14. ¿DÓNDE ESTÁ MI HIJA? #3
―Señor, me gustaría unirme a Vidar en la búsqueda de la princesa y de mi amigo ―dijo Yngvar, llevándose la mano al costado que había castigado el vampiro sin piedad.
―Lo entiendo, muchacho, pero ahora mismo no vas a poder. Apenas te mantienes en pie, así que supongo que se han ensañado contigo a base de bien.
―Pero no lograron sonsacarme ni una palabra. Lo único que hice fue rezar en la lengua antiguo.
―Muy valiente por tu parte ―reconoció el rey con orgullo.
Eirik miró un instante a Gudrun. Aquel gesto removió algo en las entrañas de su segundo, quien fue más inteligente. Bajó la vista para aceptar el mal hacer de sus guerreros. Ragnasson reconoció su sumisión como un gesto de buena voluntad.
―Señor ―dijo Ren mirando al rey con la mano a la altura del corazón―, os doy mi palabra de que hemos hecho lo imposible para encontrar a la princesa.
No sé cómo han sido capaces de dar con ella ―añadió, volviéndose con gesto serio hacia Yngvar―, pero supongo que la suerte del principiante tiene mucho que ver en esto.
Os ruego que me permitáis acompañarlos para redimir mi incompetencia.
―¡Silencio, Ren! ―lo reprendió Gudrun .
El guerrero formó una fina línea con sus labios y también bajó la mirada ante su llamada de atención.
Al de la casa Strøm la rabia lo carcomía por dentro.
En realidad, se sentía profundamente ofendido porque se habían puesto en duda sus capacidades.
Sus guerreros llevaban dejándose la piel día y noche buscando a la princesa, pero al único que encontraron fue al joven Knutsen.
Parecía que Thyra y su prometido habían desaparecido sin más.
Y es que abarcar todo el territorio que tenían asignado alrededor del campamento no era tarea fácil.
Menos aún para solo tres errantes, por muy expertos que fueran.
―Pero, señor…
―Ren ―lo cortó el rey―, no es culpa tuya.
―Se quedó un instante callado antes de mirar a Gudrun―.
Tampoco tuya, mi fiel guerrero. Cambié mis órdenes en el último momento y Oskar las siguió al pie de la letra.
A vosotros se os asignaron las tres restantes zonas, así que tienes razón: lo suyo ha sido mera suerte.
―¿No aparecía claro en vuestras visiones, mi rey? ―preguntó con un tono de preocupación su segundo, pero lo cierto era que aquellas palabras estaban cargadas de cierto reproche.
―Sí, por supuesto que sí ―se defendió Eirik con rotundidad―, pero el futuro es voluble y mi hija sabe manipularlo tanto como yo.
―Claro, mi rey. ―Gudrun volvió a bajar la mirada mientras analizaba la respuesta de Ragnasson.
―Bien, ahora dejadme un momento a solas con Yngvar. Después iremos a ver al vampiro. Si ha muerto, un problema menos del que preocuparse.
Tras abandonar la tienda los dos guerreros Strøm, la reina Brina apareció con la angustia instalada en el rostro. Nada más despertar, su sirvienta de confianza le había revelado que algunos de los suyos habían vuelto, pero no había rastro ni de la princesa ni de su prometido.
El de la casa Knutsen se inclinó ante ella.
―Brina, este no es un buen momento ―dijo Eirik negando con la cabeza―. Necesito hablar a solas con él.
―Y yo voy a escuchar cuanto tengas que decirle. Mi hija no ha regresado, así que o estamos rodeados de incompetentes o de traidores. Dime, mi rey, ¿sigues creyendo que voy a irme sin escuchar lo que tenga que decir ?
El rey asintió ante su petición e Yngvar repitió cuanto sabía. Ella dibujó la misma expresión de preocupación que tenía su pareja designada, así que el futuro que les esperaba era completamente incierto.
―Mi reina ―comenzó el joven―, si Oskar no ha llegado aún con vuestra hija…
―¿Quién crees que puede haberlos capturado? ¿Los del ejército de Helmet o…? ―dejó el final de la pregunta en el aire.
―No lo sé. Pueden ser cualquiera de los dos.
―Querida, debes tranquilizarte.
―¿Tranquilizarme? Mi hija está en manos de Dios sabe quién, ¿¡y quieres que me tranquilice!
? ―dijo a media voz, pero su voz sonó igual de amenazante―.
Buscadlos. ¡Enseguida! ―Se llevó la mano a la frente un instante―.
Y tú ―se dirigió a Yngvar―, si quieres ir con Vidar, ve a que te curen antes de que te desplomes aquí mismo.
El rey asintió de nuevo antes de poner los ojos en blanco. Brina era una de las guerreras más fuertes de cuantas errantes habían existido, así que llevarle la contraria cuando estaba enfadada era lo peor que se le podía ocurrir.
―Sí, mi reina. ―Yngvar se inclinó lo justo para no gritar y salió de la tienda para dirigirse directamente hacia la casa Sjaman. Necesitaba que lo curaran lo antes posible.
Eirik miró a Brina y acabó por confesar aquello que más temía.
―No sé dónde está Thyra porque mis visiones han dejado de ser precisas.
Ella entreabrió los labios mientras el vello de todo el cuerpo se le erizaba. Aquello era la señal del principio del fin, solo que el fin acababa de ser cubierto con una espesa capa de incertidumbre.
Y no existía peor destino que la oscuridad para un errante cuyo don era ver el futuro de todos.