá ―dijo en voz baja―. Créeme, solo necesita tiempo.

Él asintió despacio, aunque su expresión seguía siendo sombría.

―Tiempo es lo único que no tenemos, Wêr.

Aunque confío en que el Destino sabrá guiarla.

Ahora, debemos centrarnos en la batalla que se avecina contra Abbadon.

Esta será una nimiedad en comparación con la que tendremos que afrontar no solo contra Mørket, sino contra todo lo que representa. Necesitaremos aliados.

―Los tvillinger son demasiado impredecibles, Helmet ―intervino Xwîn―. Creo que se decantarán por Abbadon.

―Lo sé, pero los skyggene siempre nos han apoyado. Va siendo hora de poner fin a un reinado de horror. Antes de que vuelva Qiloçker, hemos de encontrarlos.

Helmet les detalló un plan descabellado que parecía habérsele ocurrido sobre la marcha, aunque no fuera así en absoluto.

Antes de dejar la habitación, ambos generales inclinaron la cabeza en un gesto de respeto y resolución, dejando atrás, sin saberlo, las sombras que habían definido sus vidas hasta ahora.

Algo nuevo estaba gestándose en el horizonte, y aquello iba cambiar el curso de su destino para siempre.